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El modelo chino amenazado por la crisis y el ascenso obrero Imprimir Correo electrónico
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Escrito por Secretariado Internacional - LIT-CI   
Jueves 29 de Marzo de 2012 02:50
Hace poco más de tres décadas, la burocracia del entonces Estado obrero de China inició la implantación del “capitalismo con características chinas”. Deng Shiao Ping, después de una lucha interna feroz contra el ala de la burocracia conocida peyorativamente como la “pandilla de los cuatro” –que se decía heredera de los ideales maoístas y de la continuidad de la revolución cultural- instituyó las “cuatro modernizaciones”.

Era la señal para la apertura al capital extranjero, la privatización de las estatales y la introducción de los mecanismos de mercado en la economía. En otras palabras, la restauración capitalista de un Estado obrero que posibilitó avances increíbles a una población eminentemente agraria en estado de permanente miseria y a su clase obrera, a pesar de las desastrosas políticas impuestas por Mao.

Lo que no cambió fue la manutención férrea de la dictadura, ahora burguesa, basado en el Ejército del Pueblo y en el sistema de partido único, el Partido Comunista de China (PCCh). Fue así que, en 1989, cuando un proceso revolucionario que exigía libertades democráticas, el fin de la corrupción y sindicatos libres, terminó en un baño de sangre en la Plaza Tiananmen.

Para vergüenza de todos los revolucionarios, esta dictadura al servicio del capital, aún se denomina “comunista” dirigiendo un “socialismo de mercado”, manchando nuestra bandera socialista.

El modelo chino y la crisis económica

Este modelo transformó a China en la “fábrica del mundo” en los años 90 y fue crucial para la expansión económica del capitalismo en los años 2000. La dictadura garantizó altas tasas de lucro a la burguesía a partir de la superexplotación de la clase obrera y de la instalación de las multinacionales para la producción de productos destinados a la exportación. En este proceso, la población china veía su nivel de vida cada vez más bajo, en relación a la riqueza que generaba para el país, haciendo que el consumo familiar bajase al nivel de 36% del PIB, mientras sectores de la burocracia estatal, del ejército y de una “nueva clase media” fuesen beneficiados.

China también fue fundamental para amenizar la crisis económica iniciada en 2006 en los EUA y que tuvo repercusión mundial con la explosión de la “burbuja inmobiliaria” en 2007. El gobierno chino inyectó en la economía USD 586 mil millones en 2008/09, además de USD 1,5 billones a través de créditos de bancos estatales, con el objetivo de evitar un colapso mundial y de mantener el empleo de los cerca de 150 millones de migrantes, obreros sin derechos y con bajísimos salarios, para que las rebeliones populares no llegasen al país.

Sin embargo, se fue capaz de amenizarla, no consiguió que la crisis fuese eliminada. Al contrario, ella se mantuvo en los EUA, en una situación débil crecimiento económico, pero se profundizó en Europa, el principal mercado importador de productos chinos. Eso hace que el modelo exportador financiado por el gobierno comience a dar señales de agotamiento. El nivel altísimo de liquidez de la moneda, causando presiones inflacionarias permanentes y una mayor dificultad de control del cambio, las deudas impagables de los gobiernos regionales (casi 11% del PIB), la superproducción existente en varios sectores devenidos del crédito fácil e incentivos fiscales, cuestión notable en el mercado inmobiliario y en la siderurgia, y los aumentos salariales que son producto de la incesante lucha de una clase obrera totalmente precarizada en el sector privado, hacen que esta política no pueda perdurar, a pesar de niveles de crecimiento mayores que el promedio mundial.

De hecho, el PIB creció 9,2% en 2011 (10,4% en 2010), con el último trimestre mostrando una reducción de 2,3% (tercer trimestre) para 2,0%. La previsión es de que el primer trimestre de 2012 presente una caída aún mayor, incluso debido al feriado de 15 días del año nuevo chino. Los meses de enero/febrero muestran una reducción de actividad de las industrias primarias (materias primas) y de electrodomésticos. Por ejemplo, -1,1% en la industria del petróleo, 16,3% para la minería del hierro (con indicaciones claras de superproducción en el sector), cemento (4,8%), acero (2,2%), metalúrgicas (4,6%), máquinas de lavar (-5,7%), heladeras (-2,9%) y de acondicionadores de aire (-4,8%). Además, se ve una manutención de los índices en la producción de máquinas e implementos agrícolas y de productos electrónicos destinados a la exportación (computadores, celulares). Los datos muestran una reducción drástica de inversiones estatales (industrias primarias) lo que llevará a una reacción en cadena en el futuro, se esta tendencia se mantiene.

¿Aterrizaje suave?
 
Con indicios cada vez más claros de desaceleración de la economía, que no consiguió ser evitada con medidas meramente fiscales tomadas por el gobierno (caída de la tasa de intereses, caída del crédito compulsivo de los bancos, control del cambio, mayor control sobre los préstamos bancarios), la dictadura china ya admite previsiones menores de crecimiento económico para los próximos años. El primer ministro Wen Jiabao anunció, en la apertura de la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo (el parlamento chino, totalmente controlado por el PCCh) la previsión de 7,5% de crecimiento del PIB para 2012 y una meta de 7% en promedio hasta 2015. Es el llamado “aterrizaje suave” de la economía, lo que daría tiempo suficiente para realizar la transición de un modelo de exportación a un modelo basado en el consumo interno.

Esta transición es exigida hace años por el Banco Mundial y también está incluida en los planes quinquenales del país, pero hasta ahora sin éxito. El problema es que un nuevo modelo productivo afecta el corazón de la economía exportadora y los intereses de un gran sector de la burguesía china, basada en Hong Kong, propietaria de las fábricas de productos baratos de exportación y empleadora de un enorme contingente de trabajadores migrantes. Wang Yang, gobernador del estado de Guangdong, afirmó al respecto que regiones como Dongguan, uno de los centros de exportación del estado, podría tornarse la “Grecia de Guangdong”, pues “Dongguan representa un modelo tradicional de desarrollo, pero debido a la valorización de la moneda y al aumento de los precios de las materias primas, es difícil la continuidad de muchos negocios”.

Pero él omitió el problema de los problemas: los aumentos salariales arrancados por el ascenso de las luchas de la clase obrera (en 2010 hubo 180.000 conflictos), obligando al gobierno a conceder reajustes de los salarios mínimos regionales bien por arriba de la inflación, que corroen las tasas de plusvalía de este sector de la burguesía (y, por tanto, afecta la tasa de lucro de toda la economía). Esta reducción de la tasa de lucro provoca movimientos de la burguesía en tres direcciones: mudar sus fábricas para el interior, donde los salarios mínimos regionales son menores, mudar sus fábricas a países vecinos donde los salarios son aún más bajos (por ejemplo, en Vietnam) o, por parte de algunas multinacionales norteamericanas, como Caterpillar, volver a producir en los EUA cuando los costos se muestran competitivos.

Eso puede crear una reducción del nivel de empleo en las regiones exportadoras del este y causar un “tsunami obrero”, llevando a una situación que la dictadura quiere evitar a todo costo: la posibilidad de la transformación de millares de luchas económicas y democráticas (como en el Tíbet, de la nacionalidad de Uigur o la rebelión de los habitantes de Wukan  que tomó las instalaciones del gobierno municipal, forzándolo a negociar) en un movimiento unificado contra el gobierno y la burguesía, esto es, el inicio de una revolución en el país.

Es por eso que, al mismo tiempo en que adopta cuidadosas medidas económicas para evitar el levantamiento, la dictadura aumenta el presupuesto para el ejército y propone la reforma del código criminal, con la legalización de los frecuentes secuestros de personas “sospechosas de subversión” de hasta seis meses para “averiguaciones”, para promover la represión selectiva contra los líderes de las luchas.

Por tanto, incluso un “aterrizaje suave” de la economía puede generar consecuencias políticas imprevisibles en la lucha de clases, apuntando a un estadio superior en las movilizaciones.

Disputas interburguesas
 
Hasta ahora, la dictadura demostraba total unidad en la aplicación de su política. Sin embargo, una disputa entre dos alas de la burguesía representadas en la cúpula del PCCh explotó en plena sesión del Congreso Nacional del Pueblo (CNP).


En el último día del CNP, 14 de marzo, el primer ministro hace un duro ataque: “El actual Comité Municipal y el gobierno de Chongking precisan reflexionar seriamente sobre el incidente de Wang Lijun y aprender las lecciones pertinentes”. Wen Jiabao se refería a la fuga –sin motivo conocido- del vice intendente de Chongking, Wan Lijun, a un consulado de los EUA ocurrido en el mes anterior. Wang pasó la noche en el consulado y después fue entregado a las autoridades chinas y separado de sus funciones “por tratamiento médico”. Algunas horas después de la declaración de Wen, Bo Xilai, el jefe del partido en Chongking, era destituido de todos sus puestos en la ciudad, aunque aún permanece como miembro del Comité Central del partido.

Esta decisión provocó medidas de seguridad preventivas en Pekín y Chongking, además de las acostumbradas censuras de la prensa y de internet y, probablemente, prisiones preventivas.

Bo Xilai estaba en ascenso en el PCCh e era dado como seguro su indicación para el Comité Ejecutivo Permanente (CEP), el todo poderoso órgano de nueve miembros del partido. Su fama viene de la aplicación del llamado “modelo Chongking”, por el cual se incentivaba el cántico en plazas públicas de antiguas canciones revolucionarias de la época de Mao y se desarrollaba planes habitacionales para la población de poca renta. Además de eso, era realizada una campaña llamada da wei, de persecución a las mafias de la ciudad y que, obviamente, afectaba a muchos empresarios. El propio Juez de Chongking, Wen Qiang fue condenado a muerte, acusado de enterrar USD 3 millones venidos de la corrupción en un jardín.

Su política atrajo al sector ‘neo-maoísta’, defensor de la manutención del poder estatal en la economía, pero sin atacar el “socialismo de mercado” predicado por la dirección. Por eso Bo es considerado por los analistas extranjeros como un izquierdista, defensor de las estatales y de la igualdad social.

Pero su origen social y su práctica política desmienten esa caracterización. Bo es un “príncipe” del partido, como son llamados los hijos de los líderes de la revolución de 1949 que subieron los escalones del poder en base a privilegios adquiridos por herencia. Su estilo populista autoritario se parece más a un Hugo Chávez chino o, en una comparación más europea, a un Vladimir Putin, que a un líder de izquierda. Chongking, una ciudad con 30 millones de habitantes, vio una participación del capital privado en el PIB municipal ser aumentada del 25% al 60% en 2007. Además de eso, el programa de casas populares se reveló como construcción de dormitorios para trabajadores migrantes, a fin de favorecer la instalación de industrias privadas en la región. Los propios neo-maoístas sintieron en la piel el “estilo Bo” cuando organizaron una conferencia en la ciudad: fueron detenidos al mando de su ídolo.

Quien manda es el imperialismo
 
El castigo de Bo fue apoyado por el presidente Hu Jintao, el primer ministro Wen Jiabao, el vicepresidente Xi Jinping, otro “príncipe” y hasta aliados, como Zhou Yongkang, el jefe de seguridad interna, mostrando una unidad de fachada en la cúpula.

Otro evento, aparentemente inconexo, ayuda a esclarecer esta disputa: algunas semanas antes de la instalación del CNP, un extenso informe del Banco Mundial defendía la implementación de “reformas estructurales para reforzar las bases de una economía de mercado por la redefinición del papel del gobierno, reformando y reestructurando las empresas y bancos estatales, desarrollando el sector privado, promoviendo la competencia y profundizando las reformas de la tierra, trabajo y del mercado financiero”.

El informe de 470 páginas prevé la reducción de la participación de las estatales en la economía china en 10% para 2030 y la apertura inmediata del mercado financiero.

Este recetario neoliberal es defendido por el Banco Mundial (léase el imperialismo) hace años. La novedad es que, esta vez, su informe tiene como coautor al Centro de Investigación y Desarrollo, un órgano del Consejo de Estado de China.

Mostrando una afinidad total con el informe, el primer ministro, en la abertura del CNP, prometió “romper los monopolios” y “atraer inversiones privadas para los sectores ferroviario, de utilidades públicas (agua y desagüe), finanzas, energía, telecomunicaciones, educación y asistencia médica”, todos sectores estatales. Bo, por su parte, no hizo ninguna declaración contraria.

Este ataque frontal a las estatales, al sistema financiero y la abertura para el sector privado de la propiedad de la tierra es necesario para dar una salida al capital especulativo, ávido por inversiones lucrativas. Pero representa un enorme riesgo para la dictadura, debido al importante ascenso obrero y popular existente en China, que puede ser engrosado por el retorno a las luchas del sector más tradicional de la clase obrera, los trabajadores de empresas estatizadas a partir de la revolución de 1949.

El 18º Congreso del PCCh y los rumbos de la disputa
 
En este complejo contexto, dos alas de la burguesía se enfrentan en la cúpula del PCCh, pues es ahí que se detentan las riendas del poder. Un ala mayoritaria, consciente de los problemas sociales devenidos del giro de la economía, busca un camino más negociado con el movimiento de masas sin abandonar el control dictatorial del país. El ala minoritaria de Bo pretende aplicar el mismo plan económico dictado por el imperialismo, pero a través de una política populista y más represiva. Para eso es necesario construir, frente a las luchas venideras del movimiento de masas, un gran “Bonaparte”, el propio Bo, que pueda mediar los choques entre el proletariado y la burguesía y mantener el aparato del Estado intacto.

No es otro el sentido del pronunciamiento de Wen Jiabao cuando anunció el castigo a los dirigentes de Chongking: “sin el éxito de la reforma política estructural…una tragedia histórica como la Revolución Cultural podría ocurrir nuevamente”. Y también explica la moción para el CEP de Wang Yang, gobernador del estado de Guangdong, que negoció con los rebeldes habitantes de Wukan la deposición de los líderes locales del PCCh y la elección de un nuevo Consejo Municipal, evitando un baño de sangre en el poblado.  

Esta disputa interburguesa tendría un desenlace en los bastidores del 18º Congreso del PCCh en octubre, pero la fuga de Wang Lijun al consulado norteamericano precipitó los acontecimientos, causando la deposición de Bo Xilai.

Si son concretadas las anunciadas elecciones del actual vicepresidente Xi Jinping, un neoliberal, al cargo de presidente, y Li Kepiang, hombre de confianza de Hu Jintao, para el cargo de primer ministro, demostrarán una victoria del ala mayoritaria. Y la probable elección de Liang Wengen, presidente de la Sany Heavy Industries, considerado el hombre más rico del país, con una fortuna de USD 11 mil millones, será un gesto simbólico de la participación directa del gran capital en el aparato del Estado.

Sin embargo, la proclamación de “unidad” y la elección unánime de los nuevos órganos dirigentes del partido y del país, que ciertamente ocurrirán, no conseguirán esconder la crisis. La disputa por el poder entre un ala que busca realizar aperturas controladas para aplicar los planes imperialistas y otra que pretende mantener la represión a través de un “Bonaparte”, para aplicar los mismos planes, continuará bajo la presión del ascenso del movimiento de masas que no está representada por ninguna de ellas.

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