Jue Jun 13, 2024
13 junio, 2024

Brasil | El estalinismo y los sindicatos

El pasado 23 de marzo, los trabajadores del metro de São Paulo protagonizaron una huelga heroica. Unos días después, el influencer Ian Neves, ligado a la Unidad Popular (UP), concedió una entrevista en un podcast en la que habló sobre el papel de los “comunistas” en el movimiento.

Por: Diego Cruz

Primero explicó que los sindicatos “pelegos” son “apaciguadores” y actúan según los intereses de los patrones, y luego los contrapuso a los sindicatos “clasistas”. Él dice: “Los sindicatos clasistas dicen ‘no tiene que tener nada mejor que el patrón, el patrón ni siquiera debería existir. Esa es la lucha de los movimientos sindicales, tanto de la UP como del PCB, que tienen mucha injerencia en el Sindicato de Metroviarios de São Paulo, y también en Belo Horizonte (BH)”.

Quizás usted no sepa quién es Ian Neves, pero él es un influencer con cierta incidencia en un público de izquierda en la internet. Este discurso provocó polémica, porque la UP no tiene “injerencia” sobre el Sindicato de Trabajadores del Metro, y el PCB prácticamente no existe en el gremio. Pero este caso es interesante para discutir lo siguiente: ¿qué papel jugaron y juegan los estalinistas en el movimiento?

Estalinismo y conciliación

El papel histórico del estalinismo en el movimiento no tiene nada que ver con la independencia de clase. Y no se trata de una cuestión de orden moral, sino del despliegue de una estrategia política que orientó esta corriente durante décadas.

Desde al menos la formulación de la teoría del socialismo en un solo país, todavía en 1924, el estalinismo ha abandonado la perspectiva del antagonismo entre las clases, tanto en el ámbito interno como internacionalmente. Pero fue en 1935, en el VII Congreso de la Internacional Comunista, que la conciliación se convirtió oficialmente en orientación absoluta del estalinismo para todos los países. La política de los “frentes populares”, variante de la teoría de los campos progresistas, planteó la necesidad de unir todas las fuerzas democráticas y progresistas. Si en años anteriores la Internacional, de manera trágica y ultraizquierdista, se negó a luchar junto con el reformismo para combatir el nazifascismo, lo que permitió su llegada al poder, a partir de entonces pasó a defender una alianza permanente con los sectores de la burguesía «democrática».

Esto se concretará, en la posguerra, con la política de coexistencia pacífica de la URSS con el imperialismo, alianza con sectores burgueses en los países centrales y la burguesía supuestamente nacional y antiimperialista en los países periféricos. Y aquí eso se combinó con la concepción etapista de la revolución, es decir, la visión de que se necesitaba, primero, una revolución burguesa que desarrollase plenamente el capitalismo.

Fue una política que ató a los PC a la burguesía; en consecuencia, sepultó revoluciones alrededor del mundo en la segunda mitad del siglo XX y resultó en la plena adaptación de los partidos estalinistas a la democracia burguesa.

Brasil: cómo se presentó la conciliación en el movimiento sindical

En el Brasil, la ola de huelgas obreras de finales de la década de 1970 culminó en un profundo proceso de reorganización contra el sindicalismo oficial, los “pelegos”. La Conferencia Nacional de la Clase Trabajadora (Conclat), en 1981, reunió a prácticamente todas las corrientes que actuaban en los sindicatos, y fue el primer paso hacia lo que sería la CUT.

En esa época, Lula era el principal representante de los llamados “auténticos”, vistos como combativos, en oposición a los pelegos. El propio Lula venía de la estructura oficial, pero el proyecto de una central independiente y clasista era extremadamente progresivo en aquel momento.

Las corrientes estalinistas (PCdoB, PCB, MR8, etc.) tomaron una posición frontal contra la independencia de clase y el movimiento pro-CUT, uniéndose a los pelegos. Hasta el punto de casi hacer fracasar este proceso iniciado por la Conclat. Finalmente, terminaron rompiendo en 1983 y, meses después de la fundación de la CUT, organizaron lo que sería la CGT, junto al máximo representante de los pelegos en esa época, Joaquinzão. Es decir, en nombre de una política y una estrategia de alianzas con la burguesía, se unieron al interventor de la dictadura para sabotear el principal movimiento clasista de la historia del país.

Herederos: la conciliación hoy

Si la CUT, hace 40 años, representaba un avance para la lucha de la clase trabajadora, hoy sabemos que ya no es así. Hace mucho que la Central Sindical, siguiendo la política del PT, abandonó toda perspectiva de acción independiente de la clase en defensa de sus intereses contra la burguesía y los gobiernos. En el actual gobierno Lula-Alckmin, esto aparece aún más dramáticamente, convirtiéndose, en el movimiento, en una correa de transmisión directa de un gobierno en alianza con los patrones.

La tarea prioritaria planteada por Trotsky se mantiene, más que nunca, en esta etapa del capitalismo, donde los sindicatos expresan, por diversos medios, los intereses del imperialismo y no de la clase. Según él, se debe luchar “por la independencia total e incondicional de los sindicatos en relación con el Estado capitalista” (Sobre los sindicatos, 1940). Hoy, la CSP-Conlutas es, a pesar de ser minoritaria, el polo más avanzado de independencia de clase.

Y no es de extrañar que la UP y el PCB actúen para debilitar este proyecto, como lo hicieron recientemente al defender la desafiliación del Sindicato Nacional de Docentes de Instituciones de Educación Superior (Andes-SN) de la CSP-Conlutas. Siguen el hilo de una política de conciliación que atravesó el siglo y que sigue tratando de posicionarse como un obstáculo para el surgimiento y fortalecimiento de una alternativa verdaderamente independiente y clasista.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 30/3/2023.-

Traducción: Natalia Estrada.

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