El capitalismo imperialista impone para la mayoría de la población cada vez peores condiciones de vida. Frente a esta situación aparece la discusión de cuál es la mejor salida. El mundo está en una encrucijada y el conjunto de los sectores de poder, con auxilio de los medios de comunicación serviles, impone una falsa y única opción dentro del sistema capitalista: una polarización fatalista entre las “democracias” que hay actualmente en los países y las dictaduras o regímenes más bonapartistas.

Por PSTU-Argentina

Como si lo máximo a lo que los trabajadores y el pueblo pudiéramos aspirar fuera defender la democracia que tanto nos costó conseguir.

En esta disputa entre gobiernos populares de “izquierda” versus conservadores y reaccionarios de derecha, no nos quedaría otra alternativa que apoyar al “progresismo” para defender la “democracia”, que sería lo menos malo dentro de “lo posible”. Sin embargo, esta dicotomía de lo posible esconde la verdad de fondo.

Es necesario dejar claro de entrada que las dictaduras militares que ejercen la represión y la entrega de nuestros recursos sin la más mínima libertad democrática para los trabajadores y el pueblo no son iguales a los regímenes de la democracia burguesa, en la cual los trabajadores nos podemos organizar y existe un espacio para las luchas democráticas, mal que les pese a los gobiernos. Por eso, por ejemplo, en nuestra corriente durante la última dictadura militar, el PST, estuvo en primera línea de lucha contra la Dictadura, ¡Abajo la Dictadura Militar! La pelea contra la dictadura tiene que ver con la pelea por las máximas libertades democráticas posibles y eso es fundamental e irrenunciable.

Sin embargo, no podemos olvidar que, por ejemplo, el golpe militar del ´76 fue orquestado también por una parte civil, los partidos burgueses. Por eso, mientras agitábamos ¡Abajo la dictadura!, no mantuvimos expectativas ni llamamos a confiar en los gobiernos burgueses que siguieron. A la Dictadura la tiró el pueblo en la calle.

El mismo sistema mundial

En todo el mundo hoy, la sociedad está dividida en clases y los gobiernos y sus funcionarios pueden ser directamente dueños de una porción importante del capital existente de un país, como lo fueron Piñera, Trump o Macri, en Chile, EE.UU y Argentina, respectivamente. O representantes indirectos de ese capital, sin ser dueños, como Boric, Biden o Fernández, en los mismos países mencionados.

Aunque resulte sorprendente, la mayoría de la población mundial  vive bajo regímenes dictatoriales y la otra parte en regímenes de democracia burguesa, sin embargo, impera el sistema de producción capitalista: es decir un sistema que se basa en el robo de unos pocos del trabajo de la inmensa mayoría, un sistema que condena a la miseria a la mayoría de la población, que utiliza todo tipo de opresión ( a las mujeres, a la comunidad LGBTI, a la población negra, a los inmigrantes, y demás) solo para aumentar las ganancias de unos pocos, un sistema que persigue permanentemente a quienes pretenden cambiarlo, ya sea mediante la criminalización, judicialización y la cárcel en los países “democráticos”, o mediante asesinatos directos, en regímenes más autoritarios. En distintas formas, el sistema es el mismo.

Este es el debate central que no se puede obviar. Los revolucionarios no apoyamos gobiernos burgueses por “diferentes” que sean, combatimos a los representantes del capital explotador por más «progresistas» que se presenten ante el movimiento de masas. Las expresiones políticas presentadas como de izquierda o de derecha por los medios de comunicación masivos no son más que distintas variantes de un sistema común de producción capitalista.

Las diferencias entre partidos burgueses incluso ahora, entre el PRO y el FdT son los ritmos en que se aplicarán los saqueos, tarifazos y entregas de todo tipo, su plan general es el mismo, un plan unido por los pagos al FMI: uno se endeuda y el otro paga, los trabajadores cada vez más hundidos, el hambre cada vez más grande, la pobreza en un 40%, la que pierde es siempre nuestra clase.

El debate que debemos dar

Dar este debate a fondo es una tarea primaria de los revolucionarios, ya que la propaganda del sistema capitalista se basa en negar esta realidad y convencer al movimiento de masas de que la “democracia” es el gobierno del pueblo y que con el voto se puede mejorar la condición de vida de la sociedad solo “votando bien”.

Hacemos este planteo con una certeza: que no hay ninguna posibilidad de desterrar el hambre y la desocupación, de combatir la esclavitud vigente, la explotación y la opresión, de dejar de contaminar el planeta y liquidar nuestro hábitat, de garantizar el desarrollo de la civilización humana terminando con las guerras y los millones de seres humanos que buscando refugio mueren a diario, sin derrotar al capitalismo realizando una revolución social que le saque el poder a la burguesía y sea administrado por la clase obrera.

Éste no es nuestro sistema, sólo funciona para los ricos

Pero lo que realmente no se debe eludir es el debate del régimen político. La democracia burguesa no es nuestro sistema, no le pertenece a la mayoría de la población, no soluciona los problemas de la clase trabajadora, no tenemos ningún poder bajo este régimen: es una dictadura del capital. Está armada sobre una mentira, y apostar a desarrollar esta democracia burguesa, o lo que es lo mismo, intentar humanizarla, es una pérdida de tiempo y malgastar una fuerza que debe concentrarse en barrerla por completo.

Tanto es así, que hasta la propia Vicepresidenta Cristina Fernández lo admitió días pasados en la Universidad Nacional de Chaco: “(…) esta suerte de concentración de la riqueza en la pandemia, el neoliberalismo, el endeudamiento, etc., provoca hoy, aquí en nuestro paíspero en el mundo tambiénlo que se denomina la insatisfacción democrática, la falta de respuesta de los estados, a las distintas demandas de las sociedades (…) la plata no le alcanza, no llega a fin de mes y se produce un fenómeno (…) un segmento de los trabajadores en relación de dependencia pobres. Esto nunca había pasado (…) Producto de dos políticas: la concentración de los ingresos, distintos métodos de apropiación de rentabilidades y una política, también de bajos salarios (…)”

Año tras año las multinacionales siguen saqueando con el permiso de los gobiernos de turno, el hambre crece, la pobreza aumenta, y las crisis son recurrentes, cíclicas, porque cualquiera sea el gobierno garantiza la permanencia del sistema capitalista.

Milei, una variante del sistema capitalista disfrazado de anti-sistema

Milei es una expresión que ha despertado simpatía en sectores del movimiento de masas. Recoge el hartazgo de parte de la población con el régimen de democracia burguesa que rota sus representantes para mantener  el robo permanente, la corrupción y el saqueo a los trabajadores. Milei es la apuesta de un sector burgués que quiere mano dura, que se referencia con las ideologías de derecha, que dice que hay que terminar con los vagos del Parlamento, donando su sueldo, que no sirven para nada, que hay que quemar el Banco Central, que los políticos son una casta, y que va por la libertad. ¿De quién?: en realidad, del capital.

Milei

Milei se apoya en el descontento general contra el sistema, pero para mantenerlo. No está en contra de las multinacionales ni de los ricos, sólo está ocupando un espacio que, lamentablemente deja la izquierda parlamentaria que cuenta con minutos de televisión y un buen número de bancas, abandonando la lucha frontal y clara con la democracia burguesa.

La clase obrera y los trabajadores deben gobernar directamente

La democracia burguesa se basa en que nosotros, el pueblo, “elegimos” representantes para que gobiernen por nosotros, por más que, según lo que nos dicen, la “democracia” es el “poder del pueblo”. Y así vemos todos los días que, aunque nos movilicemos por miles y miles diciéndole a “nuestros representantes” que no queremos Reforma Laboral o Jubilatoria, que no queremos pagar la Deuda Pública fraudulenta, Interna y Externa, que queremos trabajo, salarios dignos, etc., todo lo que votan va en contra en nuestra.

Los medios de comunicación y los dirigentes de la burguesía nos acusan de violentos, de romper baldosas, en definitiva, de defendernos, porque para poder sacar sus leyes de hambre tienen que utilizar la fuerza. Porque así es la democracia para los ricos, ese es el acuerdo que tienen con los Milei, un acuerdo muy firme de no cambiar nada. Los versos seguirán siendo versos: terminar con la pobreza sin terminar con el capitalismo es eso, un enorme verso.

La dictadura del capital (como la llamaron los maestros del marxismo), una dictadura de la minoría burguesa contra la mayoría del pueblo, no es nuestro sistema, queremos otro sistema. Queremos que sea al revés, que la mayoría del pueblo le imponga a la minoría de la burguesía como van a ser las reglas del juego, una democracia obrera, democracia plena para nosotros que decida todo. Que organice la producción bajo una economía planificada, no al servicio de las ganancias sino de acuerdo a las necesidades, que reparta los alimentos, que termine con el sistema capitalista, que lo que producimos no se lo apropie una persona sino que se reparta y para eso, necesitamos gobernar directamente, a través de organismos de nuestra clase.

Contamos con petróleo, gas, producimos alimentos, podemos construir las escuelas y hospitales necesarios, tenemos todo lo que necesitamos, somos un país rico en recursos. Nos hace falta un gobierno de los trabajadores que llame al conjunto de nuestros pueblos hermanos a tomar la misma senda y construir una Latinoamérica unida que expulse a las multinacionales y termine con el capitalismo.

Que no nos corran con que no respetamos la “democracia”, esta no es nuestra “democracia”, es la suya, no es nuestro sistema, nuestro sistema va contra ellos, los ricos, y como lo saben, nos enfrentan.

La revolución social será el fin de nuestros flagelos. Así pensamos los militantes revolucionarios del PSTU argentino y la Liga Internacional de los Trabajadores.