La realidad del país sigue teniendo como telón de fondo una combinación entre la pandemia y la crisis económica, social y política. Todo comandado por el gobierno genocida, ultraliberal y autoritario de Bolsonaro.

Por PSTU-Brasil

Nos estamos aproximando a las 100 mil muertes, en números subestimados y sin señal de descenso. Hay cinco Brumadinhos al día. Si al inicio de la crisis hubo cierta diferencia entre Bolsonaro y los gobernadores, ahora no hay ninguna en la práctica. Hacen lo que exigen los bancos y las grandes empresas: envían a la clase trabajadora al matadero.

Lo que importa es la ganancia. Y así es también con el desempleo. Las empresas continúan despidiendo a granel. Además, las grandes empresas chantajean para «aprovechar la ocasión», combinando una ofensiva de las empresas para retirar  derechos y rebajar salarios, con iniciativas en el gobierno y en el Congreso.

Lo intentaron con los trabajadores del metro de São Paulo, que respondieron. Además de exponer a la clase a la pandemia y avanzar en la privatización, fueron para arriba al rebajar los salarios y retirar derechos. Quieren hacer lo mismo con los trabajadores de Correios, una de las empresas más eficientes del negocio. Y con Petrobras y Banco do Brasil. En el sector privado, no es diferente, como en Renault del Paraná, donde quieren despedir a 747 trabajadores. Al igual que los metroviários, los metalúrgicos respondieron con una huelga.

Para completar, van acelerando la entrega del país, desmantelando y privatizando lo que queda de público y estatal, sacando una «migaja» de ese desmantelamiento y expoliación para la burguesía, la milicia y los corruptos brasileños.

Bolsonaro «paz y amor»

Esta semana salieron encuestas señalando que Bolsonaro estabilizó o hasta disminuyó su rechazo. Nada que cambie el hecho de que la mayoría de la población lo considera malo y pésimo, especialmente la clase obrera y trabajadora de los grandes centros.

La pregunta que todos hacen es: ¿por qué no cae de una vez? Esto probablemente se explica por el hecho de que la mísera renta básica de R $ 600 que hoy alcanza a la mitad de lo que sería mano de obra disponible en el mercado laboral, un sector que vivía en Bolsa Familia, significa una mejora en el nivel de vida.

Por otro lado, Bolsonaro está tratando de instalar la tesis de que el desempleo es responsabilidad de quienes defienden la cuarentena. Finalmente, al abrazar el centro y retirar de la escena a sus hijos protofascistas, y dejando de hacer manifestaciones pro golpes, quedándose quieto, disimulando las provocaciones pro dictadura. Con eso, ganó el apoyo de la burguesía.

La oposición que no es lo mismo, pero es igual

Agreguemos a esto el hecho de que no tiene una oposición a la altura. El papel de la oposición quedó a los gobernadores cuando parecían defender la cuarentena. A pesar de no ser lo mismo, son iguales, excepto por la posibilidad, lejana completamente hoy, de imponer una dictadura.

Esta oposición tiene poca diferencia con Bolsonaro en lo que se refiere al proyecto económico, los ataques a los trabajadores y a la soberanía del país. Tanto es así que los gobernadores de la oposición y el Congreso aplican las mismas medidas a favor de la burguesía y contra los trabajadores. ¡El gobernador de Maranhão, Flávio Dino (PCdoB) acaba de proponer un pacto con Bolsonaro!

 La lucha y la unidad

La primera tarea es organizar y unir las luchas contra el gobierno y la patronal. Estamos a favor de toda unidad para luchar. A favor de toda unidad de acción para derrotar y, si es posible, derrocar a Bolsonaro y su pandilla, tal como de un frente único para defender a la clase trabajadora contra los ataques de la clase dominante.

Es necesario rodear de solidaridad las luchas y huelgas que existen y defender la lucha de los trabajadores de las aplicaciones, de los indígenas; la huelga de los profesores en defensa de la vida y contra la vuelta a las aulas en medio de la pandemia, etc.

Igualmente, es necesario construir una movilización unificada. Es preciso debatir en la base la necesidad de la unidad para luchar y la preparación de una huelga general. En este sentido, el 7 de agosto, definido como día nacional de luchas en continuidad de 10 de julio, será fundamental.

Construir una alternativa

Así como es necesaria la unidad para luchar, es preciso construir una alternativa socialista al gobierno autoritario de Bolsonaro y su proyecto de dictadura y semi-esclavitud. Un obstáculo importante para derrocar a Bolsonaro es la ausencia de una oposición real, ya que la oposición burguesa de centroderecha, como Doria, Huck, Witzell y otros, no significa ningún cambio.

Del mismo modo, los partidos de izquierda en el parlamento no ofrecen ninguna perspectiva o proyecto de mejoraría de vida. El PT anhela una buena localización en esos frentes amplios con la burguesía. A su vez, El PSOL se esta transformando de hecho una extensión del PT. El programa del PSOL no tiene ningún compromiso con la lucha por el socialismo. Por el contrario, la dirección del partido tiene como estrategia la disputa electoral. Todos defienden, a su manera, un programa capitalista dentro del orden.

Esa alternativa socialista y revolucionaria, sin embargo, no va a nacer de forma espontánea. Es necesario construirla desde ya.

Traducción: Leonardo Arantes