Tras la caída de Blaise Campaoré los militares, con el Teniente Coronel Zida al frente, controlan el poder.

Aunque Zida quiso aparecer como representante del pueblo burkinés, las masas continuaron movilizándose contra los militares en el gobierno. Las nuevas manifestaciones en las que se produjo un muerto llevaron el nerviosismo a las potencias imperialistas que veían como continuaba la inestabilidad y con ello podrían peligrar sus intereses en el país.

Para frenar las movilizaciones populares llegó a Uagadugú, la capital de Burkina Faso, el 5 de Noviembre una delegación a negociar con la oposición y los militares. La delegación la formaban 3 presidentes de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África del Oeste) John Dramani Mahama (presidente de Ghana, actual presidente de la CEDEAO), Goodluck Jonathan (Nigeria) y Macky Sall (Senegal), y representantes de UA (Unidad Africana) y de la ONU. Es importante recordar que la CEDEAO está también al servicio de los intereses imperialistas, como ha demostrado al apoyar la invasión de Mali, aportando tropas que actúan junto al ejército francés. Al participar unos días después en la reunión de la CEDEAO los tres presidentes plantearon que no se sancionara a Burkina Faso y a que se confiara en su mediación.

A las multinacionales y a los gobiernos imperialistas, principalmente Francia y EEUU, lo que les interesa es que haya tranquilidad para que sus negocios continúen. Francia ayudó a escapar a Blaise Campaoré y ha promovido el viaje de la CEDEAO. Francia que en 1987 promovió el golpe que dio Campaoré contra Thomas Sankara y lo apoyó durante casi tres décadas ahora ve con preocupación que el poder lo tengan los militares. Es pura hipocresía. Si las masas hubieran vuelto a sus casas ni a Francia ni a EEUU les importaría quien gobernase… ya se ocuparían más tarde de lavarle la cara al régimen.

De momento han conseguido la desmovilización

La delegación internacional consiguió que los representantes de la oposición y los jefes tradicionales y religiosos se reunieran con los militares para negociar una salida a la crisis. Los militares “aceptaron” que el gobierno de transición lo encabezara un civil y plantearon que se hiciera una lista con los posibles candidatos. El que encabece el gobierno, por lo tanto, debía contar con el respaldo de los militares. Por otro lado, el sector civil preparó este fin de semana una carta de transición para presentarla a los militares. La propuesta de la oposición incluye un parlamento de 90 diputados, con 40 para los partidos de la oposición, 30 para la sociedad civil, 10 para los militares e incluso 10 más para el partido del ex presidente. Estos últimos estarían condicionados a que no hubieran apoyado abiertamente la reforma constitucional que habría permitido a Campaoré perpetuarse en el poder.

Pero no parece que esta carta sea del agrado de los militares. Los opositores han sabido que éstos quieren las carteras ministeriales claves y tener al menos 30% de los puestos. Además, la oposición tiene cada vez más dudas sobre las intenciones de los militares. Zida y los suyos no parecen tener prisa en entregar la jefatura del Estado y los privilegios que conlleva.

Sin movilización popular no hay garantías

El haber frenado las movilizaciones en espera de las negociaciones de las cúpulas le ha permitido al régimen recomponerse. En Burkina Faso las masas habían echado al presidente (que iba camino de ser presidente vitalicio) Blaise Campaoré, asaltado el parlamento, alcaldías y sedes del partido del gobierno. Las masas además no aceptaron el recambio militar y siguieron movilizándose, demostrando que podían haber barrido con todos ellos. Cientos de miles de burkineses tomaron las calles durante una semana y ahora permanecen expectantes a los pasos que den los militares y los líderes de la oposición.

Los militares en realidad encontraron el espacio que necesitaban con la visita de los presidentes de la región. Ahora pretenden continuar dirigiendo el país, directamente, al menos un año más. Si la oposición acaba aceptando las condiciones de los militares serán rehenes del régimen y permitirán su continuidad.

El espacio que las masas han ganado no debe cerrarse pero para ello es necesaria la continuidad de las movilizaciones masivas hasta la retirada completa de los militares y con un gobierno decidido por las masas movilizadas. El pueblo burkinés necesita un gobierno que rompa con el imperialismo y recupere las riquezas para su país.

En cualquier caso las masas burkinesas ya saben que pueden echar a sus gobernantes, aunque éstos tengan el control del ejército y el apoyo internacional. Los presidentes vitalicios de otros países africanos están poniendo sus barbas a remojar, pues tras Ben Ali, Gadafi y Mubarak llegó también la caída de otros presidentes del África subsahariana (Wade, de Senegal en 2012 y ahora Campaoré).