Terminando las olimpiadas y el receso parlamentario, resta el genocidio, desempleo, hambre y la entrega y destrucción del país. En una punta, crece la pobreza, el hambre, la inseguridad laboral, la violencia racista, sexista y LGBT-fóbica, así como el exterminio de poblaciones indígenas. En la otra, crece la riqueza de un puñado de multimillonarios y las ganancias de los grandes monopolios internacionales, entrelazadas con las de los banqueros y los grandes empresarios nacionales, así como la corrupción.

Por PSTU-Brasil

Bolsonaro y su gobierno promueven la destrucción del país. El incendio en la Cinemateca y el apagón del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) son ejemplos del estado de barbarie que este gobierno está dejando en el país tras más de medio millón de muertos por la pandemia. La popularidad viene agotándose por el desgaste, y Bolsonaro está tratando de equilibrarse entregando el gobierno al Centrão y apoyándose en la cúpula autoritaria y corrupta de las Fuerzas Armadas.

Amenazas

Hoy por hoy, las amenazas golpistas no tienen condiciones de materializarse, una vez que ni Estados Unidos ni la burguesía apoyan tal aventura. Pero no se pueden descartar intentos de golpe de ese gobierno con bases ​​en las fuerzas militares y paramilitares, mafiosas y corruptas, como las milicias.

En una situación de grave crisis capitalista, agravada por la pandemia, la burguesía permanece dividida. Una parte mayoritaria está en contra de la continuidad de Bolsonaro para después de 2022, ya que él representa un estado permanente de inestabilidad. Por otro lado, estos mismos sectores están en contra de su derrocamiento, ya que el gobierno sigue aprovechando el Congreso contra los derechos, los servicios públicos, a favor de la privatización y la rendición total del país. Así, sigue garantizando la transferencia de ingresos de los trabajadores y los pobres a los banqueros, multimillonarios y súper-ricos.

Manifestaciones

Es necesario sacar ya a Bolsonaro de ahí. Para ello, las manifestaciones deben continuar y no detenerse. Al contrario, es necesario intensificarlas y avanzar hacia la organización de una huelga general. En este sentido, es preciso construir el 18 de agosto con asambleas en las fábricas, lugares de trabajo, viviendas, defendiendo una huelga general y la más amplia unidad para construirla.

Junto a esto, es fundamental discutir un proyecto de país que realmente aborde los problemas que aquejan a la gran mayoría de la población. Que acabe con el genocidio, el desempleo, el hambre, la crisis salarial, la precariedad del trabajo, el desmantelamiento de los servicios públicos. Y que garantice la universalización del saneamiento y la vivienda, la reforma agraria radical bajo el control de los sin tierra, la demarcación de las tierras indígenas y la regulación de las tierras quilombolas, además de proteger el medio ambiente, la soberanía nacional, la cultura y la producción científica bajo el control de los trabajadores y da la población.

Sacar de los multimillonarios y de los superricos

Para empezar, es necesario suspender el pago y auditar la deuda pública, que consume la mitad de todo el presupuesto y ahora llega al 84% del PIB, controlado por 12 grandes instituciones financieras. En segundo lugar, es necesario nacionalizar, bajo el control de los trabajadores, el sistema financiero, única forma de prevenir la fuga de capitales y garantizar el crédito a las pequeñas empresas, así como la absolución de las deudas de los trabajadores y pequeños empresarios. En tercer lugar, es necesario frenar las privatizaciones de Electrobras, Correos y Petrobras, así como el saneamiento básico, estatización de la salud privada y colocarla bajo el control del SUS. Sacar fuertes impuestos de las grandes fortunas, las ganancias y los dividendos de las 250 empresas y bancos más importantes. Junto a esto, es necesario derogar la reforma laboral, la ley de la tercerización y acabar con la precariedad del trabajo; Además de reducir la jornada laboral para 36 horas semanales, sin reducción de los salarios.

Un proyecto de esta naturaleza es el único que puede favorecer a la clase trabajadora, a los pobres y también a los pequeños empresarios y productores; acabar con la depredación del medio ambiente y defender la soberanía nacional. Esto requiere enfrentarse a los súper-ricos, no gobernar con ellos y para ellos, como propone Lula, la dirección del PT y otras candidaturas burguesas. Ya la dirección del PSOL, defiende apoyar a Lula en la primera vuelta y, lo que todo indica, participar en su gobierno, presentando algunas diferencias mínimas con el programa, pero aceptándolo no atacándolo.

Si en la lucha para derrocar a Bolsonaro ya debe haber la más amplia unidad en la acción, y si para impedir  cualquier intento de golpe de este gobierno debemos estar en la línea del frente, inclusive, organizando la autodefensa, unidos con todos los que defienden la defensa de libertades democráticas -, en el terreno del proyecto país, el camino no puede seguir siendo el de poner a la clase obrera y a los pobres al remolque de los proyectos de los superricos, pidiendo que caiga otra migaja del banquete de las ganancias , explotación y barbarie que ellos vienen proporcionando ya  hace más de 500 años en nuestro país.

Alternativa

Necesitamos construir un polo en defensa de una verdadera transformación social, una alternativa de independencia de clase, socialista y revolucionaria. Un cambio real solo puede ocurrir si es apoyado por la movilización y la autoorganización de los trabajadores y de la juventud, en las fábricas, en los bancos, y demás lugares de trabajo y de estudio, entre trabajadores precarios y de aplicativos, desempleados, en los barrios, en el campo, indígenas, quilombolas, hombres y mujeres negros, mujeres, LGBTIs, inmigrantes de clase trabajadora.

Llamamos a todos los que ven la necesidad de una alternativa de enfrentamiento con los capitalistas e independencia de clase a construir un polo revolucionario y socialista.

Traducción: Ana Rodríguez