Ayer, se conquistó una victoria muy importante de la ola de protestas que ocurre en todo el país: la revocación del aumento de la tarifa de los ómnibus, en San Paulo, en Río de Janeiro y en varias otras ciudades brasileñas. Sin duda, una victoria muy importante, pero que no agota el proceso de luchas en curso.



El aumento de las tarifas de ómnibus, lejos de ser la única causa de estas protestas, fue sólo la gota que rebasó el vaso, que hizo transbordar un mar de insatisfacciones de la población brasileña. Y la lucha necesita continuar, para dar cuenta de todos los demás problemas que están martirizando la vida de los trabajadores y jóvenes de nuestro país.



Hay algunos de estos problemas que se evidenciaron, en estos días de manifestaciones. Revocar el aumento es importante pero, el precio [del pasaje] sigue siendo muy caro. Es necesario rebajar el precio del transporte, implantar la tarifa social o tarifa cero, dado que el transporte es un derecho de todos y obligación del Estado, conforme dice la Constitución. No puede ser un derecho sólo para los que tienen dinero para pagar (en la ciudad de San Pablo, 34% de los desplazamientos son hechos a pie o en bicicleta, porque las personas no tienen dinero para pagar un ómnibus).



Por todo eso, es necesario estatizar todo el transporte público de San Pablo. Es necesario parar de dar dinero a los empresarios, garantizando así el derecho de los trabajadores al transporte público y de calidad.



Otro cuestionamiento que sigue sin respuesta es: ¿por qué tanto dinero para la Copa, si los gobiernos dicen que no tienen recursos para mejorar la salud y la educación? Particularmente, en estos días de la Copa de las Confederaciones, y, también, hasta la Copa del Mundo del año que viene, tenemos que seguir en las calles, exigiendo a nuestros gobernantes sobre esta cuestión.



La lucha contra la corrupción y la impunidad es otro tema importante. En este sentido, fue muy bueno ver, en las manifestaciones, carteles contra la PEC 37 (organismo que define las competencias de la policía de investigaciones, criminales y "privadas"), que quiere ampliar la impunidad de los políticos corruptos. O, incluso, la bandera contra la represión y la criminalización de los movimientos sociales.



Las banderas de la clase trabajadora y sus métodos y lucha



Otra cosa muy importante, para la continuidad de este proceso, es estimular que nuestra clase participe de ella, de forma cada vez más organizada. Ayer, en Río Grande do Sul, en una reunión, convocada por iniciativa del CPERS (Centro de Medios Independientes), se organizó un comité de sindicatos y movimientos sociales, para organizar la lucha. Ya ha convocado a una manifestación para mañana, viernes 21 de junio. Ejemplos así, tenemos que reproducir en todo el país.



Para eso va a ser fundamental agregar, en las banderas que han sido levantadas en las manifestaciones, las reivindicaciones relativas a las demandas más sentidas de la clase trabajadora. Aumento de los salarios, congelamiento de los precios de los alimentos y de las tarifas, fin del factor previsional, anulación de la reforma de la previsión, del 2003, contra el proyecto de ley de tercerización (PL 4330), contra las privatizaciones, pago del piso nacional [salarial] a los maestros, reforma agraria, respeto al derecho de los trabajadores del campo, inversiones en la salud, educación, vivienda, saneamiento básico, y un largo etc. En realidad, las demandas de los diversos sectores de nuestra clase apuntan a la necesidad de otro modelo económico para el país.



Es necesario que todas las organizaciones, de la clase trabajadora, asuman este desafío y esta tarea. La CSP-Conlutas está participando del proceso y está buscando movilizar a sus bases, en este sentido. Las grandes centrales sindicales deberían, en realidad, convocar a una huelga general, en este momento. La necesidad, ahora, es que todos estén en la lucha. Nada menos que eso es aceptable para cualquier organización de la clase trabajadora.



En este mismo sentido, es importante reforzar el llamado a que todos se sumen a la lucha. Incluso, ayer, participé de una reunión donde escuché críticas a la posibilidad de que la juventud del PT participara de las manifestaciones con sus banderas. Pienso lo contrario. ¡Qué bueno que la juventud del PT quiera sumarse a la lucha por la reducción de la tarifa  y por las demás demandas del pueblo que está en las calles! Algunos pueden decir que se trata de una contradicción, pues el gobierno es del PT. Yo diría que es una buena contradicción. Cuanta más gente del PT esté en las calles, luchando, menos fuerza tendrán los gobiernos del PT para hacer lo que están haciendo contra el pueblo y, eso, de alguna forma, va a llevar a una superación de esta contradicción. Que vengan, entonces, las banderas del PT para sumarse a la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores y de la juventud brasileña.



El carácter de clase de las manifestaciones



Si los trabajadores entran en esta batalla, de forma organizada, no sólo participando de las movilizaciones en la calle sino, también, con sus métodos de lucha tradicionales (huelgas, paralizaciones, ocupaciones), tendremos mucha más fuerza para conquistar nuestras demandas. Otro aspecto fundamental aquí es que la entrada de la clase trabajadora es decisiva para asegurarle a esta ola de protestas un carácter clasista, cerrando espacios para la utilización que la derecha pueda hacer de este proceso.



Ya vimos, en nuestra historia, el llamado “contra la corrupción” utilizado por la derecha para manipular al pueblo y fortalecer sus proyectos (recordemos lo que fue el fenómeno Janio Quadros). Es necesario levantar, bien en alto, la bandera contra la corrupción, pues ella está generalizada, sea en los gobiernos del PSDB, del PMDB y, lamentablemente, en los gobiernos del PT. Pero es necesario dar a esta bandera un rasgo de clase, agregando a ella las banderas y demandas de la clase trabajadora, contra la explotación capitalista.



Las manifestaciones y los partidos



Una de las contradicciones más evidentes, que pudimos observar en estas manifestaciones, fue la resistencia a la presencia de las banderas de los partidos políticos. El sentido común de la población apunta hoy, comprensiblemente, al rechazo, cuando no al repudio, a los políticos y a los partidos políticos. Comprensible, porque la práctica que la población ve de estos partidos y de estos políticos es la peor posible, con la generalización de la corrupción y del fraude electoral.



Sin embargo, este no es el problema más grave. Este problema lo venceremos con paciencia y perseverancia, pues las masas van a acabar por comprender la diferencia entre estos partidos tradicionales y sus políticos, y aquellos partidos y políticos que están en la lucha del pueblo. Y van a acabar por entender la importancia de los partidos efectivamente comprometidos con los trabajadores para la transformación de nuestro país. El PSTU, partido del cual soy militante, es uno de estos partidos, que no sólo está en esta lucha, al lado de la juventud y de los trabajadores, sino que tiene como objetivo ser un instrumento de lucha política de la clase trabajadora y de la juventud brasileñas, para construir una sociedad socialista.



Lo más grave en este proceso, es la utilización instrumental de este sentido común de las masas, por sectores organizados, que se dicen “de izquierda” (algunos se presentan como anarquistas, o punks), para atacar a los partidos y agredir a militantes que llevan sus banderas en las manifestaciones. Yo soy de una generación que luchó por el fin de la dictadura en nuestro país. Fui preso y torturado para que, entre otras cosas, hubiese libertad de organización para nuestra clase y para que todos pudiesen manifestar públicamente sus opiniones. Incluso, por la libertad de manifestación de estos sectores, que hoy atacan, en las calles, el derecho a la existencia de nuestro partido.



Sé perfectamente que no son todas las organizaciones anarquistas, ni todos los punks, los que tienen esta postura. Hago esta salvedad porque no quiero cometer injusticias. Pero no puedo dejar de señalar la gravedad del error cometido por estos sectores. Comienzo por recordar que históricamente, en nuestro país, quien siempre quiso acabar con los partidos políticos fueron las dictaduras militares. Hay nostálgicos de la dictadura en nuestro país, que creen que la solución de los problemas comienza con la supresión de las libertades. ¿De qué lado se encuentran estos grupos que quieren prohibir la existencia de los partidos?



Por otro lado, para aquellos que reclaman de la izquierda brasileña, recuerdo que esos partidos políticos son expresiones organizativas, creadas en la lucha de nuestra clase contra el capitalismo. No sólo son necesarios sino imprescindibles, si tenemos como objetivo de nuestra lucha acabar con el capitalismo y construir una sociedad socialista. La apología del “autonomismo”, expresada en frases como “el pueblo unido gobierna sin partido”, sirve sólo para mantener al pueblo prisionero de los partidos que hoy gobiernan la sociedad.



Diseminan la ilusión de que basta que el pueblo quiera para que el capitalismo acabe, llevando así a la parálisis del pueblo ante tareas que son decisivas para su liberación de la explotación y la opresión del capitalismo: la organización de instrumentos de masas y políticos que le permitan planificar y organizar, de forma consciente, la lucha contra este sistema para, ahí sí, poner fin al capitalismo. Al diseminar ilusiones, ayudan a perpetuar la dominación de la derecha y no la liberación de la clase trabajadora.



Es necesario acabar con esta contradicción: luchar contra la represión de la PM y tratar, al mismo tiempo, de reprimir la existencia de partidos políticos. Es necesario dar un carácter de clase a las luchas que están en curso. Masificándolas aún más, con la entrada de la clase de forma organizada en estas protestas. Y agregar a las demandas actuales las reivindicaciones de los trabajadores que apunten a otro modelo económico en nuestro país. ¡Vamos a la lucha!

 

Traducción Laura Sánchez