“No es fácil discernir (…) lo que los varios tipos de fascismo tenían en común (…) La teoría no era el punto fuerte de movimientos dedicados a las inadecuaciones de la razón y del racionalismo y a la superioridad del instinto y de la voluntad. Atraían todo tipo de teóricos reaccionarios en países de vida intelectual conservadora activa (…), pero estos eran elementos más decorativos que estructurales del fascismo. (…) Tampoco el fascismo puede ser identificado con una determinada forma de organización del Estado, como el Estado corporativista: Alemania perdió enseguida el interés por tales ideas (…). Incluso un elemento tan fundamental como el racismo en el inicio estaba ausente del fascismo italiano. Por otro lado, (…) el fascismo compartía nacionalismo, anticomunismo, antiliberalismo, etc., con otros elementos no fascistas de derecha. Varios de esos (…) también compartían con él la preferencia por la violencia de calle como política. La gran diferencia entre la derecha fascista y no fascista era que el fascismo existía movilizando masas de abajo hacia arriba. El fascismo se muestra en la movilización de las masas (…)”. Erick Hobsbaum, La Era de los Extremos.

Por: Elisa Guimarães, Rio de Janeiro

En la Navidad de 2019, el Sigma, símbolo de la Acción Integralista Brasileña, marcó presencia en los medios a partir de un video en que personas usando máscaras asumen el ataque a la productora Porta dos Fundos reivindicándose integralistas. El inexpresivo Frente Integralista Brasileño (FIB) que apoyó la candidatura de Bolsonaro en 2018, negó cualquier relación entre los supuestos integralistas y la FIB.

Varios integrantes y simpatizantes de Bolsonaro, así como la folclórica Sara Winter y sus “300”, usan y abusan de la simbología nazifascista poniendo en evidencia el debate sobre el fascismo. En este texto queremos recordar algunos aspectos del movimiento fascista brasileño, el Integralismo, sus relaciones con Vargas, y las distintas políticas para combatirlo.

La Asociación Integralista Brasileña

En el período que antecedió al golpe de Vargas (1930), los trabajadores se movilizaban y se organizaban. Al mismo tiempo, el país conoce la creación de un movimiento fascista, la Asociación Integralista Brasileña (AIB). Eligiendo como enemigo número uno el comunismo como la “encarnación del mal”, la AIB, fundada en 1932, a lo largo de sus cinco años de existencia hizo crecer sus efectivos en una progresión geométrica. El discurso integralista atraía a las clases medias, a las cuales pretendía movilizar para una transformación de la sociedad dentro del orden capitalista.

No fue por otro motivo que en 1931 Vargas decretó la Ley de Sindicalización[1] bajo la alegación de la necesidad de proteger al proletariado de la “amenaza subversiva”. El inicio de la dictadura de Vargas estuvo marcado por sucesivas crisis, resistencias de diferentes sectores sociales, que fueron potenciados por la coyuntura internacional. Se insertan en esta crisis los conflictos, a veces con heridos de bala, entre integralistas y comunistas en las calles de Rio, de San Pablo y de Recife.

La Liga Comunista Internacionalista[2], frente al crecimiento del integralismo, hizo un llamado al Frente Único Antifascista (FUA) a todas las organizaciones obreras. Fue difícil la relación con el PCB que, con la oposición de la dirección nacional al Frente Único, presionó al entonces Secretario General de la Regional San Pablo, Hermínio Sacchetta[3], a no participar de la FUA.

Fue por iniciativa de la FUA la organización del enfrentamiento con los integralistas el 7 de octubre de 1934, en el episodio que quedó conocido como “la bandada de las gallinas verdes”. Hubo heridos, entre ellos el dirigente de la LCI, Mário Pedrosa[4], y un estudiante de Derecho, Décio Pinto de Oliveira, murió en el enfrentamiento. Y hubo bajas del otro lado.

El periódico integralista A Offensiva, relató el episodio: “Fue una batalla de calle, como no hay memoria en la historia de la gran capital paulistana. Ella mostró cómo el comunismo está organizado, preparado, armado y munido para actuar. Fuimos atacados (…) por una horda de asesinos, maniobrados por intelectuales cobardes y judíos; lituanos, polacos y rusos, todos semitas, están contra nosotros, empuñando armas asesinas contra brasileños”.

La traba del PCB para construir el Frente Único de las organizaciones obreras, no fue la misma cuando se trató de aliarse con sectores burgueses. Siguiendo la línea adoptada por Stalin de frentes populares, el PCB creó la Alianza Nacional Libertadora (ANL). En lugar de unir a la clase trabajadora para luchar contra el integralismo, el PCB creó un frente de colaboración de clases, priorizando una alianza con las clases dominantes dentro de un frente común.

Con un peso importante en las Fuerzas Armadas, la ANL y el PCB intentan una maniobra militar (“putsch”) dirigido por Luiz Carlos Prestes en 1935, para deponer a Vargas, que hasta entonces flirteaba con Alemania, para instaurar en el Brasil un gobierno de colaboración con la burguesía. En la evaluación del periódico A Luta de Classes[5], la acción de la ANL fue “el aventurerismo político más descabezado” o “sórdido oportunismo ideológico en que cayeron los estalinistas”.

La Alianza, alegando el “bien del pueblo”, no solamente sustituyó la acción del proletariado sino que priorizó sus relaciones con la burguesía. Para la realización del levantamiento, de acuerdo con el A Luta de Classes, “Prestes desarrolló una febril actividad epistolar, escribiendo a dios y a todo el mundo pidiendo apoyo para su “revolucioncita” y “para cada uno de ellos tenía un programita de revolución bien adecuado, conforme el destinatario fuese grande o pequeño burgués, industrial o hacendado, banquero o comerciante, político o no, militar o paisano, creyente o ateo”. Todos fueron convidados a “liberar el Brasil”.

El desastre de la acción que quedó conocida como “Intentona Comunista”, aumentó la represión sobre la clase, potenció el discurso anticomunista, abriendo camino para el crecimiento de la AIB. En la ocasión, los integralistas que se pusieron como defensores del gobierno y del régimen contra los “asalariados de Moscú” ofrecieron “100.000 hombres” a Getúlio (Vargas), declarando: “No tenemos armas ni transporte pero tenemos patriotismo suficiente para poner la defensa nacional por encima de todo, ofrecemos nuestros servicios al jefe del gobierno”. Obteniendo de Getúlio la siguiente respuesta: “La nación sabe así que puede contar a cualquier hora con la energía y la dedicación de todos los buenos brasileños para hacerse cada vez más fuerte y respetada”, como describe el A Offensiva.

Ascenso y caída del integralismo

Pero el año 1936 fue crucial. La AIB tuvo que adaptarse a la Ley de Seguridad Nacional, la prohibición de sus milicias[6], y la represión. Profundiza sus relaciones con el gobierno varguista para garantizar su existencia y dar continuidad a su proyecto de poder. El año 1936 fue considerado por los integralistas el “Año Verde”; la AIB duplicó sus efectivos y llegó a poseer 1.285 escuelas.

Más allá del reclutamiento de militantes, matriculando a jóvenes en escuelas diurnas y a sus padres en escuelas nocturnas, reclutaba también electores. En la relación con Vargas, la AIB, apoyó el golpe del Estado Nuevo que terminó por extinguirla, marcando el giro de Vargas en dirección a la alianza con los Estados Unidos. En enero de 1938, Plínio Salgado escribe una carta a Getúlio que explicita, en tono de lamento, ese vínculo: “Las relaciones entre el Integralismo y el Presidente de la República siempre fueron, por la fuerza de la propia doctrina del Sigma, las de respeto del primero por el segundo y del acatamiento del segundo por el primero. Éramos la única fuerza nacional organizada; éramos un millón de brasileños que oponían una barrera al comunismo y combatían el partidismo regionalista; éramos la inspiración creadora de fuertes sentimientos cívicos, y todo esto coincidía con la línea política del Presidente de la República”.

En 1937, el periódico Sob Nova Bandeira[7], observaba que los integralistas, a diferencia de los fascistas en Europa, no se opusieron al gobierno, se apoyaron en el Estado. De acuerdo con las tesis del Partido Obrero Leninista[8], las posibilidades de que el integralismo obtuviese una victoria propia, a la manera italiana y, sobre todo, alemana, podían ser consideradas inexistentes. Y seguía: “sin un ‘jefe nacional’ o sus jefecitos, sin la intolerable confusión ideológica de sus libros, sin las camisas, los gestos y las marchas y discursos, esos auxiliares de segundo orden de la policía, esos delatores profesionales, capataces de poderosos y constructores de manifestaciones, ya habrían sido identificados hace mucho tiempo como simples agentes pagos de políticos sin popularidad”.

Pero la AIB era una organización, y a partir de 1936 se oficializó como partido. Publicó libros y poseía una prensa diaria que circulaba en los cuarteles y navíos. El diario hacía propaganda del combate al comunismo en todos los frentes: político, sindical y en el movimiento estudiantil. Organizados en la “Unión Nacionalista Universitaria” los integralistas llevaron a cabo un intenso movimiento contra el comunismo “enemigo de la democracia y de la idea de Patria”, repeliendo “las artimañas bolchevistas de la Unión Democrática Estudiantil”. En Qué es el Integralismo, obra de Plínio Salgado de 1933, el voto aparece como “la gran mentira que sire de instrumento a la opresión de las masas trabajadoras, ilusionadas en su buena fe”. En el primer ejemplar de A Offesiva, se afirma que el Brasil dispensa juego de partidos y sufragio. En las vísperas de las elecciones de 1934, Plínio Salgado explica que “la Acción Integralista no hace de los votos y de las elecciones una finalidad, sino solo un medio para combatir el propio sufragio universal y la liberal-democracia.

Ya en 1935, estando en vigencia la Ley de Seguridad Nacional, en un mensaje a los Jefes Provinciales de la AIB, Plínio Salgado concluyó que “el VOTO es la única arma legal que nos ofrece el actual régimen para llegar a la conquista del poder nacional, y que actuando en función del voto estamos garantizados por las leyes y sostenidos por el Poder Judicial de la República”. El año 1937 es declarado “el año del intenso alistamiento electoral en las filas del Sigma”.

La resolución del Jefe Nacional, de abril de 1937, decía que el nombre a ser indicado por la AIB a la nación para el cargo de presidente de la República, en las próximas elecciones, debería ser “libremente escogido, en plebiscito nacional, por los integralistas de todos los núcleos del país”. Para tanto, en la noche del 23 de mayo, “en las sedes municipales, distritales y rurales”, será “asegurada la propuesta de cualquier nombre”, pero “solo votará quien fuese integralista”, siendo que “el voto será a descubierto, lanzado en una urna y proclamado enseguida en voz alta”. Posteriormente, se agrega a la resolución que harán parte del “formidable e inédito desfile de electores conscientes y libres” hombres y mujeres que sean o no electores, incluso que sean analfabetos, siendo garantizado el “voto por separado de los marítimos que fueren a viajar antes del pleito”. A Offensiva anuncia que “la votación heterogénea verificada en el plebiscito del sigma constituye la mayor prueba de los principios democráticos del integralismo”, siendo que Plínio Salgado recibió 846.354 votos entre 849.492 votantes.

En el periódico A Offensiva, desde el primer número, en mayo de 1934, se buscó crear la imagen de un movimiento continuo: son los desfiles que se suceden, los congresos que se realizan, cuya fuerza es ampliada por ser una acción conjunta. Manipulando los mismos símbolos, los integralistas se unieron a los rituales organizados por el gobierno, a ejemplo de la adhesión integralista a la manifestación del Primero de Mayo de 1937, cuando “cinco mil camisas verdes” desfilaron y “un avión integralista arrojó flores sobre las autoridades”.

Utilizaron también sus rituales para homenajear al gobierno, como en el desfile de los “50.000”, donde la “masa verde” marchó para afirmar solidaridad al Presidente de la República y a las Fuerzas Armadas de la Nación. Luego del autogolpe de Vargas, de noviembre de 1937, cinco mil niños integralistas prestaron homenaje al jefe de la Nación y al jefe Nacional Plínio Salgado: fueron “cinco mil pequeñitas manos escribiendo como pentágonos de fe el rumbo de estrellas de esa generación”, “no un hombre sino una generación nueva, un Brasil que trae la mística de 31 cirios en la sangre de 31 mártires” y “del balcón del Palacio del Catete, el Sr. Getúlio Vargas, Presidente de la República, ladeado por el jefe de su casa militar y demás auxiliares de la secretaría de la presidencia, asistió al gran desfile de los plinianos”.

Momentos de gloria integralista que duraron poco. La AIB fue cerrada. Lo que restó del integralismo, como La Cruzada de la Juventud y la Revista Ra-ta-plan, a pesar de mantener los principios del movimiento, no tenían más el mismo impacto y alcance. Integralistas, como San Tiago Dantas, adhirieron al gobierno Vargas. La entrada del Brasil en la Guerra contra Alemania e Italia, vació el discurso pro fascista. Las denuncias de los horrores nazistas al término de la guerra, sacramentaron la situación. El Partido de la Representación Popular, que existió entre 1945 y 1971, ya no tenía el carácter movilizador y el alcance que tuvo la AIB. Fue más un partido de derecha con discurso conservador.

Algunas conclusiones

En 1937, el periódico Sob Nova Bandeira afirmaba: “es cierto que los estalinistas, los ‘demócratas’, los ‘antifascistas’, ‘los amigos del proletariado’ condenaron una línea de lucha contra el fascismo, basado en la lucha contra el capitalismo, en la participación de los obreros independientemente en esa lucha, argumentando que el proletariado no debe luchar para no perder el ‘apoyo’ de parte de la burguesía”. Agregaba: “Para prevenirse tanto de los golpes del fascismo y de la democracia burguesa, los militantes revolucionarios tiene que movilizar a las masas trabajadoras, agruparlas y dirigirlas contra el capitalismo”.

Esa política de combate al fascismo era la continuidad de la lucha del revolucionario ruso León Trotsky, expresados en una serie de artículos escritos en el inicio de la década de 1930, alertando a la clase obrera alemana sobre los peligros de nazifascismo. Para Trotsky, el partido comunista alemán repetía los mismos errores que el partido italiano cometió al afirmar que el fascismo no era más que una reacción capitalista y concluir que la distinción entre las diferentes formas de reacción capitalista no tienen importancia para el proletariado. Un grave error. El fascismo es una forma especial de “dictadura abierta”, cuyo objetivo es la destrucción completa de todas las organizaciones de la clase obrera, incluso las reformistas, así como de sectores de la propia burguesía. La fuerza motriz de la lucha contra el fascismo debería ser el frente único del proletariado, sin negar la unidad de acción con sectores burgueses, pero nunca un frente común que paralizase al proletariado.

Los crímenes políticos del estalinismo en el combate al fascismo deben servir para que las actuales generaciones aprendan con la experiencia histórica. Si en un primer momento el estalinismo se recusa a construir la unidad de los explotados para destruir el fascismo, en un segundo momento se tira en los brazos de las clases dominantes, en lo que quedó conocido como Frente Popular, negando no solamente la identidad entre la lucha antifascista con la lucha anticapitalista. La unidad en la acción con los partidos burgueses democráticos para combatir el régimen fascista jamás puede resultar en un proyecto común de sociedad, en la medida en que estos señores pueden estar contra un régimen fascista en la defensa de sus propios intereses, pero nunca serían contrarios a destruir los fundamentos sociales que reproduce el fascismo.

Notas:

[1] La Ley de Sindicalización fue establecida en marzo de 1931 a través del Decreto número 19.770, que tenía como objetivo general hacer que las organizaciones sindicales de empresarios y trabajadores actuasen como colaboradores del Estado estando vinculados al Ministerio de Trabajo. Solamente los sindicatos legalizados podrían recurrir a la Justicia del Trabajo para garantía de las Leyes Laborales, como las vacaciones remuneradas. Significó en la práctica en fin de los sindicatos independientes y la imposición de la Unicidad Sindical.

[2] LCI: Organización trotskista fundada el 21 de enero de 1931, en San Pablo, por Mário Pedrosa, Aristides Lobo, Lívio Xavier, y otros. Asociada a la Oposición Internacional de Izquierda e integrada principalmente por disidentes del Partido Comunista Brasileño (PCB). Aristides Lobo fue contrario a la acción de enfrentamiento con los integralistas en la Plaza da Sé y salió de la organización.

[3] Hermínio Sacchetta fue secretario del Comité Regional San Pablo y miembro del Buró Político del PCB hasta 1937, cuando fue expulsado por sus ligazones con el trotskismo. Ayudó a organizar la sección brasileña de la IV Internacional, creando el Partido Socialista Revolucionario y, en la década de 1950, la Liga Socialista Independiente.

[4] Mário Pedrosa organizó la oposición de izquierda en el Brasil y ayudó a fundar la Cuarta Internacional. Se apartó de las filas trotskistas en 1940, por discordar con la caracterización de la IV sobre la URSS, adhiriendo a la fracción antidefensista del SWP norteamericano.

[5] La LCI contaba con dos publicaciones: el Boletín de Oposición, que tenía por objetivo “estrechar la ligazón entre el proletariado revolucionario y la Oposición Internacional de Izquierda”, traduciendo diversos artículos publicados por su homónimo editado por la Oposición Internacional y A Luta de Classes, editada desde mayo de 1930 por el Grupo Bolchevique Lenin (fracción del PCB), y que se tornó el órgano oficial de la Liga.

[6] La Ley de Seguridad Nacional fue utilizada para el cierre de la ANL y varios de sus artículos podrían ser utilizados contra la AIB, como el artículo 20 que prohibía la organización o dirección de la sociedad de cualquier especie cuya actividad fuese ejercida en el sentido de subvertir el orden. Otros artículos prohibían manifestaciones públicas, distribución de periódicos y panfletos en la FFAA. Hubo represión a la AIB en algunos Estados, principalmente en Bahia, Santa Catarina y Espírito Santo, con cierre de núcleos y prohibición del uso del distintivo del sigma. La AIB se adaptó, legalizándose como partido político. Hizo una campaña con declaraciones en su defensa hecha por figuras públicas, como el general Goes Monteiro, Tristão de Athayde, Azevedo Amaral, y otros. La milicia integralista fue extinta en abril de 1935, siendo excluida de los estatutos de la AIB, sustituida por las Escuelas de Educación y Cultura Física. Pero la propuesta de una milicia, a título de una “fuerza civil” a ser instituida por el Estado Integralista, permaneció en el programa de la AIB expresada en el Manifiesto de 1936: “Velarán por el orden político todos los brasileños válidos que, no encontrándose encuadrados en el Ejército, en la Marina, en la Aviación o en la Policía Militar o Civil, tengan la conciencia del deber indeclinable de defender los hogares y las tradiciones de su Patria. Así, el Integralismo, restaurando una de las más bellas tradiciones nacionales, desea crear una fuerza civil, voluntaria, en los modelos de la Ley que instituyó la Guardia Nacional del Imperio, en 1831. Esa organización no podrá tener la eficiencia bélica del Ejército o de la Marina, pero deberá ser suficientemente armada, para, contra el extremismo, el bandidaje, la disolución, la anarquía, defender las familias en cada Municipio, el orden legal, los principios democráticos de la República, las autoridades constituidas, constituyendo, también, una reserva de las fuerzas armadas, y tendrán aún la misión de crear una atmósfera de simpatía y de entusiasmo nacionales por el Ejército, por la Marina y por la Aviación, preparando a la mocedad para que esta, al entrar al cuartel, cuando alcance la edad militar, comprenda que va a pertenecer a una corporación que expresa la grandeza y la fuerza del Brasil”.

[7] El número 3 del periódico Sob Nova Bandeira [Bajo Nueva Bandera], publicado por el POL, se encuentra digitalizado por el Centro de Documentación Mário Pedrosa (CEMAP).

[8] La política de “entrismo” en los partidos socialistas, impulsada por Trotsky, provocó una crisis que repercutió en el Brasil con la ruptura del grupo liderado por Aristides Lobo y Victor Azevedo, que ya había presentado discordancia al negarse a participar de la contramanifestación del 7 de octubre de 1934. Dispuesto a mantener el nombre de LCI, el grupo entabló una lucha fraccional. La creación de la Alianza Nacional Libertadora, con adhesión de un sector amplio del movimiento obrero a la política de “frente popular”, y la represión desencadenada por el gobierno Vargas luego de la tentativa de putsch en Natal, Recife y Rio de Janeiro, capitaneada por el PCB en 1935, debilitaron a la LCI. Los remanentes de la Liga se reagruparon en el Grupo Bolchevique-Leninista y fundaron, con una escisión del PCB, la Oposición Clasista, el Partido Obrero Leninista (POL), en enero de 1937. El POL apoyó el lanzamiento de la candidatura de Prestes para las elecciones presidenciales, que no ocurrieron en virtud del golpe del Estado Nuevo. Mário Pedrosa va al exilio, donde cumple importante papel en la fundación de la IV Internacional, y el POL es prácticamente desarticulado por la represión.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.