El día 18 de agosto fue un fuerte día de huelgas en el sector público y de movilizaciones en todo el país, desde las capitales hasta las pequeñas ciudades   del interior, expresando de esta forma la creciente indignación contra este gobierno genocida y autoritario.

Por PSTU-Brasil

La fecha fue aprobada por la coordinación nacional de la «Campaña Fora Bolsonaro» y, ciertamente, habría sido mucho mayor si la política mayoritaria de la dirección de ese Frente no hubiese sido pisar los frenos de las movilizaciones, como llegaron a declarar en la prensa, tan pronto como fue definido el día.

El hecho mismo de haber sido tan expresiva, tanto en el sentido de las paralizaciones como en la amplitud de las manifestaciones, muestra que hay un espacio importante para el crecimiento de la lucha contra el gobierno, con una fuerte disposición por parte de la clase trabajadora, incluso para acciones más radicalizadas, como las paralizaciones.

Los motivos de esto no son un secreto para nadie: la crisis social se profundizó, con la reaparición del flagelo del hambre, en un contexto de desempleo masivo y una precarización cada vez peor, especialmente entre los jóvenes trabajadores. La inflación, principalmente de los productos más básicos, como el gas para cocinar y los alimentos, alcanza niveles abrumadores

En São Paulo, el precio de la canasta básica de alimentos calculado por Dieese llego, en julio a R$ 1.064,79, casi el valor del salario mínimo. El alto precio de la gasolina, a su vez, está provocando que incluso aquellos que tuvieron que recurrir a trabajar en Uber renuncien incluso a esa opción. Como se suele decir, “el gobierno consigue desemplear hasta los desempleados”.

Por otro lado, las ganancias de los grandes bancos tuvieron, en el 2do trimestre de este año, un crecimiento del 64%, simplemente el mayor de la historia en este período de tiempo. Ante esta situación, el gobierno y el Congreso Nacional llevaron a cabo nuevos ataques contra la clase trabajadora y la población, quitando aún más derechos, a través de la Reforma Laboral, agrediendo a los servidores públicos y avanzando en las privatizaciones.

Derrotar a Bolsonaro y las amenazas golpistas

Bolsonaro responde a su propia crisis reafirmando sus amenazas de golpe, agitando su base de ultraderecha y atacando las libertades democráticas. Después de intentar aprobar el voto impreso, con derecho a un desfile militar en la Explanada como forma de intimidación, ahora pide movilizaciones pro dictadura para el día 7 de septiembre.

Al mismo tiempo, anunció una especie de subsidio- familiar reforzado, que se pagará mediante privatizaciones, incumplimiento de órdenes judiciales y más ataques. Es decir, medidas electoreras para una parte de la clase, pagadas por los propios trabajadores; mientras que, de manera general, las condiciones de vida van decayendo, más allá de lo insoportable.

Es preciso tomar las calles este 7 de septiembre, próxima fecha fijada por la coordinación de la “Campaña Fora Bolsonaro”. ¡Hay que dar respuesta en las calles a los actos en defensa del golpe militar convocados por Bolsonaro! Es necesario que las calles expresen que la mayoría del pueblo brasileño no quiere que vuelva la dictadura y quiere un “¡Fuera Bolsonaro!”.

Más aun, es necesario, en lugar de “frenar”, acelerar las movilizaciones, incentivar aún más los actos de calle y, como ha venido defendiendo CSP-Conlutas, preparar, desde ya, una Huelga General. El 18 de agosto se dio una muestra de que esto es posible. No podemos, como apunta Lula, la dirección del PT y parte de la dirección del PSOL, cocinar el movimiento a baño-maría para encauzarlo, electoralmente, en el 2022. Hacer eso es un crimen, pues significa dejar que Bolsonaro continúe su cruzada genocida, en una pandemia que aún no ha terminado, destruyendo derechos, exterminando a los pueblos indígenas, al medio ambiente y a los sectores oprimidos.

Polo socialista y revolucionario

Si es necesaria toda la unidad en la lucha para derrumbar a este gobierno y defender las libertades democráticas, ante las amenazas de golpe, para presentar un proyecto de país a la clase trabajadora, para que así la historia sea otra. Ya no es posible seguir la estela de alternativas ligadas a la burguesía, los banqueros, los grandes empresarios y los terratenientes.

Sabemos que una alternativa de derecha no defenderá los cambios que necesitamos, la historia también ya nos mostró que un programa y un gobierno de colaboración de clases, comprometidos con los superricos, tampoco defenderán cambios estructurales, que resuelvan el desempleo y el hambre; que reviertan la destrucción de los servicios públicos; promueva la reforma agraria, la demarcación de tierras indígenas y quilombolas y proteja el medio ambiente.

Esto es así porque, para hacer los cambios que necesitamos, es necesario atacar el lucro y la propiedad de la burguesía, de los multimillonarios y los superricos, y enfrentar al imperialismo. Hay que dejar de pagar la deuda a los banqueros, renacionalizar las empresas privatizadas, detener la entrega del país y poner, por ejemplo, a Petrobras bajo el control de los trabajadores, para que produzca según las necesidades de la población (como gas de cocina y combustible a precio de costo) y no para media docena de especuladores internacionales.

Es por eso que es necesario organizar a todos los sectores que estén dispuestos a presentar y defender un programa independiente, socialista y revolucionario para las luchas y las elecciones. El PSTU se coloca como parte de este esfuerzo para organizar un polo socialista y revolucionario y hace un llamado a todos los sectores comprometidos con la lucha y con un proyecto de país que se dirija a los trabajadores, al pueblo pobre, los negros, las mujeres, los indígenas y LGBTIs.

Traducción: Ana Rodríguez