Jadue y el Partido Comunista sufrieron una dura derrota la semana pasada. Perdieron por más de 300 mil votos contra el Frente Amplio en las primarias presidenciales. Ellos tenían la expectativa de dirigir el país. Creyeron que por primera vez Chile podría elegir un presidente “comunista”. No sólo los militantes del Partido Comunista creyeron en eso. Muchos obreros, obreras, pobladores y jóvenes fueron a votar por Jadue pensando que sería la mejor forma de seguir la lucha que empezó el 18 de octubre, la lucha para acabar de una vez con el legado de la dictadura y conquistar un país más justo.

Por David Espinosa

Con la victoria de Boric, muchos de los que votaron por Jadue se sintieron frustrados, derrotados. “Nuevamente un amarillo ganó”, pensaron. Entendemos esa frustración, aunque no la compartimos.

El Partido Comunista intentó mostrar en su campaña que con la elección de Jadue todo podría cambiar. Después del estallido social, con los millones que salieron a la calle y apoyado en las demandas populares, ¡Jadue podría cambiarlo todo! ¡Era la gran oportunidad!

Sentimos decirlo, pero los que creyeron en eso fueron engañados nuevamente.

La gran oportunidad que tuvo el Partido Comunista de cambiar el país no fueron las primarias contra Boric. La gran oportunidad que tuvo el Partido Comunista de cambiar el país se dio entre los días 12 y 15 de noviembre de 2019.

El 12 de noviembre de 2019 la CUT, dirigida por el Partido Comunista, convocó a una huelga general. Aunque no tenían la pretensión de hacer algo muy superior a lo que venían haciendo en las últimas décadas, fueron sorprendidos. La clase trabajadora atendió al llamado. Mineros, portuarios, obreros de la construcción, de los transportes, trabajadores y trabajadoras del retail, funcionarios públicos, todos paralizaron sus actividades. Esa enorme fuerza de la clase trabajadora se combinó a una semiinsurrección en varias ciudades, principalmente en Santiago, donde durante más de 10 horas miles de personas estuvieron a cuadras del Palacio Presidencial enfrentándose a la policía y exigiendo la salida de Piñera.

Como respuesta a esa semiinsurrección, el gobierno de Piñera convocó a un gran acuerdo nacional. El Partido Comunista fue invitado a última hora, según dicen ellos, seguramente porque Piñera creyó que eran un aliado poco fiable. Bajo la amenaza de poner nuevamente a los militares en las calles, el gobierno negoció con las principales fuerzas políticas el “Acuerdo por la Paz”. Ese Acuerdo dio origen al actual Proceso Constituyente, que pone enormes trabas para que la Constituyente atienda las demandas populares.

Después de la firma del Acuerdo, el Partido Comunista salió a vociferar. Guillermo Teillier, presidente del PC, dijo que el partido había sido invitado a negociar cuando ya estaba todo acordado y que el acuerdo había sido negociado sin la consulta al pueblo. ¡Muy bien! ¡Una tremenda crítica! A continuación, dijo que el PC participaría del Plebiscito e intentaría “cambiar la letra chica” de ese acuerdo: el quórum y los mecanismos de participación.

A partir del 15 de noviembre, el Partido Comunista retiró de sus consignas el “Fuera Piñera”, no convocó a nuevas movilizaciones ni huelgas generales y empezó un “arduo” trabajo parlamentario para cambiar la letra chica del Acuerdo. Además de eso, empezó a prepararse para la disputa del Plebiscito y la futura elección de la constituyente. Su “enorme” crítica al Acuerdo por la Paz, en menos de un año, se transformó en un pacto con el Frente Amplio, los mismos que firmaron el Acuerdo. Ese pacto se tradujo en la formación de “Chile Digno”, el pacto para las elecciones constituyentes y primarias presidenciales.

Después del 12 de noviembre el Partido Comunista perdió una chance histórica de postularse como la dirección del enorme movimiento social que quería derrumbar a Piñera y conquistar una verdadera Asamblea Constituyente. Si el Partido Comunista estuviese al lado de los millones que se manifestaban en las calles no hubiese aceptado el Acuerdo por la Paz y hubiese convocado una nueva huelga general para rechazar ese acuerdo y exigir la renuncia de Piñera, que estaba a punto de caer. No tenemos dudas de que las masas habrían aceptado ese llamado. Pero no. No pasó eso. El Partido Comunista vociferó y siguió dócilmente los términos del Acuerdo, buscando algunas “mejoras” en “la letra chica”. Esa práctica no nos sorprende. Eso es lo que ha hecho el Partido Comunista en las últimas décadas: apoyarse en la movilización popular y en la rabia del pueblo para terminar negociando las migajas que caen de la mesa de los que controlan el país. Por eso aceptaron las becas de Bachelet y se olvidaron de la gratuidad universal y la lucha por la educación pública; por eso fueron parte de la Nueva Mayoría; por eso negociaron por años miserables aumentos de sueldo mínimo con el empresariado a través de la CUT. Esto es el Partido Comunista, que a nadie se le olvide.

El Partido Comunista fracasó. Pero no fracasó porque Jadue perdió las primarias. Fracasó porque perdió una oportunidad histórica de cambiar el país. Fracasó porque limitó su política a los términos impuestos por la gran burguesía y por sus dóciles aliados, los Boric, los Jackson, etc. Ese fracaso, sin embargo, no fue una casualidad o un simple error político. La política de los Partidos Comunistas en el mundo, desde los años 30, ha sido buscar acuerdos con sectores de las burguesías de sus países y mantener las instituciones burguesas. La diferencia es que antes decían que querían llegar al socialismo, hoy ni eso dicen. El Partido Comunista chileno hoy cumple el nefasto rol de canalizar la rabia de los sectores más radicalizados de la clase trabajadora y la juventud hacia instituciones totalmente podridas, que se encargan de transformar las demandas populares en proyectos que nunca salen del papel. Apoyándose en su peso entre la clase trabajadora y la juventud, utilizan esa rabia para negociar una cuota de poder en el Estado burgués, como hicieron con la ex Concertación y ahora hacen con el Frente Amplio.

Pero hay una buena noticia en todo esto. Los que se sintieron frustrados y decepcionados por la derrota de Jadue pueden estar más tranquilos. La derrota de Jadue no fue la pérdida de la “oportunidad histórica para cambiar Chile”. La derrota de Jadue fue solo la continuidad de la derrota del proyecto del Partido Comunista.

Desde el MIT, siempre planteamos que la clase trabajadora y la juventud tienen que organizarse de manera independiente del Partido Comunista, el Frente Amplio y los demás partidos que han gobernado los últimos 30 años. No podemos confiar en ninguno de ellos.

La clase trabajadora y la juventud tienen que encontrar su propio camino. En primer lugar, la clase trabajadora y la juventud popular deben discutir a fondo qué país quieren para el futuro. En segundo lugar, deben organizarse para luchar por esas transformaciones sin depender de esos partidos. En tercer lugar, los sectores más conscientes de la clase obrera y el pueblo deben construir una nueva herramienta política, un nuevo partido político, que lleve a fondo la lucha por las demandas de octubre.

Desde nuestra humilde organización y de nuestra compañera constituyente, María Rivera, creemos que el futuro de Chile depende de que logremos organizar una fuerza social tan potente que pueda romper con la camisa de fuerza que nos impone el gran empresariado chileno y extranjero. Si no logramos recuperar las riquezas de nuestro país para que sea la clase obrera y el pueblo quienes las administren, no habrá solución para los problemas que tenemos. Si no logramos recuperar el cobre, el litio, las AFPs y todas las empresas que fueron regaladas por la dictadura a los grandes empresarios, no lograremos tener educación, vivienda, pensiones y salud dignas. Si no logramos reemplazar todo ese sistema político burgués –Parlamento, Justicia, Fuerzas Armadas, Carabineros, etc.- por un poder de la clase trabajadora, no habrá cambios profundos ni duraderos. Y para hacer todo eso no dependemos ni de Boric ni de Jadue. Y decimos más, los Boric y los Jadue serán nuestros enemigos en ese camino. Nosotros dependemos de nuestra propia fuerza, consciencia y organización. Sabemos que no es un camino simple. Pero nada ha sido simple para los que vivimos de nuestro propio sudor y trabajo.

Debemos empezar a dar pasos sólidos para acabar con el capitalismo en Chile y en el mundo. Por eso, invitamos a todos y a todas a construir ese camino junto con el Movimiento Internacional de Trabajadores.