El pueblo paraguayo se insurrecciona contra un gobierno corrupto, amigo de Bolsonaro, que, así como ocurre aquí en el Brasil, no gasta con vacunas y no combate la pandemia. Eso muestra que la caldera de América Latina se está calentando. La paciencia del pueblo tiene límite, y cuando este se levanta revela la fuerza de la clase trabajadora y de los sectores populares.

Editorial Opinião Socialista 608, 10/3/2021.-

En el Brasil, batimos sucesivos récords de muertes diarias. El propio Ministerio de Salud prevé una rápida escalada, pudiendo llegar a tres mil muertes por día en las próximas semanas.

Mientras el sistema de salud colapsa en todo el país y pacientes mueren en espera de una unidad de terapia intensiva, Bolsonaro se burla de las víctimas y de millares de familias enlutadas. “Basta de frescura, de mimimi”, vociferó.

La vacunación se arrastra a paso de tortuga, mientras la contaminación prolifera dando condiciones a la aparición de nuevas variantes del virus, más contagiosas y más letales. Este gobierno es un peligro para el Brasil y para el mundo.

Esto es resultado no solo de la incompetencia y del negacionismo oscurantista del presidente y de su entorno. Como demostró el informe de la Conectas/USP, el genocidio que sufrimos es producto directo de una política consciente. Para proteger los lucros de los grandes bancos y empresas, Bolsonaro puso en marcha una estrategia de dejar el virus correr suelto para llega a la inmunización de rebaño. Lo que consiguió fue transformar el Brasil en una “cámara de gas a cielo abierto”, como denunciaron artistas y religiosos.

En medio de esta tragedia, Bolsonaro insiste en aparecer como el defensor de los empleos, de los ingresos y de la economía, saboteando las parcas medidas de distanciamiento social en los Estados. No obstante, así como él es el principal responsable por transformar el Brasil en una gran fosa común, también es responsable por los millones de empleos perdidos y por la caída en los ingresos del pueblo.

La razón del desempleo y la crisis social es, además de la crisis del sistema, la propia profundización de la pandemia por Bolsonaro. Si hubiese una cuarentena de hecho, desde el inicio, con aislamiento social y condiciones para que el pueblo la haga, además de la compra de las vacunas despreciadas por el gobierno, no estaríamos cavando sepulturas sino preparando la recuperación. Bolsonaro hace lo contrario: promueve aglomeraciones, hace campaña contra el uso de máscaras y contra la propia vacuna.

Es preciso un lockdown de 30 días con vacunación en masa, estabilidad en el empleo y mantención de los salarios; junto con eso, un auxilio de emergencia de R$ 600 (que debería ser, en realidad, de un salario mínimo) mientras dure la pandemia.

Para eso, es preciso quebrar las patentes para producir vacunas para todos; parar las privatizaciones de la Petrobras, de los Correos y de las demás estatales; impedir la destrucción de los servicios públicos y del medio ambiente.

¡Es preciso organizar la lucha! Tenemos que avanzar rumbo a una huelga general que pare el país a partir de grandes empresas, bancos, agronegocio, y grandes tiendas como Havan y Riachuelo. No podemos esperar a 2022, es preciso luchar ya contra este genocidio y la destrucción del país. En ese sentido, el próximo 24 de marzo tiene gran importancia. Es día nacional de movilización por el “¡Fuera Bolsonaro!”, paralizando por la base los sectores donde sea posible.

Gobernadores, oposición, centrales sindicales y demás organizaciones de la clase precisan parar de jugar para la platea y abandonar la estrategia de “dejar que Bolsonaro sangre” hasta 2022. ¡Dejar todo para las elecciones es seguir con un genocidio que debe ser parado ahora! ¡Fuera Bolsonaro y Mourão, ya!

Construir una alternativa de clase y socialista

Es preciso unidad en la lucha entre todos los sectores que están dispuestos a movilizarse contra el genocidio en marcha. Pero es preciso, también, en ese proceso, discutir una salida de fondo para el país.

No podemos caer en la vieja armadilla de canalizar nuestra lucha hacia salidas por dentro del sistema, con medidas que no tocan los problemas estructurales del país. Precisamos luchar para sacar a Bolsonaro y Mourão y por un plan de emergencia de la clase trabajadora, que prevea, además de la cuarentena, el auxilio y la defensa del empleo y los ingresos, el fin y la revocación de las reformas laboral y previsional, el fin de la entrega del país, con la reestatización de las empresas bajo el control de los trabajadores.

Precisamos tirar abajo la ley del techo de gastos, así como la Ley de Responsabilidad Fiscal, suspendiendo el pago de la falsa deuda a los banqueros, estatizando el sistema financiero bajo el control de los trabajadores.

Por una alternativa revolucionaria

Para eso, tenemos que enfrentar a los grandes banqueros y a los empresarios. Un cambio real de nuestras condiciones de vida, que enfrente no solo la pandemia y la guerra social, sino que supere los problemas estructurales como el desempleo, el saneamiento básico, el genocidio de la juventud negra, el machismo, el racismo y la lgbtfobia, que solo vendrán con una nueva sociedad.

Un nuevo modelo solo será posible con la autoorganización de la clase trabajadora. No con proyectos de conciliación de clases dentro del sistema, como defienden el PT y el PSOL.

Precisamos de una alternativa revolucionaria y socialista, que luche por un gobierno socialista de los trabajadores, basado en consejos populares.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.