Mientras muere un brasileño por minuto de Covid-19, Bolsonaro se burla de la pandemia e intenta censurar el número de muertes y contaminaciones. Al mismo tiempo, se aprovecha de la crisis para avanzar con los ataques, arrasar el medio ambiente, a los pueblos indígenas y “passar a boiada” [avanzar superando obstáculos] como dijo su ministro Ricardo Salles en la reunión ministerial de abril.

Por: PSTU Brasil

Intenta avanzar también contra los derechos laborales, con el apoyo de los banqueros y de los grandes empresarios. Mientras cerrábamos esta edición, el Senado aprobaba la Medida Provisoria (MP) que suspende jornada, salarios y contratos de trabajo. El “puesto Ipiranga”[1] Paulo Guedes, quiere aprovechar que están todos ocupados en sobrevivir a la pandemia para pasar su proyecto de libreta de trabajo verde-amarilla, que significa la completa extinción de lo que queda de derechos.

Como si no bastase, Bolsonaro todavía hace chantaje con autogolpe y su proyecto autoritario, en la medida en que se ve cada vez más desgastado y que las manifestaciones en su favor disminuyen.

Por su parte, los gobernadores abandonan las medidas de cuarentena en los Estados, bastante flojas e insuficientes, por señal, justo en el momento en que el país ve disparar la curvas de muertes. Se alinean con Bolsonaro para mandar al pueblo al matadero e incluso son hipócritas al culpar a la propia población por el avance de la pandemia.

No garantizaron las mínimas condiciones para que las personas se quedasen en casa en este período, con renta y empleos asegurados, mucho menos a los moradores de las periferias, los más afectados. Por el contrario, mantuvieron los transportes públicos llenos, varios servicios no esenciales funcionando, sin hablar de la ausencia de testes para la población. Ahora mandan abrir el comercio y los shoppings y culpan al pueblo por las aglomeraciones.

Se sacaron las máscaras y mostraron que la polémica con Bolsonaro era puro discurso. Todos ellos defienden los intereses y las ganancias de los capitalistas, aunque para eso tengan que mandar a millones a la muerte.

¡Fuera Bolsonaro y Mourão! En defensa de la vida: garantía de empleo, renta y cuarentena general

Hay solo una forma de evitar una tragedia aún mayor y salvar vidas: una cuarentena de verdad, en la que haya de hecho distanciamiento social. Eso solo es posible garantizando empleo y renta dignos, principalmente a los trabajadores informales y a los desempleados. Para garantizar eso, es preciso sacar a Bolsonaro y Mourão y contar con nuestras propias fuerzas y autoorganización.

Es preciso organizarnos en los lugares de trabajo, parar las fábricas que se tornaron grandes focos de contaminación, impedir los despidos en masa y el quite de derechos. Avanzar incluso en la organización de las periferias con acciones de solidaridad para combatir el hambre y el nuevo coronavirus y parar el genocidio de la juventud negra por la policía, para luchar contra la ofensiva del gobierno a las libertades democráticas y derrocar a Bolsonaro y Mourão.

Las manifestaciones contra el gobierno que surgieron en todo el país son extremadamente positivas. Es falso el argumento de la izquierda parlamentaria de que son una provocación a Bolsonaro. Provocación es lo que este gobierno hace todos los días, que puede hacer avanzar con su proyecto autoritario si no hubiera resistencia.

Es preciso extender esas movilizaciones, abarcando a todos los que están contra este gobierno. Unificar las protestas con los trabajadores que están siendo obligados a trabajar, como el pueblo pobre de las periferias, o con quienes no pueden salir de casa. Precisamos organizar un día nacional de lucha, con actos, asambleas en los lugares de trabajo (paralizando donde sea posible), “día de luto”, cacerolazos, en fin, todo lo que sea posible hacer, masificando las protestas al máximo. Un día de lucha que apunte hacia una huelga general contra el gobierno, en defensa de los empleos, de los salarios y de la renta.

Una alternativa revolucionaria y socialista

Para derrotar y tirar abajo este gobierno genocida, su proyecto de muerte, de exterminio de la juventud negra, y de tierra arrasada contra los trabajadores y el pueblo pobre precisamos de toda la unidad posible. Unidad con todos los que estén dispuestos a poner un punto final en el gobierno Bolsonaro y Mourão.

Con todo, si estamos enteramente a favor de unir a todos los que estén contra Bolsonaro para arrancarlo de allá, no estamos a favor de un frente amplio con la clase dominante para mantener este sistema. Ni con el ultraliberalismo de Guedes ni con las reformas del PT, por dentro del sistema, que después de trece años en el poder dio en lo que está ahí: mitad del pueblo sin saneamiento, desempleo en masa, etc. Los gobiernos estaduales del PT y del PCdoB, que en nada difieren de los otros partidos, son ejemplos de cómo ese proyecto es engañoso.

Precisamos de otra forma de organización de la sociedad, no volcada a la ganancia sino a las necesidades de la mayoría del pueblo. Una sociedad en la cual los trabajadores gobiernen por medio de un gobierno socialista basado en consejos populares. Para eso, precisamos construir un partido revolucionario y socialista.

[1] Los Puestos Ipiranga forman parte de la mayor red de distribución de combustibles del Brasil, se extiende por todas rutas del país, y cuenta con productos para automóviles y toda una gama de otros productos de venta al por menor. Recibió el premio Top Employers Brasil 2015 que lo certifica internacionalmente. Llamado por Bolsonaro “mi puesto Ipiranga” (al que se recurre para todo), Guedes, ultraliberal y coordinador del programa de Bolsonaro para la economía, llegó a decir que la propuesta es “la privatización de todo lo que sea posible vender –incluida la Petrobrás–. No hay límite”. (revista Veja), ndt.

Artículo editorial publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.