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Sobre el pedido de Mahmud Abbas en la ONU Imprimir Correo electrónico
Suplemento CORREO INTERNACIONAL
Escrito por LIT-CI   
Martes 18 de Octubre de 2011 00:06
Apoyamos al pueblo palestino contra Israel y el imperialismo

El presidente de la ANP (Autoridad Nacional Palestina), Mahmud Abbas presentó ante la ONU (Organización de las Naciones Unidas) el pedido de reconocimiento de un estado palestino (con las fronteras previas a la guerra de 1967) y el derecho a ocupar un asiento permanente en la Asamblea General de este organismo.

Este pedido ha generado una crisis en la ONU porque, acompañando la cerrada negativa del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu a realizar este debate, Barack Obama ha anunciado que su país vetará el tratamiento del pedido en la Asamblea General, en caso de que logre los votos necesarios en el Consejo de Seguridad. Este Consejo tiene 15 miembros: 10 son rotativos cada dos años y cinco fijos (EEUU, Inglaterra, Francia, Rusia y China) con derecho a veto. Para que un tema vaya a la Asamblea debe lograr 9 votos en el Consejo y no ser vetado.

El contexto actual

¿Por qué un agente de Israel y el imperialismo como Abbas genera una situación en la que aparece enfrentándolos así sea en terreno diplomático? ¿Por qué el gobierno de Netanyahu se opone terminantemente a esta votación? ¿Por qué el gobierno de Obama, que hasta hace poco “coqueteaba” con la propuesta de creación de un estado palestino con las fronteras de 1967, ahora se opone?  Finalmente, ¿cuál debe ser la posición de los revolucionarios ante el pedido de Abbas?

Para responder a estas preguntas, debemos ver dos procesos del contexto en que se produce este pedido. En primer lugar, la profunda oleada revolucionaria que recorre el mundo árabe y que ha entrado con mucha fuerza en el pueblo palestino. Así lo expresan las movilizaciones en los territorios de la ANP (Gaza y Cisjordania) y, especialmente, la de los exiliados que viven en los países fronterizos con Israel y que, en mayo pasado  marcharon hacia las fronteras israelíes y las “perforaron”, reivindicando el derecho de retorno y la recuperación del territorio palestino histórico.

En segunda lugar, el Estado de Israel (un enclave colonial y militar imperialista) vive hoy el mayor aislamiento y la mayor crisis de su historia, como resultado de la combinación entre su política abiertamente racista y genocida contra los palestinos, el desarrollo de la revolución árabe y las contradicciones que comienzan a surgir entre la propia población judía israelí.

Sus fronteras, antes más seguras por los acuerdos explícitos o implícitos con los gobiernos árabes, hoy están amenazadas por la revolución. En Egipto, cayó el gobierno de Mubarak (un gran aliado). Ahora la junta miliar debe cabalgar sobre una revolución (hace poco, miles de egipcios tomaron enardecidos la embajada israelí) y se vio obligado a abrir el paso de Rafah con la Franja de Gaza. Siria se incendia con la lucha contra el régimen de los Assad. Para empeorar las cosas, Turquía, tradicional aliado de Israel en el mundo musulmán, rompió relaciones diplomáticas por el ataque israelí a la Flotilla de la Libertad que llevaba alimentos y medicamentos a Gaza, donde murieron nueve turcos.

El porqué de las posiciones

Reiteradamente, hemos denunciado que Abbas y la dirección de Al Fatah se transformaron, desde los Acuerdos de Oslo y la creación de la ANP, en agentes de Israel y el imperialismo dentro del pueblo palestino y en la expresión de una burguesía palestina corrupta. Mantenemos a fondo esta definición. Al desprestigio político que esto les ocasionó (que ya se expresó en la pérdida de la Franja de Gaza para el control de Hamas), se sumó el estallido de la revolución árabe y su expresión dentro del pueblo palestino. Sin nada para ofrecer, esto amenazaba con dejarlos sin ningún margen de acción y con el riesgo de ser barridos en el camino de la lucha contra Israel.

Por eso, Abbas comenzó a intentar una reubicación. Firmó, en mayo pasado, el “acuerdo de reconciliación” con Hamas y presentó ante la ONU, contra la opinión de Israel y el imperialismo, el pedido de reconocimiento del estado palestino. La jugada comienza a darle resultados, por lo menos en Cisjordania: miles de palestinos festejaron en las calles este pedido y, a su vuelta, Abbas fue recibido con gran entusiasmo. Es decir, para seguir siendo agente de Israel y el imperialismo, con cierto peso popular y no ser barrido por la movilización, Abbas necesitó hacer una jugada táctica que los enfrenta en terreno diplomático.

En el caso del gobierno de Netanyahu, él sabe que, en el futuro, posiblemente deberá aceptar la apertura de negociaciones para la creación de un estado palestino. Pero quiere postergar esta negociación todo lo que pueda para llegar en las mejores condiciones posibles, luego de completar sus plan de “judaízar” Jerusalén, apropiarse de toda la tierra posible de Cisjordania y derrotar a Hamas en Gaza.

Al mismo tiempo, hoy no puede aceptar ese debate y esas negociaciones porque eso representaría el estallido de su coalición gobernante y la ruptura de la alianza con los sectores más derechistas de su gobierno, como el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman y su partido Yisrael Beytenu, expresión de los inmigrados rusos que ocupan las colonias en Cisjordania.

Por su parte, el gobierno de Obama intenta responder a una situación de relación de fuerzas mundial y regional desfavorable para el imperialismo; marcada por la derrota en Irak y la posible en Afganistán, que se ha visto agudizada por la revolución árabe y las movilizaciones del pueblo palestino. Intenta hacerlo a través de pactos y negociaciones que buscan de defender los intereses estratégicos estadounidenses.

En Palestina, trata de desactivar (o, al menos, postergar su estallido) la “bomba de tiempo” en curso. Por eso, durante meses “coqueteó” con la  propuesta de abrir negociaciones para la creación del mini-estado palestino, y presionó al gobierno de Netanyahu para que las acepte y haga algunas concesiones (reducir las colonias en Cisjordania o el fin del bloqueo a Gaza) que las tornasen “creíbles”.

La cerrada negativa del gobierno de Netanyahu le cerró toda alternativa táctica y lo obligó a salir a respaldar la posición de su “aliado estratégico” en la región. Con ello, el gobierno de Obama se desgasta aún más porque aparece claramente como “lo mismo” que Israel, sin ninguna posibilidad de ofrecerse como “mediador” o “garante” de una negociación.

Los “dos estados”

La propuesta presentada por Abbas ha despertado grandes simpatías y expectativas en el mundo árabe, en el pueblo palestino y en todos los que simpatizan con su causa. Es lógico que, a pesar de su carácter restringido, después de tantos años de sufrimientos y de no contar con su propio país, la creación de un mini-estado palestino sea vista, no como la “solución ideal y más justa” sino, al menos, como un paso adelante, un punto de apoyo para seguir avanzando.

Sin embargo, es preciso plantear con claridad que esa propuesta (expresión de la solución de los “dos estados”, uno palestino y otro judío) abandona la reivindicación histórica del pueblo palestino de construir una Palestina Única, Laica, Democrática y No Racista en todo su territorio histórico. La propuesta plantea que ese estado tenga las fronteras anteriores a la guerra de 1967: un territorio comprendido por Gaza, Cisjordania y la parte este de Jerusalén.

Esto significa apenas un tercio de territorio histórico. En este sentido, la propuesta:

1.      Legitima la existencia de Israel como enclave imperialista, la usurpación de los dos tercios del territorio palestino y la expulsión de gran parte de este pueblo de su país y de sus tierras, sancionada por la ONU, con la creación de Israel en 1948.

2.    Crearía un estado sin viabilidad económica y sin ninguna soberanía militar: según la cadena Al-Jazeera, Abbas habría aceptado que el nuevo estado no posea fuerzas armadas propias e incluso, que sus fronteras sean custodiadas por fuerzas militares de la OTAN.

3.    Divide definitivamente al pueblo palestino en tres: los que viven dentro de las fronteras de Israel, los que viven en los territorios del futuro estado y los cinco millones de exiliados que verán liquidado su derecho a retornar porque no tendrán ninguna posibilidad de recuperar sus tierras robadas y el  nuevo estado palestino no les ofrecerá ninguna posibilidad económica ni de tierra para que se radiquen allí.

La creación de este estado no resolverá la situación del pueblo palestino. Por eso, la LIT-CI sigue reivindicando la consigna fundacional de la OLP y afirma que es necesaria la destrucción del Estado de Israel, como condición indispensable para que exista paz en la región porque es un estado genocida y un enclave-gendarme de los intereses imperialistas.

Afirmamos que Abbas, Al Fatah y la ANP son una dirección absolutamente entreguista, que traiciona las banderas históricas de su pueblo. Afirmamos también que la ONU es una “cueva de bandidos” que defiende al imperialismo y a Israel.

Un derecho democrático

Sin embargo, incluso con todas las limitaciones que tiene la reivindicación que hace Abbas, hoy el imperialismo norteamericano e Israel no están en condiciones de otorgarla y se oponen tajantemente a la misma. Que dicha votación se realice en la ONU sería una derrota política para ellos.

Por eso, sin cambiar ni un milímetro nuestra posición sobre los “dos estados” ni sobre el carácter de la ONU, defendemos el derecho democrático del pueblo palestino de exigir esa votación en la Asamblea General de la ONU y vamos a apoyar toda movilización de ese pueblo por esa exigencia.

¿Qué significa defender ese derecho democrático? Veamos un ejemplo. La mayoría del pueblo vasco quiere separarse del estado español y formar un país vasco independiente. Nosotros no coincidimos con esta propuesta y proponemos a los trabajadores y al pueblo vasco que luchen junto con los otros pueblos y trabajadores de España por una Federación de Repúblicas Socialista Ibéricas, en la que los vascos tengan su autonomía. Sin embargo, defendemos el derecho democrático del pueblo vasco a separarse de España si así lo quiere.

Lo hacemos ahora frente al centralismo imperialista madrileño y lo haremos si se conquista un estado obrero en la península, tal como los bolcheviques respetaron ese derecho de los finlandeses, después de formada la URSS.

El caso palestino es diferente. No se trata de una nacionalidad oprimida en el marco de un estado plurinacional opresor sino de un pueblo cuyo territorio ha sido usurpado. Por eso reivindicamos y apoyamos su derecho a recuperar todo su territorio. Pero la analogía es válida en el sentido de que, aún cuando no coincidimos con la solución de los “dos estados”, defendemos su derecho a recuperar aunque sea parte de su territorio. Y, fundamentalmente, defendemos el derecho al reconocimiento de la nación palestina para ocupar un lugar permanente incluso en esa “cueva de bandidos” que es la ONU.

Aunque queremos dialogar con un sector de la vanguardia palestina que viene luchando contra Abbas y la ANP y realiza fuerte críticas a Hamas, a la vez que reivindica la construcción de un estado palestino único en todo el territorio histórico y propone la destrucción de Israel. Ahora, sobre la base de esas posiciones, se opone a la votación en la ONU y considera que, de darse, sería una derrota del pueblo palestino y un triunfo de Israel y el imperialismo.

Con esa vanguardia, tenemos profundas coincidencias de fondo que se han expresado en toda la lucha palestina reciente. Pero creemos que esta posición es un error. En las actuales condiciones, que esa votación se realice no será un triunfo de Israel y el imperialismo sino una derrota político-diplomática que los debilitaría.

Por eso, estamos por la derrota de la posición de EEUU e Israel de que no haya votación en la Asamblea porque esa derrota reforzará el espíritu de lucha del pueblo palestino y de las masas árabes, y debilitará relativamente a sus enemigos.

Sin embargo, insistimos, no será a partir de la ONU y sus resoluciones que se conseguirá la victoria palestina. Ese triunfo llegará a través de la continuidad y la profundización de sus luchas y la de las masas árabes por la bandera original de la antigua OLP: la lucha por la destrucción del estado de Israel y la construcción de un Estado Palestino laico, democrático y no racista, en todo el territorio histórico de Palestina.

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