La Amazonía sigue siendo quemada. El año 2021 llega al fin con la mayor selva tropical del planeta en llamas. De acuerdo con los datos del Sistema de Alerta de Deforestación, del Imazon, publicados el lunes 20 de diciembre, entre enero y noviembre de este año, la Amazonía Legal perdió 10.222 km2 de selva, el equivalente a siete veces el tamaño de la ciudad de San Pablo.

Por: Roberto Aguiar

Es el mayor acumulado de los últimos diez años para el período. Solo en noviembre fueron 480 km2 deforestados en la región, la segunda peor tasa para el mes en diez años (el récord se registró en 2020, con 484 km2).

Caos agrario, falta de fiscalización e invasión de tierras públicas sin uso de la Unión, ayudan a explicar la destrucción de la selva. Toda esa barbarie ambiental es estimulada por el gobierno Bolsonaro, que incentiva acciones de “grileiros” [buscadores de oro] y destruyó la política de fiscalización de órganos que deberían actuar en defensa de las tierras, de la selva y de la fauna amazónicas, como el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) o el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra).

Falta de fiscalización = invasiones de tierras públicas

Según el Imazon, 54% de la deforestación mensual de la Amazonía está concentrado en una categoría llamada “áreas privadas o tierras públicas bajo diversos estadios de posesión”, que comprenden tierras públicas no destinadas; tierras públicas inscritas en el Catastro Ambiental Rural (CAR); inmuebles privados registrados en el Incra.

Una investigación del Instituto de Pesquisa Ambiental de la Amazonía (Ipam) también señala la invasión de áreas públicas como principal responsable por las quemas. Según Ipam, considerando el período entre agosto de 2020 y julio de 2021 –meses en que se mide la temporada de deforestación en la Amazonía– el principal responsable por la deforestación fue la invasión de tierras públicas no destinadas (28%), seguido por el desmonte en inmuebles rurales (áreas privadas, 26%) y, en tercer lugar, en asentamientos (23%).

El Ipam explica que “las selvas púbicas no destinadas son áreas en la Amazonía que, por ley, deberían ser dedicadas a la protección o al uso sostenible”. Mientras tanto, “hasta hoy no tuvieron destino específico y, por eso, son blanco constante del grillaje”, alerta el Instituto. El informe de la pesquisa resalta que “la deforestación en las selvas públicas creció mucho los últimos años. El gobierno sabe y es su responsabilidad fiscalizar esas áreas”.

Pero lo que vimos en el gobierno Bolsonaro fue justamente una reducción en la fiscalización. Datos de informes recientes sobre deforestación y multas contra crímenes ambientales, compilados por el Observatorio del Clima, muestran un padrón que se está intensificando en la Amazonía: cuanto menor el número de multas por crímenes ambientales, mayor la tasa de deforestación.

Los datos apuntan que el debilitamiento de los autos de fiscalización coincidió con la aceleración de la deforestación. Los números oficiales del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe) apuntaron que el Brasil perdió (entre agosto de 2020 y julio de 2021) la mayor área de selva desde 2006 –13.235 km2–. En ese período, el total de multas fue la menor de la serie histórica para el período.

Derrotar a Bolsonaro para salvar la Amazonía

La política predatoria de destrucción de la Amazonía impuesta por Bolsonaro precisa ser derrotada urgentemente, para que la mayor selva tropical del planeta no sea destruida.

La deforestación de la Amazonía es consecuencia directa del avance de la agricultura capitalista en la Región, que es incentivada por Bolsonaro como parte del proyecto de recolonización imperialista que recrea la vieja plantación, haciendo del Brasil un gran exportador de commodities, como en los tiempos de la dominación portuguesa. Ahora, con un nuevo ropaje.

Para seguir hasta el fin con su política de destrucción y hacer avanzar la propiedad privada, Bolsonaro estimula la invasión de las tierras indígenas y Unidades de Conservación, pues son piedras que están en medio del camino y obstaculizan su proyecto entreguista y destructivo. Según el relevamiento del Imazon, tierras indígenas (TIs) y unidades de conservación (UCs) son las tierras públicas menos deforestadas: en noviembre, Unidades de Conservación representan 4% de la deforestación y Tierras Indígenas, 2%.

Por eso, la lucha en defensa de la Amazonía pasa por la tarea inmediata de sacar a Bolsonaro y Mourão. Combinada con la lucha contra este sistema destructivo, predatorio, que transforma nuestras selvas y tierras en propiedades privadas.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 22/12/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.