Contra Kirchner y Lavagna
La pelea es por terminar con el saqueo



Con amplia mayoría en senadores y diputados, Kirchner está logrando que el Congreso le vote los llamados «superpoderes» y confirme sus innumerables «Decretos de necesidad y urgencia» (DNU). Ya sabemos de qué se trata. El actual presidente, igual que en tiempos de Alfonsín, Ménem, De la Rúa y Duhalde, gobierna con decretos supuestamente de «necesidad y urgencia» sin tener que lograr que el Congreso le vote leyes. Y ahora se agrega que el jefe de Gabinete (un funcionario solo elegido por el propio presidente) puede disponer a su gusto de los fondos del presupuesto nacional, cosa que también se supone que la tiene que decidir el Congreso.


A diferencia de los anteriores presidentes, Kirchner ordenó al Congreso darle superpoderes, no por un período de algunos meses, sino por tiempo ilimitado. Esto ha provocado críticas muy duras de todos los sectores opositores, desde Lavagna, pasando por Macri y Carrió hasta los socialistas y en muchos medios de difusión, en particular el diario La Nación. Estos llegan a decir que Kirchner y los diputados y senadores que le votan los superpoderes están violando la Constitución, para establecer una especie de»dictadura» democrática, desde un gobierno electo, que desconoce al Congreso y las demás instituciones.


Lo primero que a uno se le ocurre es que Kirchner quiere usar la plata para hacer su campaña electoral en el 2007 y favorecer a algunos amigotes con el dinero de los impuestos. Eso es así. Pero lo que hay detrás de este asunto es mucho más.


La pelea por la torta… mundial


Detrás de la cuestión de los superpoderes hay una pelea entre distintos intereses imperialistas, concretamente por quién se queda y cómo con las grandes ganancias que deja el saqueo del país.


Detrás de la pelea por los «superpoderes» en la Argentina está justamente la disputa por las inmensas ganancias que siguen generando en la Argentina las exportaciones de granos, carne, minerales, petróleo y acero. El gobierno de K quiere poder seguir beneficiando a Repsol y las demás multinacionales a las que sirve sin que el Congreso lo controle. Lavagna y la Sociedad Rural reclaman un pedazo mucho más grande de la torta para inversiones que beneficien a los intereses que ellos defienden.


Kirchner o Lavagna, subsidios o inversión, superpoderes o juego parlamentario


El gobierno de Kirchner se viene manejando con una política que hasta ahora seguía al pie de la letra los dictados de Bush y el FMI: abrirse al saqueo de las materias primas (cereales, carne, petróleo) y algo de industria (principalmente exportaciones de productos alimenticios, acero y unos miles de autos), todo en manos de grandes multinacionales (Repsol, Techint, Bennetton, King Ranch, Ford, Renault, Fíat, Toyota), pagar la deuda con el FMI y solo la inversión imprescindible para que todo siga funcionando. Kirchner mantiene también las privatizaciones de Menem y los inmensos subsidios a las empresas concesionarias de los mismos.


Con el auge de los precios de las materias primas el esquema funcionó. Y el crecimiento de la economía permitió que aumentara el empleo y sectores de los trabajadores y la clase media pudieron sacar la cabeza del agua.


En el último año y medio este crecimiento llevó a las fábricas, las usinas, el transporte y toda la infraestructura ?que no se agrandó y siguió sufriendo un serio desgaste- al límite de su capacidad. Combinado con el alza de los precios internacionales, esto provoca inflación en el país. A su vez, al haber más empleo, y viendo caer sus ingresos por la inflación, los trabajadores salen a reclamar aumentos salariales.


El gobierno de Kirchner se apoya en la burocracia de Moyano y la CTA para contener los reclamos salariales con el «techo» del 19%. Y trata de frenar la inflación con distintas medidas: imponiendo «acuerdos» de precios con distintos sectores empresarios, prohibiendo la exportación de carnes y manteniendo congeladas las tarifas de los servicios públicos.


En su reciente viaje a España Kirchner ratificó su estrecha alianza con Repsol y otras multinacionales con base allí (como Telefónica) y que seguirán los subsidios. Y Repsol respondió anunciando un plan de inversiones de 6000 millones de dólares para los próximos tres años. Eso simplemente significa que Repsol va a hacer las mínimas inversiones necesarias para seguir saqueando el petróleo y el gas argentino.


Esencialmente lo que dice Kirchner es que no va a cambiar nada hasta después de las elecciones presidenciales del año que viene. Aclaremos que no se trata de una alianza de Kirchner exclusivamente con el imperialismo español. Repsol, Telefónica y la mayoría de las multinacionales «españolas» que se apoderaron las riquezas naturales y los servicios en la Argentina son controladas, en importante medida por capitales yanquis y de otros países europeos. Y la política de Kirchner es servir a esos intereses.


En cambio desde la Sociedad Rural y otros sectores empresarios, se vienen levantando reclamos que podemos sintetizar en los siguientes puntos, que son por otra parte los que vienen planteando Lavagna: a partir de ahora un techo mucho más bajo de aumentos salariales; basta de controles de precios disfrazados, de «acuerdos» con empresarios y de prohibición de exportación de carne; basta de subsidios a las privatizadas; disminución de las retenciones a las exportaciones; aumento de tarifas de todos los servicios; fuerte inversión en electricidad, transporte y puertos con los fondos que hasta ahora van a subsidios. Y flotación más libre del dólar, sin intervención del Banco Central para mantenerlo alto.


Es interesante ver que en los últimos días se han reactivado las amenazas de paro agropecuario de organizaciones como la Federación Agraria Argentina (FAA) que nuclean a cientos de miles de pequeños y medianos productores, descontentos por la prohibición parcial de las exportaciones de carne y otros problemas. Es decir que empieza a haber enfrentamiento con el gobierno de sectores medios que pueden convertirse en una importante base social, tanto para el programa que levantan las multinacionales que coparon la Sociedad Rural y otras entidades, como para la candidatura de Lavagna.


La ley del Congreso que otorga al gobierno de K los superpoderes y las críticas a la misma de la oposición, que hoy tiene su principal vocero en Lavagna, son, por lo tanto, la expresión de una pelea en la Argentina de distintos sectores imperialistas y sus representantes políticos por el reparto de la torta. Muy especialmente por el reparto de los miles de millones que hoy van a subsidios a las privatizadas y que grandes multinacionales reclaman que vayan a infraestructura (trenes, caminos, electricidad, puertos, etc.) para poder aumentar el saqueo.


Claramente de estas peleas entre las multinacionales y sus representantes políticos no va a salir nada a favor de los intereses de los trabajadores y del país. La salida para los trabajadores y el pueblo pasa por quitarles el control de nuestros recursos y nuestras empresas a las multinacionales y que queden en manos de la clase obrera para imponer su propia salida a la crisis. Contra el imperialismo y todos sus representantes políticos ?se llamen Kirchner, Lavagna, o como sea- en el país.