El 18 de octubre de 2019, se inició en Chile una Revolución en que miles y miles salimos a las calles y dijimos “no son treinta pesos son treinta años”. Vimos como las masivas movilizaciones daban a cada momento importantes formas de organización del pueblo. Comenzaron a aparecer brigadas de salud, grupos que apagaban las lacrimógenas y la Primera Línea que defendía con su vida la movilización. Muchos de los compañeros de esas nuevas organizaciones dieron incluso su vida, como Cristian Valdebenito, Abel Acuña y Mauricio Fredes. Otros perdieron la visión total o parcialmente como Gustavo Gatica o Fabiola Campillai y muchos perdieron su libertad y se encuentran en la cárcel hasta hoy.

Todo ello en las grandes movilizaciones que expresaban cansancio con el sistema y ruptura con todas las instituciones. ¿Cuáles fueron las razones de esa ruptura? Todos y todas lo sabemos: la sobreexplotación, la opresión, los bajos salarios, la represión constante a quien salía a protestar y las constantes promesas mentirosas de los políticos, como Sebastián Piñera, que en la ONU se emocionaba saludando las movilizaciones estudiantiles, mientras acá mandaba a reprimir ferozmente o Bachelet que dijo no saber que su propio hijo y nuera eran personajes centrales en materia de corrupción, o Camila Vallejo diciendo ante miles de estudiantes que “Jamás estaría dispuesta a hacer campaña por Bachelet” o Boric y Jackson diciendo que “seremos parlamentarios para defender la Educación Pública y Gratuita”.

Vimos que el sistema completo comenzó a caerse a pedazos y vimos con más claridad aún que existe un acuerdo, un compromiso entre los grandes empresarios y los políticos tradicionales, que usan el método del todo vale para seguir en el poder, defender los privilegios de los poderosos y de aquellos que legislan para ellos. Pudimos ver al desnudo que cuando lo deciden usan a las urnas, otras veces las Fuerzas Armadas y otras los acuerdos tal como el 15 de noviembre “El Acuerdo por la Paz”, que, si bien abrió un Proceso Constituyente, fue firmado a espaldas del pueblo y dejando suficientes trabas para que la Convención Constitucional no pueda solucionar los problemas urgentes de la clase trabajadora, los pueblos originarios y la juventud.

En este marco es que estalla la grave situación que ha protagonizado Rodrigo Rojas o “Pelado Vade” de haber inventado que sufría cáncer.

Muchos compañeros y compañeras han expresado empatía con él, y han respondido que así como mintió Pinochet no hay problema que Pelao Vade lo hiciera, que estar en las protestas de Plaza Dignidad y ser oprimido por pertenecer a las disidencias sexuales es razón para justificarlo.

Desde el MIT decimos con claridad que lo que hizo Pelao Vade NO TIENE JUSTIFICACIÓN y que debemos repudiarlo con energía porque no defendemos el método del “todo vale” para conseguir resultados, menos aun cuando con ese método se arrastra a un sector de la clase trabajadora a vivir en el engaño.

Lo que hizo Pelao Vade fue aprovecharse de su supuesta condición para engañar al pueblo trabajador, creando una enorme mentira. No sólo engañó a sus cercanos, sino a toda la sociedad al crear un “personaje” que luchaba contra el cáncer y luego con ese engaño candidatearse a la Constituyente. Y más, su mentira sólo salió públicamente después de ser desenmascarado por la prensa burguesa, una situación muy lamentable y que entrega toda la munición a la derecha más hipócrita para hacer una campaña contra los “supuestos representantes de las demandas sociales”. Sin embargo, creemos que lo sucedido con Vade, no es una conducta aislada; sino expresión de la gran descomposición social y moral que ha generado el sistema capitalista y que estas conductas, son el reflejo de un sistema económico y social fundado en el robo de la riqueza que genera nuestra fuerza de trabajo por parte de los empresarios, en los distintos tipos de opresión, el saqueo de nuestros recursos naturales, la colusión y la misma corrupción que traspasa a las instituciones, el gobierno y a la misma clase trabajadora; porque lo que se impone es esa moral de la clase dominante y que aún mantiene el poder.

Tampoco somos partidarios de apostar “al empate”, porque es el sistema capitalista el que utiliza métodos de engaño y mentiras, negociaciones espurias y a espaldas del pueblo. Nosotros quienes luchamos cada día por cambiarlo todo no podemos validarlo, y al contrario debemos denunciarlo con fuerza venga de donde venga, tal como lo hemos hecho cada vez que es necesario. Sostenemos que parte del deber revolucionario es combatir permanentemente las opresiones y los problemas sociales legados por un sistema degenerado, como la violencia machista, la lgtbifobia, el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución, etc., porque retrasan la conciencia y dividen nuestras fuerzas como clase, para transformar de punta a cabo las cadenas de este sistema que está fundado sobre el robo y la opresión.

Desde el MIT defendemos la moral, pero no esa moral general hipócrita que nos impone la sociedad burguesa y sus instituciones como la iglesia y el parlamento, si no, la moral revolucionaria esa que respeta, cuida y dice la verdad al compañero de la clase trabajadora, esa moral que nos lleva a ser [email protected], a poner nuestra vida para salvar la del compañero. Lamentablemente el Pelao Vade sucumbió a esa moral de la clase burguesa que repudiamos, esa moral que no ayuda si no que desmoraliza a quienes pensaron que las y los luchadores sociales que entraron a la Convención iban a dar una pelea hasta el final contra este sistema de opresión y explotación.

No podemos defender en esta pasada al Pelao Vade porque no tiene justificación lo que hizo. La clase trabajadora no debiese funcionar así. Debiese hablar de frente y con la verdad y no usar los métodos de los poderosos porque ellos defienden otra moral, la moral de la explotación, la opresión y la mentira.

Somos enfáticos en condenar las actitudes de Pelao Vade, y con mucha fuerza también rechazamos la campaña de la derecha que quiere utilizar su imagen para deslegitimar a todos [email protected] [email protected] sociales. La derecha que tiene a Jorge Arancibia, ex edecán de Pinochet, en la Convención, no puede dar ninguna “clase de ética” al pueblo.

En nuestra opinión, ni la justicia de los ricos, ni la Comisión de ética de la Convención ni ninguna variante institucional dominada por los empresarios deben enjuiciar el caso. Deben ser la clase trabajadora y el Movimiento que viene del 18 de octubre del 2019 quienes discutan y decidan democráticamente que hacer con estos casos. Por eso opinamos que Pelao Vade debería poner su cargo a disposición del pueblo, convocando a una Asamblea popular abierta en su Distrito para que la clase trabajadora, la juventud y el pueblo puedan decidir si debe o no seguir en la Convención Constitucional.

Comité Central MIT y constituyente María Rivera