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El gobierno, los grandes empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA) y los dirigentes de la CGT que lo apoyan, repiten sin cesar que este “modelo productivo” es el que le permite a nuestro país dar trabajo y una vida mejor a millones, mientras en Europa campea la desocupación y aplican bestiales ajustes o en Estados Unidos se encuentran al borde de la cesación de pagos.



Muchos honestos trabajadores, de muy diferentes gremios, se confunden con esas supuestas “verdades”. O como mínimo opinan que, comparando con el de Alfonsín, Menem o De la Rúa, éste “modelo es mucho mejor” o que “profundizarlo parece buen rumbo”.



Entendemos que, actualmente, tengan una cierta sensación de alivio, después de la catástrofe de desocupación e indigencia previa a la rebelión del 2001. Sin embargo, la realidad que vemos es otra.

 

Blanco y Negro



En el 2008, con la pelea entre la patronal agraria y el gobierno, volvió a salir a la luz el trabajo en negro y hasta la esclavitud de 65% de los peones rurales. Mucho menos publicitado, es que hoy está en negro el 38% de los trabajadores del país, abarcando a la industria y los servicios.



Sin aportes jubilatorios, vacaciones, aguinaldo, ni días por enfermedad. Sus salarios son en promedio la mitad de los que están “registrados en blanco”. Subsiste la mayor parte de las lacras del menemismo que sufre nuestra clase obrera.



Pero los “registrados en blanco”, a su vez están fragmentados entre efectivos y contratados, entre los tercerizados y los de planta. Obreros que hacen el mismo trabajo en una misma línea, cobran salarios que son la mitad de los efectivos. Son obreros sin afiliación sindical, sin defensa ni estabilidad, carne de explotación sin derecho alguno.



En las grandes empresas se concentra el mayor número de registrados, en blanco y efectivos. Allí aumentan las ganancias patronales a costa de flexibilización, polivalencia laboral y “aprietes” en los ritmos de producción con menos personal. Allí los métodos de los gerentes, en complicidad con los dirigentes sindicales son: el lavado de cerebro para involucrarnos con la “camiseta” de la empresa, apropiarse del saber de los obreros a través de “programas de sugerencias”, la institución de los “líderes de equipo” para enfrentar a los obreros entre sí. Los objetivos son explotar más y dividir a nuestra clase para impedir la resistencia colectiva.

 

¿Y los salarios?



En teoría el salario es el valor de la fuerza de trabajo medido en dinero. Es el valor de los medios de vida necesarios para el obrero y su familia, la “canasta familiar”. Con la inflación el poder de compra de nuestros salarios, el salario real, baja. Con la devaluación de Duhalde en el 2002, el salario real cayó a una cuarta parte de su valor.


Durante estos años de modelo kirchnerista, hubo una constante presión desde el gobierno para bajar el salario, con la inflación y con la ayuda de los “techos” que pactó Moyano. La tenaz resistencia de nuestra clase obrera desde las bases logró a duras penas contrarrestarla.



Por eso desde el 2003 se recuperó, en parte, el salario real. Pero quedó estancado a valores de la época neoliberal de Menem y Cavallo.



Para colmo, si con enormes sacrificios un obrero cobra más de 4.800 pesos mensuales, deja de percibir las asignaciones familiares, mientras la canasta familiar ronda los 6.000 pesos en Capital y GBA.

ART “ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO”: mARTirizando OBREROS

Con el “modelo” la producción industrial y agrícola crecieron a “tasas chinas”. También crecen las enfermedades, los accidentes y muertes de trabajadores en líneas de producción, obras de construcción, caminos, puertos…



Las antiguas leyes sobre accidentes y de seguridad e higiene en el trabajo se basaban en la responsabilidad civil de la patronal.



El artículo 75 de la ley 20.744, de Contrato de Trabajo, hace posible demandar por juicio civil una reparación monetaria por los daños en nuestra salud, por accidentes o enfermedades laborales. Muchos compañeros buscaron la vía judicial para cobrar las indemnizaciones, que resarcieran los perjuicios físicos y discapacidades producidas.



La ley 24.557 de Riesgos de Trabajo de 1995 cambió este criterio. Esta ley del gobierno de Menem –que sigue vigente hasta hoy, bajo los Kirchner– puso techos a estas sumas y eliminó del listado a muchas enfermedades provocadas por el trabajo, con la excusa de evitar la “industria del juicio” por parte de los abogados. El art. 6 de esta ley no considera resarcibles hernias, várices, estrés laboral, etc.



Así bajan los “costos laborales”, cubiertos por una Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) privada. La ART supuestamente procuraría que la patronal cumpla con “planes de mejoramiento” para prevenir accidentes. Si no lo hiciera, aumentaría el precio del seguro y denunciaría a la empresa en falta ante el estado. Pero la realidad es que las ART dejan correr los “incumplimientos” de las empresas.



Compensan sus gastos por más accidentes, negándonos el reconocimiento de éstos o achicando nuestra necesaria atención médica. Una vez más se desnuda una mentira: que la contradicción de intereses entre dos patrones privados (la empresa asegurada y la ART) beneficiaría a los obreros con mejores condiciones de trabajo.


No sólo nos mutilan, nos hacen culpables



Supuestamente las ART nos “capacitan” y supuestamente las patronales “cumplen”. La obligación patronal se limita, según esa ley, a cumplir la normativa actual en higiene y seguridad pero no a incorporar todo avance tecnológico que evite nuestros riesgos.



Y ni eso cumplen: balancines y prensas sin interruptores de seguridad, se carga sin fajas, se manipula sin barbijos, etc. Para los empresarios la productividad está antes que nuestra vida y salud. Y ante los accidentes, las patronales nos acusan de “negligentes” a los trabajadores. Y muchos dirigentes sindicales son cómplices y hasta socios de las ART como denunciaron los peones rurales de la fruta del Alto Valle.

 

¡Derogar ya la ley de Riesgos de Trabajo! ¡Basta de ART!



La ley vigente es tan aberrante que la propia justicia tuvo que declarar “inconstitucionales” varios de sus artículos, en particular el 39 que limitaba la vía judicial contra la patronal a casos excepcionales como cuando se demostraba “intencionalidad” empresaria de hacernos daño. En 2009 un decreto presidencial duplicó los montos indemnizatorios. Pero ahora el gobierno K, mientras discute como “enmendar” la ley, facilita a las patronales contratar un “seguro adicional” a las ART, para cubrir las demandas judiciales que excedan los techos indemnizatorios de esta ley. De lo que se trata no es de “maquillar” esta monstruosa ley, sino derogarla.

 

Bajar los ritmos para achicar los riesgos



La seguridad e higiene debe estar en manos de los que producimos y no de las patronales que nos explotan. Proponemos la elección libre en cada empresa de representantes, que pueden ser o no los delegados sindicales, para prevenir accidentes y riesgos laborales. Para defender y controlar sanas condiciones de trabajo y ambiente. Con derecho a parar la producción si no están los elementos de prevención necesarios o si las máquinas no funcionan según las normas, o no contamos con las herramientas y protecciones adecuadas para las tareas. Todo lo necesario para poner nuestra vida y salud por encima de las ganancias de las patronales y su gobierno.



Y si se producen accidentes o enfermedades laborales, las patronales deben ser obligadas a pagar el salario completo durante el tiempo necesario para la recuperación del trabajador. Deben mantener el puesto de trabajo sin plazos perentorios. En caso de secuelas que impidan volver al mismo puesto, indemnizar la incapacidad y recalificar para otras tareas, manteniendo el trabajo en la empresa con el mismo nivel salarial y categoría anteriores, sin congelamiento.

 

Argentina: una “ficha” en el tablero imperialista


En la década del ‘90 nace lo que se conoció como el “Consenso de Washington”, con normas dictadas a los países de todo el mundo: recorte permanente del presupuesto del estado, privatización, liberalización financiera y comercial y apertura a las inversiones extranjeras, “precariedad” y “flexibilización” laborales, eliminación de toda legislación laboral que limita la explotación capitalista y los controles sobre las empresas.



Con la crisis mundial abierta a partir de 2008, el imperialismo redobla sus ataques contra los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. En el auge o en la crisis, la economía capitalista-imperialista sólo puede ofrecer a los trabajadores desocupación e indigencia a unos, precariedad laboral y explotación crecientes a otros. Esto significa que la lucha contra ellas está directamente ligada a la pelea por terminar con el dominio mundial de las multinacionales.



Pero al contrario, el “modelo kirchnerista” fomenta las “inversiones” de multinacionales en la Argentina y festeja que los bonos del tesoro son comprados cada vez más por capitales extranjeros. La creciente sumisión argentina al imperialismo hace que lo que vemos hoy en EEUU y Europa no quede sólo allí. Tampoco que sólo sea una pesadilla del pasado, del 2001, sino que esas pestes ya nos están invadiendo.



Nuestro modelo obrero y socialista está ligado con la necesidad de que los trabajadores encabecen la lucha por: expulsar a las multinacionales, suspender el pago de la fraudulenta deuda externa, romper con el FMI y los bancos buitres, implantar el monopolio estatal de la banca y el comercio exterior, establecer un plan obrero de obras públicas que garantice trabajo genuino. En síntesis, que los trabajadores asuman el gobierno para conquistar la Segunda y Definitiva Independencia de Argentina y toda América Latina.


Mayor explotación bajo diferentes formas

Tercerización:abarca al 12% promedio de los trabajadores del país (en grandes empresas como Acindar ese porcentaje es muy superior), que cobran salarios mucho menores por el mismo trabajo que los efectivos.

 

Agencias de trabajo eventual:contratan, durante años sin efectivizar, hasta el 40% de los obreros para producción normal y habitual. Esto constituye un permanente fraude laboral en la mayor parte de empresas nacionales o extranjeras de la gran industria, avalado por el Ministerio de Trabajo (ver Fel- Fort pág…).

 

Trabajo precario:forma de explotación que sigue creciendo con este “modelo” en sectores privados y estatales (a niveles municipal, provincial o nacional). Hasta el Ministerio de Trabajo tiene una gran cantidad de empleados con contratos renovables a “término”.

 

“Cooperativas”:Con el plan “Argentina Trabaja” el propio Estado las usa como agencias de contratación, intenta reemplazar empleados estatales en municipios, hospitales y escuelas. Pasantías: son usadas por el Estado y las patronales, para que estudiantes hagan el trabajo de los efectivos con sueldos mucho más bajos.

 


Monotributo: el trabajador tiene que inscribirse como si fuera una empresa unipersonal y hacerse cargo de la totalidad de aportes jubilatorios y como un “proveedor de obra social. Y la empresa que requiere su trabajo lo trata como un “proveedor” al que le paga por un servicio.
 
Medidas de emergencia del modelo obrero y socialista


Defensa del salario y las jubilaciones

Salario mínimo vital y móvil igual al costo de la canasta familiar. Aumento en los básicos. Basta de sumas no remunerativas. Imponer por ley el ajuste mensual automático de salarios según la inflación y el 82% móvil para los jubilados. Anulación inmediata del impuesto a las “ganancias” sobre los salarios de los trabajadores sin personal a cargo. Asignaciones familiares iguales y para todos los trabajadores que tengan hijos a cargo.


Erradicación definitiva del trabajo esclavo



Expropiación sin pago de toda empresa que explote trabajo esclavo e infantil. Cárcel y embargo de bienes a sus ex propietarios y a los funcionarios estatales y dirigentes sindicales cómplices de los esclavistas.

 

Contra la desocupación y subocupación



Ley de estabilidad laboral en todas las empresas. Salario mínimo vital al desocupado/a y subocupado/a eventual hasta tanto trabaje. Jornadas de trabajo no mayores a las 7 horas, 30 minutos (dos horas menos en los trabajos insalubres) para repartir las horas disponibles entre todos los trabajadores. Expropiación sin pago y estatización bajo control obrero de todas las empresas que no cumplan con la estabilidad laboral, así como las recuperadas actualmente por sus trabajadores.

 

Contra los sacrificios de la mujer trabajadora



Prohibir el despido de trabajadoras embarazadas. Por jardines maternales y de infantes gratuitos de calidad en lugares de trabajo, estudio y barrios. Prioridad en el empleo a la madre jefa de familia y salario mínimo mientras esté desocupada. Aborto legal y gratuito para evitar muertes de mujeres trabajadoras y pobres.

 

Contra la precariedad y el trabajo en negro



Prohibir las agencias de trabajo eventual, los contratos tercerizados y en negro. Decretar la inmediata efectivización (pase a planta) y blanqueo por tiempo indeterminado de todos los trabajadores contratados con igual salario y condiciones laborales por igual trabajo. Anulación del “período de prueba”. Cláusula de expropiación sin indemnización de toda empresa que no cumpla. Estatización de la misma bajo control de sus trabajadores.

 

Contra la flexibilización laboral



Derogación de todas las leyes laborales posteriores a la Ley 20.744 de 1974. Por el respeto a los convenios que tienen como base esa ley. Por la revisión de todos los convenios que incluyen la polifuncionalidad de tareas. Por el respeto a las categorías y la creación de nuevas debido al avance tecnológico. Por comisiones de trabajadores elegidos en asamblea para controlar los ritmos de trabajo y evitar accidentes y enfermedades laborales. Convenios colectivos de trabajo votados y delegados paritarios elegidos en asambleas.

“Extras”: más explotación absoluta


En los años pasados las extras eran para muchos un recurso para terminar la piecita del fondo, irse de vacaciones o comprarle la “compu” al pibe. Pero ahora, en esta época de “vacas caras”, con la carestía acelerada del “modelo kirchnerista” las extras para la mayoría son exclusivamente para llegar a fi n de mes, para saldar deudas atrasadas… Porque las míseras quincenas con las horas de convenio sólo “engordan” con las extras, viviendo dentro de la fábrica también sábados y domingos. Atrás quedaron las jornadas de 8 horas…



Lo cotidiano para millones de obreros son las jornadas de 12 horas, incluso en sectores insalubres. Poderosas multinacionales, con casas matrices en las “civilizadas democracias”, vienen a esclavizarnos y quitarnos conquistas. Imponen el horario 12 horas por 36 de franco. Eliminan así el módulo diario de 8 horas y pasan al módulo semanal de 48, o mensual o anual y “banco de horas”, sin pagar una sola extra.



Las patronales redoblan sus ganancias con la explotación de las extras. Saben que muchos compañeros se volvieron “extra-adictos” y, al estilo de los narcotraficantes, usan esa “droga”, las malditas horas extras, para envenenar, dividir y someternos.



¡Como si fuera que al darnos las extras nos hacen un favor! Los supervisores y “líderes” reparten extras “premiando” a algunos y “castigando” a otros, dejándolos fuera del reparto. A veces, los delegados se ven obligados a mediar para evitar “discriminaciones”.


Comprendemos y respetamos las necesidades de nuestros compañeros. Son las mismas que las nuestras. Sabemos que muchos buscan esa salida porque, ante la traición de los dirigentes de la CGT y sindicatos que no defienden nuestro salario, han perdido la confianza en la lucha organizada desde abajo. Pero debemos retomar esa lucha y pelear por mayores salarios, no por extras.