En la primera elección en la que fue totalmente excluido de la TV, el partido cumplió el papel de defender un proyecto socialista.

Por PSTU-Brasil

Las elecciones funcionan como una especie de espejo distorsionado de la realidad y la lucha de clases. Son un terreno en el que la fuerza real y colectiva de la clase obrera y de los sectores populares y oprimidos organizados y movilizados contra el capital es menor, se reduce o se disuelve en la acción individual del voto, siempre a merced del poder económico, de la manipulación de los medios de comunicación y del control de los capitalistas multimillonarios.

Esto no quiere decir que los resultados no sean importantes, porque, aunque distorsionados, las elecciones reflejan la realidad, de cierta manera e inciden sobre ella. Sin embargo, no representan ni un diez por ciento de la importancia que tiene la lucha y la acción directa de nuestra clase, el único camino que puede conducir a cambios profundos y a la esperanza de una nueva sociedad.

Lo que expresó la primera vuelta

Lo que más se destaca en la primera vuelta de las elecciones municipales es el índice de abstención, la más alta de las últimas dos décadas. El promedio fue del 23,14%, pero fue mucho mayor en los grandes centros urbanos, como São Paulo y Río de Janeiro. En la capital paulista, la suma de abstenciones y votos en blanco alcanzó los 2,6 millones, casi 30%, acercándose a la suma de votos de Bruno Covas (PSDB) y Guilherme Boulos (PSOL). Con los nulos, llega a 38%. Si bien es cierto que el efecto de la pandemia es parte de la realidad, que debió impactar en esa cifra, lo cierto es que la tendencia de los últimos años indica que no es un fenómeno aislado, expresando también un desgaste de la democracia burguesa. Por ejemplo, en 2016 la abstención en el país fue del 17,6%; en 2012, del 16,9%.

Junto con eso, la primera vuelta tuvo como principal perdedor al presidente Bolsonaro. Dos tercios de sus candidatos tuvieron resultados risibles, en particular el recién convertido bolsonarista, Celso Russomano (partido Republicanos), en São Paulo, que sufrió una caída sorprendente, pasando de 30% de las primeras encuestas a solo el 10% de los votos contabilizados. Hasta el hijo de Bolsonaro, el concejal Carlos Bolsonaro (Republicanos), electo como el más votado en Río de Janeiro en el año 2016, con 106.000 votos, vio caer su votación a 71.000.

La devastadora derrota del presidente fue tan desmoralizante que, en la víspera de la votación, Bolsonaro eliminó una publicación en las redes sociales que indicaba los votos para sus candidatos.

Fragmentación electoral

Desde el punto de vista electoral, el centrão (partidos péndulos, que se venden al mejor postor) y las siglas tradicionales de la “derecha” ocupan el espacio dejado por el reflujo de la ola bolsonarista de 2018. DEM ganó tres capitales. PSDB y PSD tienen dos cada uno. El MDB está en disputa en siete capitales en las que se llevará a cabo en la segunda ronda. Esto confirma la fragmentación de la derecha y la ultraderecha ante el desgaste del bolsonarismo, con los candidatos tratando de desvincularse del presidente.

Desde el punto de vista de la izquierda parlamentarista, si bien el PT tuvo cierta recuperación en las ciudades medianas, en comparación con 2016, ese partido sufrió una gran derrota política en las capitales. Sólo disputa dos, Recife y Vitória, contra siete en las elecciones anteriores. Si, por un lado, obtuvo más votos en términos absolutos, sale de las elecciones con el signo de la derrota provocada por los resultados en las principales capitales, especialmente en São Paulo. El partido pierde la hegemonía que tenía en relación a la izquierda de conciliación de clases e inclusive ante siglas directamente burguesas, como PDT, PSB y otras que giraron en torno a él.

En parte, el espacio dejado por el PT ha sido ocupado electoralmente por el PSOL, que disputa la segunda vuelta en Belém (PA) y São Paulo (SP). Además, ha avanzado en el voto proporcional en varias ciudades. Una vez más, la capital paulista es un ejemplo de este proceso, con Guilherme Boulos ocupando el mismo nicho electoral que Haddad en 2018 y, aparentemente, beneficiándose del alto índice de abstención concentrado en el electorado de candidatos como Covas y Russomano.

El PSOL sale reforzado de esta primera vuelta al ocupar el espacio dejado por el PT, a medida que avanza en su proceso de adaptación, haciendo guiños al empresariado y a los partidos como PSB y PDT, reproduciendo un programa y un proyecto de conciliación de clase.

PSTU defiende el socialismo y la revolución

Si bien, las elecciones son el terreno de la burguesía, los revolucionarios, en general, no pueden dejar de participar o abstenerse de intervenir en ellas en el proceso electoral, para presentar un proyecto socialista, revolucionario y de independencia de clase, buscando construir esta alternativa. Es necesario intervenir para denunciar las candidaturas y proyectos de la burguesía y también los proyectos de colaboración de clases y reformistas. Estos favorecen la acción institucional y la defensa de la democracia de los ricos y del sistema capitalista frente al avance de la conciencia, la lucha y la organización independiente de la clase obrera.

En este sentido, la campaña de los revolucionarios no debe guiarse primordialmente por la obtención de votos o de mandatos. Si fuese así, sacrificaría lo principal: el programa y el objetivo de construir una alternativa y una organización revolucionaria, convirtiéndose en una izquierda electoral dentro de los límites del sistema.

Esto no quiere decir, que no sea importante obtener votos. Por lo contrario. El PSTU luchó por tener el mayor número de votos posible en la defensa de su programa, sin renunciar a sus ideas, dentro de las limitaciones impuestas por el poder económico y de las restricciones democráticas.

Sin embargo, esta no es la principal medida para evaluar la campaña electoral de los revolucionarios. La principal medida para definir la campaña es la presentación correcta del programa por parte de la organización revolucionaria y el avance en cuanto a su organización, implementación y construcción.

En 55 ciudades del país, el PSTU presentó candidaturas y realizó una exitosa campaña, defendiendo una alternativa de la clase trabajadora, obrera socialista y revolucionaria frente a la crisis del capitalismo. Reuniendo a los trabajadores, trabajadoras y sectores marginados y oprimidos a nuestra clase, el PSTU movilizó algunos miles de activistas por todo el país defendiendo un programa socialista y de clase.

Con el mayor índice entre los partidos, el 61% de los candidatos estaban encabezados por mujeres negras y negros. El partido cumplió el papel fundamental de levantar la bandera del socialismo en un momento en que la oposición parlamentaria defiende la democracia burguesa como proyecto y límite y defiende un programa para gobernar y administrar el capitalismo en crisis. Fue una campaña realizada en la periferia o barrios, en fábricas y en las ocupaciones, así como con los trabajadores y trabajadoras de la salud, transporte y muchos otros.

Esta fue la primera elección en la que el PSTU fue totalmente excluido del horario electoral televisivo, resultado de las reglas cada vez más antidemocráticas, y vetado de la gran mayoría de debates. A esto se suma la abismal desigualdad en la distribución del fondo electoral y las millonarias donaciones que regaron las demás candidaturas, el partido en la práctica enfrentó una situación de semejante a la semi ilegalidad.

Campaña en Belem

Esta situación no afectó a la militancia ni a los activistas, quienes llevaron a cabo una aguerrida campaña, aproximando a nuevos activistas y dando a conocer un programa y una estrategia revolucionaria. Miles de activistas y militantes se movilizaron en la campaña por esta alternativa. A pesar de la baja votación, el PSTU sale fortalecido de la campaña, con la militancia orgullosa de ser parte de la lucha en la defensa del socialismo, en un momento en que el sistema capitalista ofrece solo la barbarie a los trabajadores y pueblo pobre.

Organizar la lucha y la resistencia

Terminadas las elecciones, tanto Bolsonaro como los demás gobiernos y el Congreso vendrán encima   de nuestra clase con un proyecto de guerra social, de semiesclavitud y de entrega del país. La reforma administrativa, la privatización y la reforma laboral son algunos de los ataques que esperan ser echados. El fin de la ayuda de emergencia, a su vez, profundizará la pobreza y la miseria. El objetivo es consolidar un nuevo grado de sobreexplotación y colonización a costa de las ya sufridas condiciones de vida de la clase obrera y de la mayoría del pueblo.

La necesidad y el proyecto de construir una alternativa revolucionaria y socialista continúan en las luchas. Este es nuestro terreno, el terreno de la clase obrera, de donde pueden venir los cambios que necesitamos y la construcción y fortalecimiento de nuestra autoorganización para construir un gobierno obrero socialista que gobierne a través de los consejos populares.

La tarea inmediata y fundamental que enfrenta la clase en este momento es aumentar la organización y la resistencia a los ataques, así como la perspectiva de superar el capitalismo, es decir, de construir una alternativa revolucionaria y socialista. Una alternativa que no repita la vieja conciliación de clases y de gobierno en alianza con la burguesía, sino que plantea la necesidad de sean los trabajadores, el pueblo pobre, negro y los oprimidos los que gobiernen.

En los próximos días, el PSTU definirá su posición en la segunda vuelta de varias ciudades, dónde defenderá el voto crítico y dónde llamará al voto nulo.

A ustedes, que nos acompañaron en esta batalla, les dejamos una invitación especial a conocer el partido y caminar con nosotros en la lucha por cambiar Brasil y el mundo, hacia una sociedad socialista, sin explotación y sin ningún tipo de opresión.