Luego de meses de convocatoria y contando con la utilización directa de la estructura del Estado, así como con la movilización y el financiamiento masivo de sectores del agronegocio y demás sectores burgueses que aún lo apoyan, Bolsonaro movió una parte de su cada vez más reducida base de apoyo para los actos del 7 de Setiembre golpista. Como era esperado, sus actos pro dictadura se concentraron en la Explanada de los Ministerios, en Brasilia, y en la Avenida Paulista, en San Pablo.

Por PSTU Brasil

En Brasilia, la Policía Militar del Distrito Federal divulgó 105.000 personas, pero las imágenes muestran un número mucho menor. Por su parte, en la Avenida Paulista, la manifestación de la tarde reunió, según la PM paulista, a 125.000 personas. Relevamiento coordinado por el profesor Pablo Ortellado en San Pablo da una idea de la composición social de esos actos: 60% hombres, mayoría arriba de los 45 años y una renta familiar media por encima de cinco salarios mínimos. Casi 30% vinieron de afuera de la región metropolitana.

O sea, los actos bolsonaristas fueron mayoritariamente blancos, de clase media y clase media alta, sin la presencia significativa de jóvenes, negros, mujeres, etc.

A su vez, el tenor de las manifestaciones siguió el tono golpista de Bolsonaro. Si ya eran inaceptable las sucesivas intimidaciones y amenazas por parte del Presidente, las convocatorias para actos explícitamente pro dictaduras no pueden ser normalizadas y deben ser duramente combatidas. Aunque no haya condiciones para un golpe hoy, el objetivo de Bolsonaro es ir construyendo un ambiente para poder imponer el cierre del régimen más adelante.

Actos grandes, pero menores que lo esperado

Tanto los actos en Brasilia como en San Pablo fueron, de cualquier forma, expresivos. No obstante, fueron mucho menores de lo que el propio gobierno y los organizadores esperaban y anunciaban: por los menos un millón en cada uno. Incluso porque fue para eso que él movilizó toda la estructura oficial y llamó a sus apoyadores, principalmente del agro, a poner recursos.
Además de haber sido menores que lo esperado, las manifestaciones no rompieron la burbuja bolsonarista. Expresaron, antes, el sector, cada vez más minoritario pero aun así con un cierto peso, de la base social que aún lo apoya: alrededor de 23%, según las más recientes encuestas. Los actos no transbordaron más allá del sector duro de la ultraderecha, ni su repercusión tuvo algún salto de calidad en las redes sociales. Tampoco se vio a sectores armados organizados en las manifestaciones, como policías militares o soldados de las Fuerzas Armadas, a pesar de la intensa convocatoria difundida en los últimos días y los llamados abiertos a motines.

Controversia y crisis

Frente a la crisis y el aislamiento en que se encuentra, Bolsonaro parte hacia una contraofensiva. Por un lado, tuvo éxito en uno de sus objetivos: fidelizar su base de ultraderecha, manteniéndola movilizada en pro de un proyecto autoritario. Intenta incluso crear artificialmente una impresión de que cuenta con mayoritario apoyo popular. Por otro lado, profundiza la crisis en la superestructura, aumentando su aislamiento y viendo cada vez a más sectores de la burguesía despegarse hacia la oposición.

Como reflejo de eso, el mismo día, el PSDB anunció que llamaría a una reunión que, este 8/9 decidió declararse en “oposición” al gobierno, además de pensar en el apoyo al impeachment. Por su parte, el Presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Luiz Fux, este miércoles hizo un discurso llamando al presidente a actuar dentro de la Constitución. El presidente de la Cámara, Arthur Lira (PP-Alagoas), jefe del centrão, por su parte, fue más blando y se negó a recriminar los actos y amenazas golpistas, lo que no impresionó a nadie ya que él tiene las llaves del cofre del Presupuesto y será el último en saltar del barco mientras aún pueda “chupar” un poco más.

La respuesta insuficiente del STF, y la sumisión canina de Lira y Pacheco, muestran que incluso hasta para defender las libertades restrictas de esta democracia burguesa no se puede confiar en estas instituciones. Los trabajadores, el pueblo pobre y los sectores oprimidos deben contar con sus propias fuerzas para impedir los intentos golpistas de Bolsonaro.

El vergonzoso papel de las direcciones del movimiento

La Coordinación del movimiento Fuera Bolsonaro, capitaneada por sectores del PT y del PSOL, llamaron a los actos por el Fuera Bolsonaro para el mismo 7 de setiembre, como parte del tradicional Grito de los Excluidos. Sin embargo, siguiendo la política de “freno” en las movilizaciones, no se jugaron en su organización, no realizaron actividades preparatorias como asambleas, actos regionales, etc. Lo mismo había ocurrido el 18 de agosto, día nacional de paralización del sector público contra la reforma administrativa.
Otros sectores de oposición, como Marcelo Freixo y Ciro Gomes fueron más allá y directamente, llamaron a las personas a no ir a manifestaciones, haciéndose eco de las intimidaciones y el clima de terror insuflado por el bolsonarismo.

Mientras Bolsonaro amenazaba con golpe militar y convocaba a actos golpistas, Lula paseaba por el Nordeste y se encontraba con dirigentes del centrão y de la derecha tradicional, los mismos que el PT denunciara hasta ayer como artífices del “golpe” [contra Dilma y el PT en 2016]. La dirección de la CUT, por su parte, tampoco se jugaba en la movilización por el Fuera Bolsonaro. La dirección del PSOL se enredaba en disputas internas para definir el apoyo a Lula en 2022, ya en el primer turno.

Incluso así, los actos por el Fuera Bolsonaro de este 7 de Setiembre, en contraposición a los actos golpistas, reunieron a millares de personas no solo en Brasilia y San Pablo sino en casi 200 ciudades en todo el país. Fueron actos importantes, así como los cacerolazos que ocurrieron a lo largo del día. El clima de indignación creciente indica que las manifestaciones podrían haber sido mucho más grandes si las direcciones se hubiesen jugado a eso.

Ampliar las movilizaciones, avanzar en la autodefensa, y preparar la Huelga General

El 7 de Setiembre de Bolsonaro fue un paso más en su ofensiva de golpe y dictadura. El movimiento de masas precisa responder a la altura, bajo el riesgo de ser atropellado mientras espera las elecciones y apuesta sus fichas en el STF o en el Congreso Nacional para proteger las libertades democráticas e imponer un freno a Bolsonaro.

Gana aún más importancia, en este contexto, la preparación de la autodefensa del movimiento. La autodefensa de los trabajadores es una tradición del movimiento obrero que precisa ser retomada e incorporada al movimiento de masas.
Principalmente en esta coyuntura de creciente polarización social y acción ofensiva de grupos de la ultraderecha y un gobierno de orientación autoritaria. Los sindicatos, entidades, movimientos empeñados en la organización de los actos, precisan asumir esta tarea y preparar equipos que se dediquen a garantizar, de forma colectiva, la seguridad de los activistas.

Es preciso definir un día unitario de movilizaciones, con manifestaciones masivas que expresen la real correlación de fuerzas, mostrando que el gobierno es minoría. Es preciso y posible definir una fecha para realizar una manifestación mucho mayor que los actos golpistas de Bolsonaro. Junto con las protestas, sin embargo, es necesario construir, desde ya, una Huelga General que pueda sacar definitivamente a Bolsonaro y Mourão, y su proyecto de dictadura, hambre, desempleo y entrega del país.

Lea también: “La necesidad de la autodefensa por el movimiento” en este mismo sitio.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 8/9/2021.-

Traducción: Natalia Estrada.