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Ante el futuro gobierno del FMLN en El Salvador Imprimir Correo electrónico
Suplemento CORREO INTERNACIONAL
Escrito por SI - LIT   
Martes 19 de Mayo de 2009 00:00

EL SALVADOR - El pasado mes de marzo, se realizaron elecciones presidenciales en El Salvador. En ellas, se impuso Mauricio Funes, candidato del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional (FMLN).

 

Este resultado ha despertado un gran entusiasmo en el pueblo salvadoreño. En primer lugar, porque la derrota electoral de ARENA, un partido burgués de derecha que llevaba dos décadas en el poder, es sin dudas un triunfo de las masas salvadoreñas. Tal como señala el Movimiento Socialista de Trabajadores y Campesinos (MSTC, sección salvadoreña de la LIT-CI),  la votación expresa su cansancio "con la aplicación de políticas neoliberales y privatización de los sectores claves del Estado", agravada por "el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora [que] se profundizaron durante ese periodo" ("El gobierno del FMLN y los desafíos de la izquierda revolucionaria", Lucha Socialista No 8, abril de 2009).

  

Lo que más entusiasmo genera es que el FMLN, su dirección político-militar durante la guerra civil que se desarrolló en el país, en 1980-1992, llega al gobierno por primera vez, casi 30 años después de su fundación como frente guerrillero y 16 de su constitución como partido.

 

Por eso, "cientos de miles de trabajadores y trabajadoras y otros sectores del pueblo, dieron su voto al FMLN en las pasadas elecciones [.] claramente las masas trabajadoras han depositado en el gobierno electo del FMLN sus esperanzas y tienen grandes ilusiones en el mismo" (ídem).

 

¿Estas ilusiones se verán correspondidas? La mayoría de la izquierda salvadoreña, centroamericana y mundial afirma que sí. Para ellos,  el futuro gobierno del FMLN se suma a la serie de "gobiernos populares", "antiimperialistas", o incluso "socialistas", que se extienden por Latinoamérica (Chávez en Venezuela, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, etc.).

 

Para la LIT-CI y el MSTC, por el contrario, esas esperanzas se verán, lamentablemente frustradas. Consideramos que el gobierno Mauricio Funes y el FMLN, lejos de "avanzar hacia el socialismo", enfrentar al imperialismo o tomar medidas a favor del pueblo, tendrá como objetivo central defender los intereses de la burguesía, en un marco de crisis económica internacional. Para ello, no sólo aplicará las medidas que sean necesarias contra los trabajadores y campesinos, sino que buscará frenar cualquier respuesta de lucha de las masas salvadoreñas frente a ellas.

 

Un poco de historia

 

Para entender esta afirmación, es necesario recordar un poco de la historia reciente del país. El triunfo de la revolución sandinista, en Nicaragua, en 1979, abrió un profundo proceso revolucionario en toda la región centroamericana. Esto tuvo una fuerte expresión en El Salvador. Ante el gran ascenso de masas que se daba en el país, la burguesía, la derecha salvadoreña y el imperialismo estadounidense dieron comienzo, desde principios de la década de 1980, a una sangrienta guerra civil, que costó la vida de 75.000 personas (entre muertos y desaparecidos), en un pequeño país que hoy tiene unos 6.000.000 de habitantes.

 

En ese marco que, en octubre de 1980, se fundó el FMLN, integrado por las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), Resistencia Nacional (RN), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP y el Partido Comunista Salvadoreño (PCS); poco después se sumaría el PRTC (Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos). El FMLN fue la dirección política y militar del movimiento de masas durante todo este proceso que llegó a tener cercada la capital del país y la posibilidad de pelear por el poder.

 

La traición del FMLN en los "acuerdos de paz"

Sin  embargo, a pesar de las posibilidades de triunfo, no fue en el terreno militar que se definió el curso de la guerra civil. Lo que decidió la situación fue el proceso de negociaciones y "acuerdos de paz" que venía impulsando, desde 1982, el llamado "Grupo de Contadora" (integrado por los gobiernos de México, Venezuela, Colombia y Panamá), con el apoyo de la ONU y del partido demócrata estadounidense.

 

En una declaración de la época, la LIT-CI denunciaba este proceso: "Durante cuatro años, desde el nacimiento mismo del grupo de Contadora, [la LIT-CI] proclamó, explicó y denunció que era una maniobra del imperialismo contra la revolución en curso en Centroamérica. Que su objetivo era el mismo que perseguía Reagan: hacer retroceder la revolución centroamericana." (Correo Internacional No 19, mayo 1986).

 

Como culminación, el 16 de enero de 1992, la dirección del FMLN y el gobierno de derecha del presidente Alfredo Cristiani firmaron, en Chapultepec, México, los "Acuerdos de Paz", por el que el FMLN entregaba las armas. A cambio, se garantizaban algunas reformas políticas pero los acuerdos no contenían ninguna referencia a la estructura económico-social que había llevado a la guerra civil. En este sentido, la dirección del FMLN traicionó la lucha que había encabezado y entregó en la mesa de negociaciones todos los posibles cambios que hubieran podido obtenerse con esa lucha.

 

La "institucionalización" del FMLN

 

Luego de entregar las armas, el FMLN pasó a transformarse en un partido político, entre 1992 y 1994. Como resultado de esta institucionalización, comienza a ganar numerosas concejalías, alcaldías y diputaciones. Por ejemplo, antes de estas elecciones, ya controlaba las alcaldías de los once municipios que conforman el Gran San Salvador, incluyendo la capital y tenía 32 diputados en la Asamblea Legislativa (sobre un total de 84). Todo este "poder institucional" representaba, a la vez, una fuente de ingresos y privilegios materiales.

 

En otras palabras, el FMLN deja de ser una organización guerrillera que, incluso con una ideología de alianza de clases con sectores burgueses, expresaba una lucha y una base de masas para pasar a ser un partido "normal", totalmente integrado al sistema electoral burgués. Y dispuesto a hacer cada vez mayores concesiones y acuerdos con sectores burgueses para llegar al gobierno.

 

Esta no es solamente la caracterización de la LIT-CI (que, en última instancia, ya en el pasado mantenía profundas diferencias teóricas, políticas y con el FMLN) sino la de algunos de los que fueron importantes dirigentes de esta organización: "[El FMLN], uno de los movimientos revolucionarios más importantes de América Latina en las últimas décadas del siglos pasado, es ahora un partido sistémico, parte integral de la democracia burguesa que existe en mi país, El Salvador" (Intervención de Fidel Nieto, un ex comandantes del FMLN, en el debate De las trincheras a los palacios, los caminos de la izquierda, realizado el Foro Social Mundial de Porto Alegre, 2005, reproducido por Marxismo Vivo No 11, marzo 2005). 

 

Esta profunda integración del FMLN al sistema electoral y a sus privilegios materiales es el primer elemento central que nos lleva a afirmar la dinámica de defensa de los intereses burgueses que tendrá su futuro gobierno.

 

Los cambios económicos en el país

El segundo elemento son los grandes cambios producidos en la economía del país en estos años. En primer lugar, la creación de quince zonas de "libre comercio", en las que se han instalado numerosas empresas maquiladoras, especialmente del sector textil e indumentaria, que cortan y montan ropas de conocidas marcas para exportar a EE.UU.

En segundo lugar, las remesas de dinero que envían a sus familias el más de un millón de salvadoreños que emigraron y trabajan en EE.UU. En el año 2008, esas remesas llegaron al monto total de 3.787 millones de dólares, lo que representó cerca de 17 de PIB nacional.

Sobre la base de estos fondos, se han constituido bancos con capitales estadounidenses asociados a burgueses salvadoreños que, a través de sus inversiones en el país, forman el núcleo financiero que domina la economía nacional y las principales empresas (como la aerolínea TACA). Así se profundizó al extremo el proceso de colonización del país por parte del imperialismo yanqui, como lo expresa claramente el hecho que, desde 2001, la moneda oficial de El Salvador ha pasado a ser directamente el dólar.  

En ese marco, la crisis económica mundial ha comenzado a golpear con dureza en el sector exportador de las maquilas: sólo el cierre de la empresa INCA SA dejó 2.500 trabajadores en la calle y en muchas otras hay "vacaciones obligatorias". Al mismo tiempo, como resultado de la crisis y los despidos en EE.UU., las remesas desde el exterior han comenzado a caer (según un informe del BID, en 2009, disminuirán un 13% en el conjunto de la región centroamericana, con respecto a 2008).

La "unidad" con la burguesía

Mauricio Funes es un prestigioso periodista independiente que nunca perteneció al FMLN y sólo se afilió para poder ser candidato. Su designación ya representó un "giro moderado" (es decir, hacia la derecha) del FMLN para disputar las elecciones con ARENA.

Desde el inicio de su campaña electoral, Funes anticipó su orientación proburguesa. En sus primeras declaraciones afirmó: "En estos 17 meses que faltan para las elecciones debemos construir el tejido social que sea la base para una poderosa alianza: partidos políticos y sobre todo, organizaciones sociales, sindicales y empresariales deben darle vida a dicha alianza. Vamos a promover y respetar la inversión privada nacional y extranjera" (citado en La izquierda ante un eventual gobierno de frente popular, publicado en www.litci.org, 16/3/2008).

 

Después de su triunfo, su principal objetivo fue llevar "tranquilidad" a la burguesía salvadoreña. Por eso, reiteró su llamado a la "unidad nacional" y al dialogo con las empresas privadas. La respuesta de la patronal salvadoreña (ANEP - Asociación Nacional de la Empresa Privada) fue aceptar este llamado.

 

La "unidad" con el imperialismo

 

Del mismo modo, Funes también transmitió "tranquilidad" al imperialismo. Por ejemplo, sobre el tema de deuda externa (9.422 millones de dólares, a finales de 2008) había declarado: "Yo quiero reafirmar a los organismos multilaterales que la deuda será pagada con los plazos que fueron negociados. Voy a cumplir todos los compromisos adquiridos por gobiernos anteriores" (reproducido en el artículo El gobierno del FMLN., ya citado).

 

Después de su triunfo electoral expresó: "Quiero la integración centroamericana y el fortalecimiento de la relación con Estados Unidos". No es casual que Robert Wood, portavoz del Departamento de Estado norteamericano haya enviado, en nombre de su gobierno, "felicitaciones al pueblo salvadoreño" por las elecciones y su resultado.

 

Dos hechos son aún más significativos. Por un lado, ya electo, Funes anunció que mantendría la "dolarización" de la economía del país, corazón y símbolo de la colonización yanqui (www.elsalvador.com, 8/5/2009).

 

Por el otro, mantuvo una amable reunión particular con Barack Obama, presidente de EEUU y, por lo tanto, actual jefe del imperialismo, durante la reciente Cumbre de la Américas de Trinidad-Tobago. Funes contó que Obama le señaló "el papel" que El Salvador podría jugar en Centroamérica. En buen criollo, su gobierno podría ser una pieza muy importante en los planes de "estabilidad imperialista" y de contención de los conflictos y luchas populares en la región.

 

En otras palabras, el gobierno de Funes deja de lado, incluso antes de su nacimiento, cualquier pretensión de lucha o enfrentamiento con el imperialismo. De esta forma, el FMLN  abandona completamente uno de sus rasgos más distintivos en el pasado (el antiimperialismo) para transformarse en colaborador de ese  imperialismo que antes combatía. 

 

Las perspectivas y la respuesta de los revolucionarios

 

La burguesía salvadoreña y el imperialismo estadounidense están tranquilos: el de Funes y el FMLN será un gobierno burgués y, por lo tanto, enemigo de los trabajadores y el pueblo salvadoreños. Más aún, en un contexto de crisis económica mundial y nacional, que le dejará muy poco margen de maniobras para hacer concesiones.

 

Será un enemigo más peligroso que un gobierno burgués "normal" porque se disfrazará de "amigo del pueblo", apoyado en el prestigio ganado por el pasado luchador del FMLN y en las ilusiones que despierta su gobierno en el movimiento de masas.

 

Por eso compartimos plenamente lo expresado en la declaración del MSTC:

 

"Es preciso que las organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles y populares mantengan su total independencia del gobierno y continúen con sus luchas. Sería un grave error darle "tiempo" o "un respiro" al nuevo gobierno, postergando así las exigencias de nuestros derechos. El movimiento de masas en El Salvador y las organizaciones de izquierda no deben apoyar a este nuevo gobierno, ni siquiera darle un "apoyo crítico". Debemos construir, con nuestras luchas, una oposición de clase, una oposición por la izquierda. Obviamente, no se trata de no tener en cuenta las ilusiones de las masas a la hora de formular las tácticas de intervención. Pero la izquierda debe, ante todo, decir la verdad a las masas; y esa verdad es que este no es su gobierno, que deben mantener su independencia y continuar con las luchas por sus reivindicaciones históricas".

 

Tal como lo expresaba la declaración emitida por el MSTC antes de las elecciones:

 

"Desde ya es imprescindible que las organizaciones revolucionarias llamemos a las masas a movilizarse para rechazar el programa del futuro gobierno, así como para exigirle garantice la reversión de las privatizaciones y los Tratados de Libre Comercio; asegure políticas que combatan los efectos perniciosos de la dolarización; desarrolle políticas que protejan a las clases explotadas de los efectos de la crisis económica mundial, se derogue la ominosa ley de amnistía[y la ley antiterrorista]; que asegure de manera decidida la separación entre las Iglesias y el Estado, así como una educación totalmente laica. Que garantice los derechos de las mujeres, y detenga las iniciativas que atentan contra los derechos de los homosexuales. De manera urgente, debe promover el desarrollo de los pueblos indígenas y el campesinado, incluyendo el derecho a contar con tierra para cultivar. Más aun, es imprescindible que las organizaciones revolucionarias levantemos consignas que vayan más allá, como la expropiación de la banca imperialista y de la propiedad de la oligarquía salvadoreña; expropiación sin indemnización de las empresas imperialistas que explotan los recursos naturales y los sectores estratégicos de la economía salvadoreña; el rompimiento con las instituciones financieras imperialistas (FMI, BM, BID) y el no pago de la deuda externa".

 

Es en el marco de participar e impulsar las luchas por esas reivindicaciones que la LIT-CI y el MSTC proponen la necesidad de construir un gran partido revolucionario capaz de disputar la dirección de esas luchas. En este sentido, la declaración del MSTC concluye:

 

"Invitamos a todas las organizaciones revolucionarias del país a que nos unamos para la construcción de ese gran partido y a las demás organizaciones que se reivindican revolucionarias y que aún se Mantienen dentro del FMLN, a que rompan con su dirección, y que levantando el principio de la independencia de clase y con las herramientas que nos proporciona el marxismo revolucionario, trabajemos junto a las clases explotadas por su verdadera liberación, la cual encontrarán sólo si avanzamos hacia el socialismo a nivel mundial".


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