| Mujeres de la Revolución |
| Escrito por FOS - Argentina | |||
| Viernes 28 de Mayo de 2010 01:36 | |||
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Desde el nacimiento del Virreinato del Río de la Plata en 1776, prácticamente desde la conquista, en 1492, la mayor parte de la producción de estas tierras (Oro, Plata, Cuero, etc.) eran enviadas a engrosar las arcas de los reyes de España. A inicios del siglo XIX esa opresión se iba haciendo cada vez más insoportable para la población.
El 14 de mayo de 1810 llega a Buenos Aires el buque inglés Misletoe, con periódicos ingleses con alcance al 24 de febrero en los que se daba cuenta de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español, en manos de las tropas napoleónicas.
Dado el creciente debilitamiento del poder español, la situación americana cambiaría por completo. En México y Chile en 1808 y en Buenos Aires y Colombia en 1809; se iniciaron enfrentamientos entre los “criollos” con los representantes del poder en el continente: funcionarios y comerciantes españoles; a la vez, dos revoluciones fueron ahogadas en sangre: la de Quito y el Alto Perú.
Este inmenso proceso revolucionario que era continental, dio a luz cinco revoluciones: 19 de abril en Venezuela, 25 de mayo en Buenos Aires, el 20 de julio en Colombia, en septiembre Chile y México.
Heroínas ocultas
La causa latinoamericana revolucionó las costumbres. Las mujeres, que ocupaban un lugar postergado, salieron de sus hogares a desempeñar labores revolucionarias. La liberación de las esclavas y la supresión de yugos a las indígenas dieron nuevos brazos a la revolución.
Las que marcharon al frente para sostén moral de sus esposos o enamorados fueron llamadas despectivamente soldaderas o fortineras. Otras participaron de reuniones clandestinas, llevaron mensajes, albergaron perseguidos, hicieron colectas …
A la retaguardia de todos los ejércitos iban las mujeres. Llegaban a los pueblos y encendían fuegos, de sus ropas hacían vendas para los heridos, suplían la falta de alcohol con aguardiente, ron o chicha, mataban piojos y daban de comer y cuando caían sus hombres, cargaban el arma y salían a pelear. Todas arriesgaron su vida y muchas la ofrendaron.
Muy pocos nombres se conocen. Aquí presentamos algunos de ellos.
Micaela Bastidas.
En el siglo XVIII, los enormes tributos, la mita y otras medidas provocaron insurrecciones en el Alto Perú. La mayor fue la encabezada por Túpac Amaru y Túpac Katari. Micaela, esposa del primero, participó de numerosas acciones al frente de miles de indios. Luego de algunos triunfos los españoles los derrotaron. Fue ejecutada en 1781 junto con su familia en Cuzco
Bartolina Vargas Sisa y Gregoria Apaza, esposa y hermana respectivamente de Túpac Katari, actuaron en el cerco de La Paz de 1781 y fueron parte del comando de un ejército popular de 80.000 indios. Ambas fueron apresadas y vejadas antes de ser ahorcadas en 1782.
Juana Azurduy.
Junto a su esposo Manuel Asencio Padilla se volcó a la revolución luego de los sucesos de 1809 en el Alto Perú. Reclutaba hombres y mujeres para la guerra de guerrillas y su batallón “Leales” formado por amazonas combatientes. Perdió cuatro de sus cinco hijos en la dureza de la vida guerrillera y a su marido en batalla. Fue reivindicada por sus jefes Güemes y Belgrano que le obsequió su espada y a instancias de quién obtuvo el grado de teniente coronela.
Las cochabambinas.
En 1812 los realistas cercaban Cochabamba. El gobernador Antezana mandó una delegación de paz, mientras miles de personas se reunían en la plaza, la mayoría mujeres y decidían resistir. Casi todas ellas pertenecían a las clases populares: armadas de cuchillos, palos, barretas y piedras se apropiaron de la artillería y organizaron la defensa desde la colina de San Sebastián. Un emisario realista llegó con el pliego de rendición y murió a manos de las mujeres. El Brigadier Goyeneche, indignado, ordenó el fuego que fue resistido durante tres horas. Más de treinta mujeres murieron. Luego de esta acción en el ejército de Belgrano, a la hora de la lista, un oficial de cada cuerpo preguntaba en voz alta: “¿Están las mujeres de Cochabamba?” Y otro respondía “¡Gloria a Dios! Han muerto por la Patria, todas en el campo del honor!”
Remedios de Escalada, con sólo catorce años, fue parte de los jóvenes morenistas, organizaba reuniones y lideraba campañas como colectas para comprar armas. Amiga íntima de Belgrano, lo acompañó hasta su muerte, en momentos en que los sectores más conservadores de la revolución ganaban poder en Buenos Aires. Entrenó como soldado para participar en el cruce de los Andes pero se lo impidió la tuberculosis.
Ángela Castelli
Heredera del coraje de su padre participó de tareas revolucionarias desde temprano. Con trece años, integró las comisiones que hacían trabajo político sobre las fuerzas armadas y se entrevistó con Saavedra para decidirlo a apoyar el movimiento que se gestaba.
María Remedios del Valle fue una de las Niñas de Ayohúma, y junto con su madre, tía María y su hermana, todas negras y esclavas luchó, fusil en mano, en Ayohúma, donde fue herida y cayó prisionera. Ya antes, en Tucumán, había pedido a Belgrano, estar en primera fila, para pelear y atender a los heridos. Aunque no fue autorizada, igual cumplió su propósito. Desde entonces los soldados la llamaron “Madre la Patria” y Belgrano perdonó su heroica desobediencia y la nombró Capitana. La “Madre de la Patria” murió años después mendigando en las calles de Buenos Aires.
Rosita Campusano, llamada “La Protectora”, por sus amores con San Martín cuando éste llegó a Perú en 1820. Formó parte de las “tapadas limeñas”, que cubiertas por los atuendos que imponía esa retrógrada sociedad, trabajaban para la revolución libertadora desarrollando riesgosas tareas de espionaje. Rosita fue torturada por la Inquisición, restaurada en Lima en 1816 con el objeto de perseguir a los “insurgentes”; pudo sobrevivir y continuar con su labor.
Manuela Sáenz, era amiga de Rosita y, como ella, nacida en Guayaquil. Había estado en la rebelión de Quito de 1809. En Lima hacía tareas revolucionarias durante los viajes de su marido, el comerciante inglés Thorne. Lograba infiltrarse hasta en el mismo palacio virreinal. Más tarde fue amante y consejera de Simón Bolívar quién la bautizó “Libertadora del Libertador” por salvarle la vida en ocasión de un atentado.
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Desde el nacimiento del Virreinato del Río de la Plata en 1776, prácticamente desde la conquista, en 1492, la mayor parte de la producción de estas tierras (Oro, Plata, Cuero, etc.) eran enviadas a engrosar las arcas de los reyes de España. A inicios del siglo XIX esa opresión se iba haciendo cada vez más insoportable para la población.















