Mientras cerrábamos esta edición, la huelga de los camioneros entraba en su tercer día mostrando mucha fuerza. Despertó gran apoyo por enfrentar el alza de los precios de los combustibles y al gobierno Temer, el más impopular de la historia del país. El parar la circulación de mercaderías comienza a tener consecuencias económicas: fábricas que empiezan a parar por falta de piezas, y se abre la posibilidad de desabastecimiento, dependiendo de la duración de la paralización

Por: PSTU – Brasil

La huelga pone en jaque el gobierno zombi de Temer, obligando al Congreso a moverse, pasando por arriba al Ministerio de Hacienda. Fue así que derrumbaron la Cide (un impuesto sobre los combustibles). Sin embargo, eso no baja mucho los precios actuales, haciendo caer solo 1,5% el precio de la gasolina y 2% el del Diésel, contra más de 15% de aumento.

El alza de los precios es causada por la política de privatización de la Petrobras. El gobierno intenta privatizar y desnacionalizar el refino, vendiendo afuera solo óleo crudo. Cuatro refinerías están en la mira de la privatización. Al servicio de esa política, la dirección de la empresa –del PSDB– estableció una política de reajustes diarios de acuerdo con la variación del cambio y de los precios internacionales.

La paralización de los camioneros no está sola. También están parados los metalúrgicos de la Mercedes Benz en el ABC [cordón industrial de San Pablo], los choferes de Salvador, y los profesores de diversas ciudades también están en huelga. La lucha de los camioneros es un estopín en medio de la insatisfacción y la indignación general de los trabajadores y de los sectores populares.

Es preciso rodear esa huelga de solidaridad y exigir que los sindicatos hagan campañas de apoyo. Más allá de eso, es preciso establecer una pauta de movilización y unificar las luchas.

Una pauta para luchar

La situación de país va de mal en peor. La economía retrocede nuevamente, al contrario de lo que propagandeaba el gobierno, derribando las previsiones anteriores de crecimiento. El desempleo solo sube, conforme apuntan los nuevos datos del IBGE [Instituto Brasileño de Geografía y Estadística], analizados en nuestro periódico.

Los banqueros y las mayores empresas están en ganancia al mismo tiempo que arrojan la crisis sobre nuestras espaldas y entregan y subordinan aún más el país a las multinacionales. Mientras esperan las elecciones en medio de grandes crisis y división, la clase dominante y sus candidaturas (incluso la mayoría de las que se dicen de oposición) no abren mano del ajuste contra los de abajo.

Es impresionante que casi todos los presidenciables, desde Lula a Alckmin, desde Ciro Gomes a Bolsonaro, defiendan abiertamente o de forma disfrazada por sus asesores, hacer una reforma de la Previsión cuando más de 80% de la población la rechaza.

La política de frente amplio, ahora organizada alrededor del movimiento Lula Libre, además de atar a las organizaciones de los trabajadores a un bloque de colaboración de clases, a un proyecto político de defensa del programa repaginado de los ex gobiernos del PT, se constituye en un bloqueo de las luchas. Desenfoca no solo las necesidades estratégicas sino también las necesidades y posibilidades de acción inmediatas.

Es necesaria una pauta de reivindicaciones para la movilización unificada a ser defendida por sindicatos y movimientos, que apoye y unifique las luchas existentes y enfrente a la patronal y el gobierno. Una pauta en defensa de la reducción de la jornada sin reducción de los salarios, de la reducción del precio de los combustibles, y de la defensa de la Petrobras 100% estatal bajo control de los trabajadores; por la revocación de la reforma laboral y la mantención de los acuerdos colectivos, contra las privatizaciones (de las refinerías de la Petrobras, de la Eletrobras, etc.); contra cualquier reforma de la Previsión (es preciso avisar a cualquier futuro gobierno que, si intenta atacar la jubilación, Brasil va a parar); por vivienda y reforma agraria; contra la criminalización de los movimientos sociales.

Es preciso exigir ese posicionamiento de las organizaciones de clase que, para eso, precisan actuar en defensa de los trabajadores de forma independiente de la patronal y con una política de movilización social.

Un proyecto socialista

En las luchas de los trabajadores en defensa de sus derechos y reivindicaciones, continuaremos haciendo un llamado a la rebelión y defendiendo un proyecto socialista. Para cambiar de una vez esta situación, impedir la entrega del país, acabar con el desempleo, con la violencia, con la corrupción, y garantizar condiciones dignas de vida para la mayoría, será preciso derrotar a los de arriba (los banqueros y las grandes empresas multinacionales y nacionales) y conquistar un gobierno socialista de los trabajadores que gobierne por consejos populares.

Artículo editorial de Opinião Socialista n.° 555, 23/5/2018.-

Traducción: Natalia Estrada.