Vie Jul 12, 2024
12 julio, 2024

Aumenta la crisis del sionismo y crece el apoyo a la resistencia armada en la Palestina ocupada

Mientras Israel camina a grandes pasos para ocupar el merecido puesto de Estado paria, el pueblo palestino enfrenta un sufrimiento atroz, pero se mantiene firme y confiado. Estos son los informes procedentes de la Palestina ocupada. Un retrato de esto es el aumento del apoyo a la resistencia armada.

Por Soraya Misleh

Al derramamiento de sangre impuesto al pueblo palestino desde Gaza hasta Cisjordania y la Ciudad Vieja de Jerusalén, la respuesta de quienes no tienen nada que perder se refleja en una encuesta realizada por el Centro Palestino de Investigación Política y Pesquisa, entre el 26 de mayo y el 1 de junio: 54% de los entrevistados en Cisjordania y la Franja de Gaza defienden este camino para poner fin a la ocupación sionista. La encuesta también refleja optimismo sobre la caída del criminal Netanyahu, pero la mayoría no tiene ilusiones sobre las negociaciones con un nuevo gobierno sionista.

Hay una disminución en la creencia de que la perspectiva de “dos Estados” sería la solución, y un creciente repudio al gerente de la ocupación sionista, la Autoridad Palestina: “Poco más de la mitad cree que Hamás es el que más merece representar y dirigir al pueblo palestino hoy, mientras sólo 16% cree que Fatah, bajo el liderazgo de Abbas [Mahmoud Abbas], es el más merecedor”. 94% de los habitantes de Cisjordania y 83% de los de Gaza exigen la dimisión del presidente Mahmoud Abbas.

Una de las razones se explica en un informe de Middle East Eye: el “profesionalismo” de las fuerzas policiales y de inteligencia de la Autoridad Palestina, como parte de la cooperación de seguridad con Israel, para reprimir la resistencia en Cisjordania, incluso en medio del genocidio y la profundización de la limpieza étnica.

La investigación se llevó a cabo en medio de más y más crímenes contra la humanidad, en una escalofriante colección de masacres que componen el genocidio en Gaza y frente al creciente derramamiento de sangre en Cisjordania, que enfrenta una limpieza étnica avanzada. Hasta el 19 de junio, sin contar las miles de personas desaparecidas bajo los escombros, hay más de 37.000 palestinos asesinados en Gaza y más de 85.000 heridos, 70% de los cuales son mujeres y niños. En Cisjordania y la Ciudad Vieja de Jerusalén, desde inicios de octubre de 2023 son más de 520 muertos, entre ellos más de 130 niños. Israel está siendo incluido día tras día en las listas sucias de las Naciones Unidas (ONU), entre los mayores violadores de niños del mundo, entre las fuerzas de ocupación más criminales, etc.

Además de las acusaciones, la búsqueda por Israel de una “solución final” enfrenta a un pueblo cuya perspectiva histórica es la liberación. “Por aquí pasaron muchos ocupantes, ninguno logró quedarse. Y ningún imperialismo dura para siempre”. Esta es una frase común entre los palestinos, enseñada de generación en generación.

La resistencia heroica e histórica sigue viva y no se curva. “Si uno de nosotros es eliminado, otros diez deben venir en su lugar. Esta es la marca genuina de nuestra lucha, y ni la censura ni la simple complicidad cobarde podrán apagarla”, había revelado ya el intelectual palestino Edward Said (1935-2003). La máxima del revolucionario marxista palestino Ghasan Kanafani sigue vigente: “Con sangre escribimos por Palestina”.

Aislamiento y crisis

La máscara cae. El espantoso rostro del Estado sionista está expuesto y el aislamiento internacional se profundiza. En el Brasil sigue planteada la exigencia de que Lula rompa inmediatamente las relaciones económicas, militares y diplomáticas con el genocida Estado de Israel.

En medio de este proceso en el que la solidaridad internacional no da tregua, Estados Unidos enfrenta su propia crisis. Con las inminentes elecciones presidenciales este año, el imperialismo estadounidense está tratando desesperadamente de tapar el rostro del monstruo que alimenta. Para intentar salvar el proyecto colonial, puede arrojar a Netanyahu a los leones –en medio de fricciones internas, que incluyen la disolución del “gabinete de guerra” por parte del criminal primer ministro después de que el líder sionista Benny Gantz abandonara esa coalición–. Gigantescas movilizaciones dentro de Israel exigen la cabeza de Netanyahu, no por preocupación con las vidas palestinas, sino porque entienden que el proyecto sionista está amenazado. Netanyahu corre el riesgo de perder su cargo y ser arrestado, y responde amenazando con una guerra total contra el Líbano. Así, cada día cava su propia tumba.

Estados Unidos busca un acuerdo de alto el fuego que preserve su enclave militar y está entre las posibilidades un plan de que la pos Gaza coloque a la estrecha franja en manos de la Autoridad Palestina, impopular y mal vista por los palestinos. Para ello se está considerando su “revitalización” y “reforma”. Y, hasta que la Autoridad Palestina pueda asumir la franja, la instalación de fuerzas de paz de las Naciones Unidas en Gaza –como propuso la Liga Árabe en mayo, con la presencia de Abbas, en la misma reunión en la que condenó “vehementemente” el bloqueo y los ataques a navíos comerciales por parte de los hutíes de Yemen en el Mar Rojo y el Golfo de Adén.

Estas fuerzas internacionales de paz son rechazadas por la resistencia, que entiende que también les pondrían un blanco de tiro en la espalda. El peor de los mundos en la lucha por la liberación, tras el urgente alto el fuego, sería que Estados Unidos pusiera sobre la mesa un nuevo acuerdo de Oslo, que no representó para el pueblo palestino más que otros 30 años de paz de los cementerios y avance en colonización y limpieza étnica de sionistas, mientras se creaba una nueva clase capitalista dependiente de la ocupación.

Es necesario observar el movimiento entre los enemigos históricos de la causa palestina, identificados por Kanafani: además del imperialismo/sionismo, los regímenes árabes y la élite reaccionaria árabe-palestina.

El mejor de los mundos es la profundización de la derrota política de Israel, que señala una victoria de la resistencia. El caso es que la imposibilidad de eliminarla se escribe todos los días. El pueblo palestino tiene una certeza: no perdonará, no olvidará, no será borrados del mapa. Y nunca se doblegará. Hacia una Palestina libre, del río al mar.

Traducción: Natalia Estrada.

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