Las mujeres a lo largo de la historia siempre estuvieron en primera fila e incluso jugaron un papel determinante en muchos procesos revolucionarios. La presencia hoy día de las mujeres en las luchas que se desarrollan en todo el mundo, se confirma con mucha fuerza.

 


En el Norte de África y Medio Oriente, las mujeres luchan codo a codo con los hombres, por  derechos democráticos y mejores condiciones de vida para toda la población, y  por sus propios derechos de igualdad. Y esto  a pesar de la terrible violencia y la  opresión  atroz, a la que se ven sometidas.

También en Europa las mujeres están a la cabeza de las movilizaciones que se producen contra los recortes y la privatización de los servicios públicos y frente al saqueo a los derechos que con tanto esfuerzo la clase trabajadora logró conquistar. Tanto las huelgas generales de Grecia como las movilizaciones de los indignados en España, como las que llevó a cabo la  “Geração à Rasca” en Portugal, tuvieron una fuerte presencia femenina.

Igualmente las mujeres participaron con mucha fuerza y ocuparon un lugar de peso en las movilizaciones espontáneas que explotaron en Brasil durante los meses de Junio y Julio del 2013, y que provocaron un cambio en la situación política.

Pero además de esto, y como un fenómeno nuevo que se va consolidando, encontramos que las luchas por las reivindicaciones de las mujeres como igualdad de derechos, contra la violencia machista o por derechos democráticos como son el derecho al aborto, se han tornado en movilizaciones de masas, convirtiendo lo que es una reivindicación de las mujeres en una  lucha política más amplia, obrera y popular, en contra de los  gobiernos.

Como ejemplo más claro podemos citar el caso de la India, donde a raíz de la muerte de  una joven que fue salvajemente violada en un ómnibus, las movilizaciones que tuvieron lugar  para protestar contra los continuos casos de  violaciones y asesinatos a mujeres en ese país, y la impunidad con que se producen, fueron de masas, alcanzaron repercusión internacional y pusieron en jaque al gobierno.

Otro ejemplo sería Brasil, donde las marchas del 8 de março en 2013 ya tuvieran mayor adhesión y luchas como el fuera Feliciano (secretario de derechos humanos que hacia declaraciones homofóbicas, racistas e machistas) tuvieran apoyo de masas.

También en el Estado Español, las luchas contra la reforma del aborto en el mes de Febrero de este año, sacaron a miles de personas, hombres y mujeres a la calle, demostrando el poder movilizador de las luchas democráticas de las mujeres, y que hoy la reivindicación de los derechos democráticos de las mujeres es parte de la lucha general de los y las trabajadoras, puesto que el ataque a los derechos de las mujeres no sólo les atañe a ellas sino que afecta de conjunto a la clase e impacta sobre sus familias.

Los capitalistas utilizan el machismo para ampliar la explotación de las mujeres

Las mujeres son hoy ya la mitad de la clase trabajadora de todo el mundo y están cada vez más insertas en la producción social. Sin embargo esa incorporación al mercado de trabajo iniciada en el siglo pasado, se lleva a cabo con unos niveles de desigualdad salarial enorme, en los empleos peor pagados, peores condiciones laborales y muchas veces fuera del mercado formal.

La desigualdad laboral histórica de las mujeres se profundiza como consecuencia de la crisis económica mundial que se inició en 2008. Las mujeres tienen mayores tasas de desempleo, precariedad laboral y pobreza.  

Según datos de la ONU, el 48% de las mujeres en todo el mundo tienen un empleo, frente al 73% de los hombres. La zona del planeta con mayor desigualdad es el Norte de África, donde sólo trabaja un 18% de la población femenina frente al 68% de la masculina.

La OIT (Organización Internacional del Trabajo), señala que el 53,7% de las mujeres trabaja en la economía sumergida en América Latina y El Caribe, y en México hay más de dos millones de trabajadoras del hogar, que realizan jornadas de hasta 14 horas sin derechos laborales y cobrando cantidades muy bajas (entre 120-140 dólares a la semana).

En Europa, donde las mujeres consiguieron  innumerables conquistas a partir de la década de 1970, y que es hoy epicentro de la crisis mundial, la situación general es de ataque a los derechos laborales, sociales y democráticos de las mujeres. En el ámbito laboral, la brecha salarial entre hombres y mujeres no sólo no disminuye, sino que ha aumentado en algunos países como España, Portugal o Hungría. En Europa las mujeres ganan  por hora un promedio del 16% menos que los hombres y, por año, incluso un 31% menos. La proporción de mujeres que trabajan a tiempo parcial es cuatro veces superior a los hombres. Las causas son el cuidado de hijos, mayores o personas enfermas y la imposibilidad de encontrar ofertas de trabajo a jornada completa.  

Como consecuencia de todo esto, las pensiones que cobran las mujeres al final de su vida son también más bajas, lo que significa que hay más mujeres que hombres que caen en la pobreza a edades avanzadas.

Las mujeres trabajadoras son además el blanco prioritario de los planes de ajuste aplicados por los gobiernos en todo el mundo, porque  los recortes en Sanidad, Servicios Sociales y Educación, además de condenarlas al desempleo o a una mayor precariedad,  ya que son mano de obra  mayoritaria en los servicios públicos peor pagados, suponen una doble carga para las mujeres trabajadoras que tienen que asumir los cuidados de menores, personas mayores  y dependientes, de las que el Estado se des-responsabiliza.

Y el ataque a los derechos y libertades, que acompaña a la política de ajuste económico, está dirigido también a las mujeres. El derecho democrático fundamental de las mujeres como es el aborto, y que es una conquista histórica, está siendo atacado en muchos países como Estados Unidos, Inglaterra y España.

La violencia machista no cesa

Otra de los efectos  de la crisis económica es el aumento de la violencia machista a las mujeres en todo el mundo, hasta tal punto que la ONU considera ésta una “pandemia mundial”.

Según la ONU, un tercio de las mujeres en el mundo  sufrieron algún tipo de violencia a lo largo de su vida. La violencia doméstica mata más mujeres que el cáncer. Se habla de  feminicidio en el mundo, dados los números tan alarmantes de muertes. En América Latina una investigación hecha por la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) indica que el 40% de las mujeres que viven en la región sufren violencia física y psicológica. La investigación resalta que países como Colombia (65,7%) y el Perú (68,2%) superan el índice de 60% de violencia psicológica contra mujeres. Bolivia (39,7%) y México (37,7%) también presentan altas tasas, próximas al 40%. En Brasil, cada 2 minutos, 5 mujeres son golpeadas.

En Europa no es diferente. Los índices de violencia contra la mujer también son muy altos. Dos mujeres son asesinadas por semana en Inglaterra.

En Italia se estima que cerca de 6,7 millones de mujeres sufren violencia sexual a lo largo de su vida, además, 690.000 fueron víctimas de reiterados episodios de violencia por parte de sus compañeros. En Francia, una mujer es asesinada cada tres días en casos de violencia doméstica, según datos de la Organización de Mujeres contra la Violencia en Europa (Wave).

Un reciente estudio de la Agencia de los derechos fundamentales de la UE, revela que una de cada tres mujeres europeas ha experimentado violencia física y/o sexual, lo que significa 62 millones de mujeres. El estudio revela además que el 67% de las mujeres no comunicaron a nadie el caso más grave de violencia por parte de su pareja.

Y la respuesta de los gobiernos ante esta alarmante situación es destinar cada vez menos recursos a la prevención y la atención a las víctimas de violencia machista. La ausencia de ingresos económicos y la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados, impiden que muchas mujeres puedan escapar de la espiral de la violencia machista. Y son las mujeres de la clase trabajadora, especialmente jóvenes y/o inmigrantes y/o desempleadas, las que engrosan la lista de mujeres asesinadas. La mayoría de ellas sin denuncia previa, puesto que atreverse a denunciar no les garantiza la protección que necesitan. No es exagerado decir por tanto, que algunas mujeres están pagando la crisis capitalista con sus vidas.

Además, en aquellos países en que se desataron procesos revolucionarios, la violencia a las mujeres  también está siendo utilizada por los Gobiernos y Estados, como un arma de la burguesía para atacar a las mujeres que salen a luchar. Esto se puede ver de forma muy clara en Egipto, donde los testes de virginidad y la violación a mujeres fueron usados de forma institucionalizada por los gobiernos de Mubarak, y Morsi y por la Junta militar.

En resumen. Todos estos datos revelan que es falsa la ideología que proclama que el machismo y la desigualdad de género han disminuido o ya no existen. Al contrario, basta mirar un poco alrededor para ver cómo el problema de la desocupación, los salarios de hambre, las muertes por abortos clandestinos, los asesinatos machistas y otro sin fin de calamidades, afectan a mujeres en todo el mundo. Estos problemas crecen  en una sociedad cada vez más decadente donde la mujer sigue siendo vista como  objeto sexual, esclava del hogar y responsable de los cuidados. Crecen por el  aumento de la explotación que sufren las mujeres  y la imposición de medidas que reprimen y recortan derechos sociales y democráticos básicos de toda la clase trabajadora, pero que afectan especialmente a los sectores más oprimidos dentro de ésta, como es el caso de las mujeres.

La lucha contra el machismo y la  explotación van juntas
 
La realidad demuestra que no es posible acabar con la violencia machista y la desigualdad dentro del sistema capitalista, aunque haya mujeres que hayan accedido a puestos de poder y privilegios en las grandes multinacionales o en los gobiernos, mientras la mayoría continúa súper explotada y oprimida. Ni Dilma, ni Kirchner, ni  Merkel o Lagarde, son un ejemplo para nosotras ni nos representan, sino al contrario. Son nuestras enemigas de clase ya que son cómplices y agentes de la opresión y la explotación que imponen a la clase trabajadora.

Porque el capitalismo es un sistema que para explotar aún más, se apoya en la desigualdad y la opresión, sobre todo en tiempos de crisis. Todas las conquistas y avances en igualdad que conseguimos las mujeres bajo el capitalismo, están continuamente amenazados porque que cada vez que la burguesía necesita salir de su propia quiebra, utiliza la opresión contra las mujeres y otros grupos sociales, para dividir a la clase trabajadora y explotar más a los/as más oprimidos/as dentro de ésta. Utiliza la ideología machista para justificar la vuelta de las mujeres al hogar, para que sean éstas quienes carguen con todo el peso de las tareas domésticas y de cuidados, desviando así el dinero público que el Estado se ahorra hacia los bolsillos de los empresarios. Mientras exista el capitalismo, no importa si algunas mujeres consiguen cotas de poder dentro de éste, seguirá existiendo la opresión.

Frente a las Teorías de Género como la Teoría del “empoderamiento”, que afirman que es posible acabar con la opresión machista “empoderando” a las mujeres para construir una sociedad feminista dentro del capitalismo, nosotros y nosotras decimos que no es posible acabar con el machismo y la violencia hacia la mujer sin destruir el sistema que sustenta y mantiene esta opresión.

Tampoco compartimos la propuesta de aquellas organizaciones que vienen del estalinismo y que dejan en un segundo plano o relegan la lucha por la liberación de las mujeres para un futuro lejano, después de que la explotación termine, e incluso afirman que con la revolución socialista y la toma del poder, automáticamente se acabará con la opresión.

A diferencia de todas estas teorías, para nosotras y nosotros, la lucha contra el machismo y la explotación no se da de forma separada, ni va una detrás de la otra, sino que debe hacerse de forma conjunta. Por eso defendemos que las demandas específicas de las mujeres trabajadoras tienen que ser defendidas por las organizaciones de la clase trabajadora, y por los hombres y no sólo por las mujeres, dentro de éstas.

La lucha por la emancipación de las mujeres es parte de la revolución proletaria y una tarea cotidiana y conjunta de toda la clase trabajadora. El combate al machismo es una necesidad porque el machismo divide a la clase trabajadora y desmoraliza a las mujeres dentro de ésta, y porque no es posible acabar con este sistema de explotación y opresión que nos está llevando a la barbarie y la destrucción, ni construir el socialismo, si no logramos incorporar a la lucha revolucionaria a las mujeres, que son la  mitad de la clase trabajadora.

El próximo 8 de Marzo, Día Internacional de la mujer Trabajadora, tenemos que volver a ganar las calles y las plazas para decir NO a la violencia machista y el feminicidio, y para combatir el machismo y resto de opresiones como la homofobia, o la xenofobia, y también al capitalismo.

Desde la LIT hacemos un llamamiento para que tanto en India, como en Ucrania, en Brasil o en Egipto, mujeres y hombres de la clase trabajadora salgamos a la calle para decir que ¡El capitalismo es incapaz de eliminar el machismo
!, y para exigir:
  • Por derecho al trabajo. Pleno empleo, escala móvil de salarios, reducción de la jornada sin reducción de salario, salario igual por trabajo igual.
  • Fin de la violencia psicológica, física y sexual. Contra el asedio sexual. Por el fin de las violaciones. Que el Estado tenga medidas para combatir la violencia contra la mujer.
  • Por el derecho al ejercicio de la sexualidad. Por la “visibilidad” lésbica, en defensa de las uniones homo-afectivas, contra la violación correctiva.
  • Contra la comercialización del sexo y de la mujer. Contra leyes que reglamenten la prostitución como profesión. Por la discriminación de la prostitución y protección de las prostitutas frente a la violencia policial y los “cafiolos”. Por un conjunto de políticas públicas que posibiliten que la mujer en situación de prostitución tenga una formación profesional que le permita conseguir trabajo.
  • Por la socialización del trabajo doméstico. Lavanderías, restaurantes y guarderías públicas, estatales y gratuitas.
  • Por el derecho al ejercicio de la maternidad con leyes que garanticen la atención a las mujeres que desean ser madres. No al despido de mujeres embarazadas.
  • Por el derecho de decidir. Anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir.
  • Contra el machismo y la explotación.
  • ¡Unidad de las mujeres y hombres trabajadores para construir una sociedad socialista!