La discusión sobre el problema de la moral  siempre ha estado presente entre los marxistas. Hay corrientes, como la de Alan Woods, que sostienen que en Marx no existe el criterio moral. Consideramos que están equivocados. Lo que tanto Marx como Engels plantean es que no hay una moral universal, que la moral pertenece a la historia humana y que ha evolucionado con ella y que por lo tanto está atravesada por los criterios de clase.

 La sociedad feudal tuvo una moral predominante, el capitalismo tiene otra y el proletariado tiene la suya, aunque no la podrá imponer como predominante hasta tanto no se adueñe del poder político y comience a construir una nueva sociedad.

Esa moral del proletariado se va construyendo a partir de las necesidades que impone su lucha contra el capitalismo. Así surgen los criterios de  solidaridad,  de fraternidad como aspectos centrales de esa nueva moral.

Durante muchos años la discusión sobre el problema moral  entre los trabajadores, estaba centrada en explicar eso, que la moral de la que nos hablaba la burguesía sólo servía para defender sus intereses y que los trabajadores no teníamos que regirnos por ella, sino por la moral que surge de la necesidad de unir nuestras fuerzas en la lucha contra el capital.

Pero a partir de la década del 30 del siglo pasado surgió la necesidad de dar un nuevo significado a esta discusión y de encarar un gran combate en defensa de la moral obrera y revolucionaria. 

Eso se debió que el stalinismo, encaramado en el poder que había usurpado a la clase obrera en la URSS, infectó a la clase obrera con su moral de chiquero. La moral de la mentira, de la calumnia, de la falsificación histórica. Trotsky, tuvo que  desarrollar una gran batalla contra esa escuela de las falsificaciones y contra el método de la amalgama que utilizaba las acusaciones morales para desautorizar posiciones políticas.

Sus seguidores, los trotskistas, tuvimos que continuar ese combate  y más de una vez  fuimos acusados de ser agentes de la CIA por atacar la política traidora, de alianza con la burguesía y los métodos burocráticos de los partidos comunistas.

Esa nefasta moral stalinista también salpicó las filas trotskistas. Nahuel Moreno inició su vida política debiendo soportar la acusación de ser agente de los servicios de parte de Liborio Justo,  por manifestar sus diferencias políticas. Tal vez eso haya contribuido para que  durante toda su vida le haya dado tanta importancia a  la defensa de la moral revolucionaria. Así, en 1974, en una carta  abierta a Política Obrera de Argentina (actualmente Partido Obrero), que  reproducimos en este dossier, dice:

“Por qué nosotros, que nos negamos a discutir sobre el pasado, insistimos con un problema que data de hace más de 6 años? Porque aquí no se trata de una cuestión política, sino de moral y de principios. Insistimos: no queremos discutir las líneas políticas a nuestro criterio incorrectas de PO en el pasado, así como nos negamos a discutir las líneas políticas nuestras, incorrectas a criterio de PO. Pero no podemos acordar nada con PO mientras sigan pendientes cuestiones, que no son políticas, sino morales: el haber  aprobado que un dirigente trabajara a sueldo de la Ford (dirigiendo la encuesta sobre la marginalidad) y el haber utilizado la mentira y la calumnia contra nuestra organización”.

Esa postura en relación a la moral revolucionaria fue una constante en nuestra corriente y  marcó a la LIT-CI desde su fundación. Lamentablemente  hoy, cuando se cumplen 30 años de la fundación de la LIT-CI, tenemos que volver a encarar ese combate, esta vez contra una corriente que se reivindica “morenista”,  a partir de la campaña de calumnias contra  el PSTU brasilero y contra la LIT-CI que ha lanzado la UIT.

La cuestión moral y la fundación de la LIT-CI

Cuando estábamos en el proceso de ruptura de la CI-CI [1], Ricardo Napurí,  principal dirigente de la sección peruana de la CORCI [2], quien había manifestado diferencias políticas y metodológicas, fue acusado de ladrón por Lambert.

En ese momento, Napurí no tenía especial cercanía política con nosotros. Pero Moreno no dudó y, siguiendo la política de Trotsky de la década de 1930, propuso llamar a un Tribunal Moral Internacional que determinase la verdad o falsedad de las acusaciones.

El 11 de enero de 1982, se realizó una reunión en Bogotá, de la que participaron los partidos de la ex FB y dos dirigentes que provenían del lambertismo: Alberto Franceschi de Venezuela y Ricardo Napurí de Perú.  En el primer punto de esa reunión se ratificó el Tribunal y se lanzó una gran campaña en torno a él. En el segundo punto, se resolvió fundar una nueva Internacional, aprobándose los  estatutos y las Tesis Fundacionales de la LIT-CI.

 El Tribunal, constituido con personalidades de la izquierda internacional y del movimiento sindical,  falló a favor de la honra revolucionaria de Ricardo Napurí.

Actuamos de la misma manera en Bolivia, en los años 90, frente a los ataques morales de Guillermo Lora contra uno de los principales dirigentes de su partido, Juan Pablo Bacherer, que había manifestado diferencias políticas con él. Este Tribunal fue integrado, entre otros por  el dirigente metalúrgico y del PSTU de Brasil, Ze María de Almeida y por Esteban Volkov Bronstein, el nieto de Trotsky. E igual que en el caso anterior, el Tribunal constató la falsedad de las acusaciones morales.

La moral que defendemos

En 1920, Lenin afirmaba: “¿En qué sentido negamos la moral? La negamos en el sentido que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de mandamientos divinos (…) el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores (…) cuando nos hablan de moral, decimos: para un comunista, toda moral reside en esta disciplina solidaria y unida, y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores. No creemos en una moral eterna, denunciamos la mentira de todos los cuentos sobre moral. La moral sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación.”[3]

En 1938 Trotsky, manifiesta: “La Cuarta Internacional desecha a los magos, charlatanes y profesores de moral. En una sociedad basada en la explotación, la moral suprema es la de la revolución socialista. Buenos son los métodos que elevan la conciencia de clase de los obreros, la confianza en sus fuerzas y su espíritu de sacrificio en la lucha. Inadmisibles son los métodos que inspiran el miedo y la docilidad de los oprimidos contra los opresores, que ahogan el espíritu de rebeldía y de protesta, o que reemplazan la voluntad de las masas por la de los jefes, la persuasión por la coacción y el análisis de la realidad por la demagogia y la falsificación. He aquí por qué la social democracia, que ha prostituido el marxismo tanto como el estalinismo, antítesis del bolchevismo, son los enemigos mortales de la revolución proletaria y de la moral de la misma.”

En  1969, Moreno, preso en Perú, escribe un texto donde muestra como en la época imperialista, la burguesía abandona la moral de su época de ascenso, funcional a la acumulación capitalista y basada en “El ahorro, la frugalidad, la obediencia servil de los hijos y la mujer al jefe de la familia”(…) “la familia patriarcal burguesa de la etapa del ascenso, desaparece, se rompe, para dar lugar a las relaciones entre los sexos y los miembros de la familia anárquica, crítica, donde el elemento fundamental es la transformación de cada individuo en gozador del mundo y del otro sexo(…)”[4]

Y plantea que esa “amoralidad” de la burguesía se combina con la moral existente en los sectores marginados de la sociedad, la moral lumpen, dando origen a corrientes como el existencialismo o el espontaneismo: “El espontaneismo moral es el intento de sectores juveniles de gozar como individuos de la sociedad neocapitalista, es decir, de la sociedad de consumo, sin ajustarse a los fetiches y reflejos condicionados de esa misma sociedad. Nosotros creemos justamente lo contrario, que nuestra moral no es la de la opción como los existencialistas, ni para el goce como los espontaneistas, sino la de la necesidad de la revolución”. [5]

Moreno, que enfrentaba la negativa influencia de la moral espontaneista dentro del partido,  dio tanta importancia a esa discusión que, estando en prisión, la priorizó por encima de los debates políticos que estaban planteados. Con esa visión, construyó una corriente que mantuvo una moral revolucionaria de la que nos enorgullecemos, y cuyo mayor exponente fue la solidez moral e ideológica que permitió que  los más de 200 presos, fusilados y desparecidos del PST argentino, soportaran la tortura de la “Triple A” y de la dictadura, poniendo la seguridad del resto de los compañeros por encima de su propia vida.

El vendaval oportunista y la moral del “vale todo”

Trotsky tuvo que enfrentar la degradación moral provocada por Stalin, el método de la amalgama, la monstruosa persecución política y moral contra la generación que, junto a Lenin, encabezó la revolución y la construcción del estado soviético. Con los fraudulentos Procesos de Moscú y los campos concentración, Stalin acabó con la vida de gran cantidad de esos revolucionarios y en 1940 completó su tarea con el asesinato de Trotsky. Él ganó la batalla. Pero Trotsky con su gran campaña contra la “escuela stalinista de falsificaciones” nos dejó toda una concepción y una metodología que nos armaron para enfrentar al stalinismo y a todas las corrientes que tomaron un rumbo semejante.

Moreno debió enfrentar la destrucción moral que el stalinismo imponía en la clase obrera y a las posiciones espontaneistas que surgían como reacción a esa degradación y a la decadencia de la moral burguesa

Nosotros, estamos enfrentando un nuevo período degenerativo. Como decimos en documento del IX Congreso: “La decadencia del capitalismo en su fase senil llevó a tal grado el saqueo y destrucción de la naturaleza que llega al punto de justificar cualquier ataque a los más mínimos derechos individuales para garantizar sus ganancias. Esto genera una decadencia moral del imperialismo en el terreno de las relaciones humanas (…) Es el “vale todo” de la supervivencia en un mundo decadente (…) Esta situación tuvo su refracción al interior del MO y de la izquierda, debido a aquello que llamamos el “vendaval oportunista”.

Ya antes, producto de la marginalidad, sectores trotskistas se contaminaron con la moral stalinista. Un ejemplo fueron los casos, ya citados, de las amalgamas y calumnias utilizadas por Lambert, Lora, Altamira. Pero con el “vendaval oportunista” todo se potenció: ex guerrilleros presiden gobiernos burgueses, reprimen las luchas. Organizaciones que se reivindican trotskistas viven del estado, administran planes sociales, aplican el “clientelismo político”, utilizan la difamación como moneda corriente, atacan físicamente y roban archivos y locales a otras organizaciones trotskistas. El parlamentarismo y los aparatos sindicales, corrompen a quienes fueron dirigentes revolucionarios. “Anarquistas” utilizan “expropiaciones” para su beneficio personal…

La cuestión de la moral revolucionaria en la reconstrucción de la LIT-CI y de la IV Internacional

Cuando nuestro IX Congreso Mundial votó e hizo público un documento sobre Moral, muchos compañeros,  agradablemente sorprendidos, nos dijeron que nunca habían visto algo así.  Como ya vimos, no es la primera vez que damos importancia central a ese tema. Lo que si es cierto, es que es la primera vez que un congreso mundial considera necesario votar un documento de esas características.

Todo lo dicho sobre el vendaval oportunista plantea la necesidad  de batallar en defensa de la moral revolucionaria. Pero no explica por qué nuestro IX Congreso Mundial vio la necesidad de votar un documento sobre el tema. Esa necesidad se nos planteó al constatar la existencia de  importantes casos de índole moral en nuestras filas,  lo que nos hizo ver que también nosotros habíamos sido contaminados.  Como decimos en ese documento (que reproducimos en este dossier):“Era lógico que, si la LIT, en el marco del vendaval oportunista que se abatió sobre la izquierda, sufrió una destrucción en el terreno teórico, programático y organizativo, esto debería afectar también el terreno moral”.

Nuestra tradición nos permitió enfrentar el problema, a través de la educación de la militancia y tomando con rigor cada problema moral que se presentase. Actuamos  sin temor a perder militantes e incluso secciones, porque somos conscientes de que estamos defendiendo no un principio filosófico abstracto, sino la moral defendida por Lenin, Trotsky, Moreno, “la moral que sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación”.

¿Por qué hicimos público este combate interno? Para fortalecerlo. Nos hemos encontrado con dirigentes que, reivindicándose trotskistas y morenistas, defienden la “ley de la selva” para justificar robos de locales, de archivos… Y nos dicen que estamos en el “túnel del tiempo” cuando nos oponemos a esas acciones en nombre de la moral defendida por nuestros maestros.

Nosotros, al igual que esos dirigentes, sufrimos las presiones de la sociedad en descomposición y no estamos libres de problemas. La diferencia  es que reconocemos esos problemas y no los escondemos debajo de la alfombra, sino que los hacemos públicos para combatirlos con más fuerza.

Y aspiramos a que las organizaciones y dirigentes que se nos aproximan políticamente, se sumen a este combate. Porque estamos convencidos que la reconstrucción de la Cuarta sólo se puede dar en medio de una feroz batalla por  recuperar la moral revolucionaria. Batallando a muerte, en el movimiento y en el partido, contra el método de las amalgamas, las calumnias;  el robo, las mentiras, los ataques físicos y la deslealtad entre revolucionarios; el machismo, el racismo, la xenofobia, la homofobia; porque todo eso va en contra de la moral revolucionaria, es decir en contra de la revolución.

Justamente nuestro objetivo, con este especial, es ayudar a «levantar la guardia» de los militantes y organizaciones revolucionarias a partir de retomar un debate que nunca tendríamos que haber dejado de lado sobre esta cuestión importante, la cuestión de la moral revolucionaria.

Documentos que reproducimos en este especial sobre la moral revolucionaria.

1.      De la moral revolucionaria al “vale todo”,  Martín Hernández, 2006

2.      Su moral y la nuestra, León Trotsky (extractos), 1938

3.      Moral  bolche o moral espontaneista, Nahuel Moreno (extractos), 1969

4.       Proyecto de Documento sobre la Moral revolucionaria, IX Congreso de la LIT-CI, 2008

5.       Las calumnias y la moral revolucionaria, José Welmowicki y Alejandro Iturbe, 2012

6.      Carta a UIT: sobre calumnias y calumniadores, Martín Hernández, 2012

7.      Carta abierta a Política Obrera, PST (A), junio 1974

8.      Resolución sobre el caso NapuríCEI de la LIT, 1982


[1] Comité Internacional- Cuarta Internacional, formado por la  FB y la organización de Lambert en 1980, como parte de la estrategia de reconstrucción de la IV Internacional. Se rompió  ante  la capitulación de Lambert al Frente Popular, su negativa a discutir y su política de expulsar a  los que cuestionaran su política.

[2] Organización internacional dirigida por Pierre Lambert

[3] Discurso de Lenin en la I sesión del III Congreso de las Juventudes Comunistas, 2 de octubre de 1920)

[4] Nahuel Moreno, Moral bolche o moral espontaneista

[5] Idem