Evidentemente fue un gran acto por la reelección que mostró a un presidente capaz de convocar a alrededor de 130.000 personas y eso es algo que no se veía desde los primeros años del gobierno de Ménem, hace una década y media.


El acto se organizó apoyado principalmente en el viejo aparato del PJ -intendentes, gobernadores, punteros- el aparato sindical -moyanista y de los gordos- y los piqueteros oficialistas -FTV, Patria Libre, Movimiento Evita- que llevaron a la gran mayoría de los asistentes.


Al mismo tiempo contó con la adhesión de importantes dirigentes radicales (estuvo Posse, el intendente de San Isidro), de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de sectores «progresistas» de clase media representados por los principales artistas que aparecieron en el escenario. Tuvo además el fuerte apoyo de empresas que garantizaron transporte gratis (subtes y trenes) y otras que no descontaron el día a los trabajadores que iban al acto.


Mientras tanto, en el barrio y en la fábrica.


Si bien, tal como manifiestan todos los medios, el acto no tuvo nada de «autoconvocatoria», sino que fue garantizado por el trabajo del aparato, hubo una corriente de simpatía que posibilitó que ese trabajo fuese exitoso.


Entre los millones de personas que no fueron a la plaza hubo un sector importante que vio con simpatía el acto y el llamado de Kirchner. Y otro sector numeroso al que el acto no le provocó el mismo rechazo que siente hacia lo que hacen la mayoría de los dirigentes políticos y sindicales, incluidos muchos de los que estaban en la plaza.


Desde ya que también hubo importantes sectores de trabajadores y del pueblo que rechazaron a Kirchner y su convocatoria. En algunos lugares de trabajo hubo irritación por la millonada que gastó el gobierno en la organización, sacada de los impuestos que todos pagamos. Y también en los barrios hubo sectores con bronca por la manera en que los punteros y dirigentes piqueteros amenazaban con quitar planes y bolsas de comida a los que no subieran a los micros.


Pero, a pesar de todo eso y de que en la plaza no se vio un gran entusiasmo, sino un clima más bien frío que la agitación de los locutores y los punteros no logró calentar, el acto fortaleció al gobierno que dio un importante paso en su campaña por la reelección.


Lo primero, la economía


Muchos compañeros se preguntan: ¿por qué pasa esto? La primera explicación está en la situación económica. El crecimiento de la economía mundial favorece las exportaciones, motor de la economía argentina, «lubricado» por el «aceite» de la devaluación del 2002 que abarató la mano de obra y los productos argentinos en el exterior.


Esto ha resultado principalmente en grandes ganancias para las multinacionales que son dueñas de la economía argentina. Pero también en más empleo y en la posibilidad de pelear y conseguir aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo. También hay más consumo, que favorece a la clase media.


Los aumentos salariales y la política del gobierno para contener los precios – incluido su enfrentamiento con los ganaderos- apaciguaron en los últimos meses el descontento que estaba provocando la inflación.


La política hacia los genocidas del 76


La segunda explicación tiene que ver con la anulación de las leyes que protegían a los genocidas, el museo en la ESMA, el retiro de los retratos de generales genocidas y en general su posición de enfrentamiento a los militares del proceso. (Ver pág.4). Todos estos logros, que son conquistas de la permanente lucha contra el genocidio, son también parte de su política para recomponer las FFAA y le han permitido ganar la simpatía de amplios sectores relacionados a los Derechos Humanos. Su aspecto más visible es el apoyo logrado de figuras como Hebe de Bonafini y de artistas como Mercedes Sosa y Víctor Heredia.


Un vacío difícil de llenar


Antes y después del acto, Kirchner hizo numerosas declaraciones diciendo que ve que no sólo el radicalismo, sino el mismo peronismo siguen en crisis y repudiados por la mayoría de la gente. Evidentemente él no ignora que estos 130 mil, con ser importantes, están lejos de los 500 mil que reunían los actos electorales de peronistas y radicales de principios de los 80, lo que refleja que no se ha recuperado para nada el entusiasmo con la «democracia».
Incluso manifestó que ya no sirven los partidos políticos Y la política que dio para recomponer el régimen es la construcción de dos nuevos movimientos, el suyo de centroizquierda, y otro de centroderecha con Macri, López Murphy. para turnarse en el gobierno. Desde el lado de Kirchner, el acto fue un primer paso hacia ese movimiento.


Ha sido un paso importante de su proyecto, aunque con un alto grado de inestabilidad. Como lo manifiestan varios analistas burgueses, no es fácil mantener en un mismo movimiento a los Gordos de la CGT, los ex intendentes menemistas, corrientes piqueteras, matones sindicales y a las Madres de Plaza de Mayo. Sobre todo teniendo en cuenta que Kirchner no es Perón y que la recuperación económica de hoy ni se aproxima a la riqueza de la posguerra que garantizó la estabilidad de los años 50.


Por el lado de la derecha, no se ve que estén consiguiendo construir una alternativa. Hasta el punto de que Macri no ha conseguido ni siquiera el apoyo de su padre y declaró que en el 2007 posiblemente apoye a. la Carrió.


El sol brilló el 25 para Kirchner, pero.


En conclusión, el acto fue una muestra que en estos tres años el gobierno se ha fortalecido, que ha habido también una recomposición del régimen (si lo comparamos con el 2002), pero que los problemas de fondo siguen ahí.


El saqueo de las riquezas del país por las multinacionales provoca estallidos como el de los petroleros de la Patagonia y reclamos masivos como el de los entrerrianos contra las papeleras. La deuda externa sigue pesando como una loza sobre la Argentina por más que Kirchner hable de soberanía. El derrumbe de la educación y la salud no encuentran solución. Los salarios que siguen siendo miserables para la mayoría y las terribles condiciones de trabajo empujan cada vez a más trabajadores a la lucha. Los cuatro años de crecimiento no han resuelto la mayoría de los problemas de fondo y la poca mejora que hay no alcanza para que la gente se olvide de la bronca a los políticos, aunque Kirchner caiga simpático.


Y siempre está latente la amenaza de que bajen los precios de las materias primas en el mercado mundial, se acabe el «viento a favor» de la economía y se le nuble el sol a Kirchner. El sol del 25 brilló para Kirchner. Pero las nubes y el frío no han desaparecido.


<recuadro>
Sobreranía e independencia?


Junto a la reivindicación de su política de derechos humanos y el llamado a construir una «centroizquierda pluralista», el otro gran eje del discurso de Kirchner en la Plaza fue defender el pago y la renegociación de la deuda externa. Montado en el «viento a favor» de la economía, Kirchner ha logrado convencer a importantes sectores de la población que el pago de la deuda al FMI y la renegociación de la deuda privada que favoreció a los grandes fondos buitres, son muestras de «soberanía».


Uno de los grandes ejes del discurso de Kirchner en la plaza fue precisamente insistir en que, con el pago y la renegociación de la deuda, se ha logrado mayor independencia para el país. Nosotros creemos que no es así. Por el contrario estamos convencidos de que las multinacionales y los grandes bancos internacionales han ganado como nunca bajo Kirchner con el saqueo de la Argentina.


Una muestra de ello. ¿Qué dijo Kirchner sobre la lucha de Gualeguaychú contra las papeleras? ¿Qué dijo del hecho de que Bolivia y luego Ecuador han dado algunos pasos hacia la renacionalización del gas y el petróleo? No dijo nada. Y no es para sorprenderse. Kirchner apoyó con todas sus fuerzas la privatización del petróleo argentino en tiempos de Ménem. Cuando Evo Morales tomó sus recientes medidas, Kirchner se reunió inmediatamente con el presidente de Repsol. Y luego fue a la cumbre con Evo, Lula y Chávez, a defender los intereses de la multinacional española.


Por eso Kirchner no dijo una sola palabra en su discurso sobre la noticia que más conmovió y entusiasmó a los pueblos de América Latina en los últimos tiempos. Porque él defiende los intereses de las multinacionales, como Repsol, y no la soberanía. Por lo tanto, poco tuvo que ver el discurso y el acto de Kirchner con la idea de independencia y soberanía defendida por los patriotas de mayo de 1810.