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¡Ocupación de las plantas y huelga general indefinida!
Escrito por Davide Margiotta   
Miércoles 24 de Noviembre de 2010 00:48
"Lo quiero saber. ¿Cuántas de estas personas están dispuestas a hacer esta vida aquí? Mañana, cuando es la última vez que salgo de vacaciones y después hablamos... se habla siempre de derechos y nunca de deberes. Deseo lo mejor para este país y arremangarse para trabajar. Esta mañana, cuando he llegado a las seis y media no me he preocupado si mis derechos estaban siendo respetados, y me fui a trabajar”.
No, el que habla no es un minero de Qitaihe, habla el delegado administrador de la Fiat, Sergio Marchionne que, según algunos, una vez fue amigo de los obreros: ¡los perezosos que en vez de arremangarse piensan, piensan un poco, en hacer respetar sus propios derechos!
En el Manifiesto Comunista, Marx así respondía a quien objetaba que la abolición de la propiedad privada estaría al final de cada actividad y que, una pereza general se apropiaría del mundo: “Si fuese verdad, la sociedad burguesa habría cedido, hace tiempo, a la holgazanería, porque quien trabaja no gana y quien gana no trabaja!”. Con el debido respeto al “trabajador” Marchionne.
Esta es la verdad, el capitalismo es un sistema social y económico irracional. Un sistema en el cual poquísima gente posee todo, y en el cual (casi) todos no posemos nada -a menos que se quiera considerar, seriamente, la posesión de un teléfono o de un automóvil como “propiedad”, ¡como a veces se escucha decir a aluno de la izquierda! Un sistema en el cual los oprimidos deben elegir a su propio opresor y en el cual los explotados deben hacer los sacrificios para salvar a los propios explotadores.
Un sistema en el cual, una empresa con un presupuesto en crecimiento puede requerir ayuda para... ¡salvar el propio presupuesto!
Las cuentas de la Fiat
Esto es lo que hoy sucede en la Fiat. De los datos trimestrales, Fiat ha registrado más de 2 billones de utilidades, según las palabras del mismo Marchionne.
En los primeros 9 meses del 2010, con 586 millones de euros, el Grupo ha casi duplicado la gestión ordinaria respecto del 2009. Por lo tanto, la sociedad ha superado los objetivos de este año.
¡Bien, de hecho, óptimo! Si la empresa va bien, es mejor para los obreros. Así es que nos han inculcado por décadas los cantantes del capitalismo y del libre mercado. ¡Muerto por nada! En el capitalismo lo imposible es posible, y lo absurdo una regla. En efecto, contemporáneamente a la difusión de los datos, Fiat ha solicitado compensación por desempleo (por 8 meses) para 4.507 empleados del establecimiento de Pomigliano y 305 de establecimiento de Nola (no sólo de la Fiom, pero solo porque se sostiene el cambio di tipología– de la CIG (Conferencia Intergubernamental, que firma convenios intergubernamentales de programas económicos para que logren equilibrio ante las crisis) extraordinaria para reestructurar la CIG deroga, y la nueva newco (sociedad para la transferencia de tecnología), no garantiza el futuro de los trabajadores) y, al mismo tiempo ha suspendido  la producción en el establecimiento polaco de Tychy por 2 semanas.
La cosa parece un verdadero y propio contrasentido, si no fuese que en el capitalismo se produce no aquello que sirve, sino aquello que crea ganancia. Y, en nombre de la lógica de la ganancia, acciones que el más común del buen sentido juzgaría insensatas, volviéndolas perfectamente lógicas.
Siempre según “el amigo de los obreros”, Marchionne, de estas utilidades casi ni un euro ha llegado a Italia, renovando el chantaje sobre la clausura de los establecimientos si los obreros no bajan la cabeza para lamer los zapatos del patrón.
Afirmación que ha desatado la ira incluso del nuevo paladín de la llamada izquierda italiana, Nichi Vendola, escandalizado del hecho que “las cosas que ha dicho son venenosas, propio de una especie de insensibilidad contra la patria”.
¿Cómo nacionalizar la Fiat?
Siempre en el sentido de la intervención ¿Hace cuánto tiempo que Fazio (que lo escuchaba de manera entusiasta), no escuchaba que Marchionne dijera que Fiat es la única empresa que, durante la crisis, no había buscado al gobierno para pedirle ayuda y que, respecto de las ayudas en tiempos pasados?... “cualquier cosa que haya sucedido y suceda, ya pasó. El Estado siempre ha dado sus frutos creando la realidad industrial”; mientras los incentivos serían “para dar a los consumidores y no a nosotros directamente”.
Según los estudios de la CGIA de Mestre (Assoziazione Artigiani Piccole Imprese Mestre –Asociación de Artesanos y Pequeñas Empresas Mestre, que presta servicios de todo tipo después de la II Guerra Mundial) en los últimos 30 años, Fiat ha recibido del Estado (en realidad, de los trabajadores, es decir,  de los únicos que pagan impuestos) poco menos de 8 millones de euros y, en este análisis, se ha dicho específicamente que no estaba considerado el importe para las amortizaciones sociales (despidos, etc.).
Como sea, la Fiat ya está nacionalizada por los trabajadores italianos. Lo que aún no se ha dicho y es necesario, porque la empresas está en crisis, es la sangre y las lágrimas de los trabajadores han sido copiosas en estos años, acosados y explotados al límite de la resistencia humana, debe ser nacionalizada de verdad, sin ninguna indemnización y bajo el control de los trabajadores. ¡Otra que pagar 8 millones de euros para lo que ya pertenece a los trabajadores!
Despidos y lucha de clases
Al inicio de la crisis, hemos sido el único partido de la izquierda italiana (cada tanto es bueno decirlo) en poner al frente la consigna “¡No a los despidos!”, conscientes que éstos no son más que un instrumento en las manos del capital para hacerles pagar la crisis a los trabajadores y para romper la solidaridad obrera: dividiéndolos y alejándolos de su lugar de trabajo con el fin de prevenir posibles explosiones de lucha. Todo lo que está sucediendo en Pomigliano es la mejor prueba de cuanto hemos tenido (por desgracia) razón. Basta pensar lo que habría podido pasar fácilmente con la corajuda resistencia de los obreros en lucha en una situación distinta de la actual (en la cual los obreros estuvieron varios meses fuera de la fábrica).
Para fines de este mes, la CGIL ha convocado a la enésima manifestación en sábado. Es decir, la enésima movilización del grupo dirigente, que ahora tiene la tarea, la recién coronada nueva secretaria Susanna Camusso, que, estando en la cúspide del sindicato, implementar el mandato de doblegar la resistencia de la Fiom y de firmar el pacto bajo el nuevo modelo contractual que su predecesor no había podido firmar.
De mucho más sería necesario para anular la relación de fuerza y gestar las bases para hacer pagar la crisis a quienes la han causado, patrones e banqueros. Pero, lo decimos claramente: incluso, la huelga general, invocada con justicia por los trabajadores, si está aislada, sería suficiente.
El momento que estamos viviendo no es un momento histórico como otros. Se está jugando la existencia de las clases en lucha. La burguesía arriesga el perder todo (y, si no es, que aún no lo ha perdido, es sólo porque a los trabajadores le falta una dirección revolucionaria), los trabajadores regresar a 50 años atrás.
La burguesía, al menos aquella más iluminada, sabe del riesgo potencial enorme que está en la mesa: que es mucho más grande que la caída de la tasa de ganancia: es aquel del ascenso revolucionario del proletariado, su enemigo y sucesor natural para guiar a la sociedad humana. Y, entonces, no necesita jugar todas las cartas en su poder: desde las porras de la policía a... Nichi Vendola, identificado como nuevo bombero ideal para apagar el fuego de las luchas. Por esto, si se quiere probar a vencer, que hoy equivale a decir no sucumbir, sucede una prueba de fuerza extraordinaria, que va más allá de la huelga general indefinida.
Se da una huelga general prolongada, se da quitarle al patrón aquello que le es más preciado: su empresa. Y, desde allí, construir una vertiente general que unifique todas las instancias de lucha de la sociedad (inmigrantes, precarios, mujeres, vivienda, educación, homosexuales, salud, etc.).
Una prueba de fuerza que debe unir al proletariado del mundo entero, a partir de Europa, que ya se está sublevando aunque, hasta ahora, en su propio estado nacional, a causa de la barrera erigida por la burocracia sindical y por la socialdemocracia. Necesitamos, entonces, unir las luchas a escala internacional: porque la victoria de los trabajadores (la revolución) o es mundial, o no será.
Davide Margiotta es obrero metalmecánico, responsable nacional del trabajo sindical del Pdac.


Traducción: Laura Sánchez



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