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Bolivia, clave de la actual discusión

Escrito por Nahuel Moreno. Posted in BOLIVIA

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El texto que presentamos a continuación es parte del Capítulo 1 del libro "Estado y Revolución" de Nahuel Moreno en el que desarrolla una polémica con la mayoría del Secretariado Unificado (SU) de la IV Internacional sobre la política que debía adoptar la sección boliviana (POR-C) en aquel país, a inicios de la década de 1970. El SU, dirigido por Ernest Mandel, defendía la línea de construir guerrillas foquistas para derribar al gobierno de J.J. Torres(considerado fascista) y construir el socialismo, mientras Moreno sostenía que el objetivo central en aquel momento (consideraba al gobierno de Torres como "kerenskista o de frente popular") era preparar la defensa contra un golpe de derecha (ya anunciado) a partir de los organismos de masas existentes (la Asamblea Popular, la COB, los sindicatos) y, para ello, crear milicias obreras y populares subordinadas a estos organismos.

 

Las previsiones de la mayoría

Cuando Trotsky dijo que “dirigir es prever” estaba afirmando que sin pronósticos correctos sobre el futuro inmediato de la lucha de clases, es imposible elaborar una política revolucionaria. Para lograrlo el marxista hace un análisis objetivo de la situación de la lucha de clases, basándose en ese arsenal teórico acumulado por el movimiento obrero en más de 100 años de lucha, que es el marxismo-leninismo-trotskismo.

Cuando alguien abandona esa tradición teórica y práctica cae, inevitablemente, en análisis, previsiones y líneas políticas incorrectas. Esto es lo que les ha sucedido, con respecto a Bolivia, a los compañeros de la mayoría. Todos ellos, en especial Germain, han echado por la borda los conocimientos anteriores para adherir casi incondicionalmente a una teoría, la guevarista. ¿Qué dice esa teoría? Simplemente, que en América Latina hay una unidad monolítica del imperialismo con las burguesías nacionales y sus ejércitos. El imperialismo es quien decide los cambios de régimen, optando por los “fascistas” o los “democráticos” según le convenga, pero la tendencia general es hacia los regímenes fascistas, los cuales, al liquidar toda posibilidad de lucha o movimientos legales, llevan inevitablemente a que todas las protestas se tengan que hacer armas en mano. Lo opuesto ocurre cuando se instauran regímenes de democracia burguesa: en esos casos, la perspectiva de lucha armada se aleja hasta desaparecer.

En otra parte veremos que este razonamiento no tiene nada que ver con el trotskismo. Lo que veremos aquí es cómo los compañeros de la mayoría adhirieron a estas concepciones, y cómo esa adhesión los llevó a hacer previsiones totalmente incorrectas y a formular líneas políticas absolutamente equivocadas en Bolivia, en los años que van desde el Noveno Congreso Mundial hasta la fecha.

El “Che” Maitán

Ya antes del Noveno Congreso, el compañero Maitán comenzó a aplicar para Bolivia el análisis guevarista:

Dada la situación económica y social del país, el régimen capitalista —sea a través de Barrientos o cualquiera de sus posibles sucesores— sólo podrá sobrevivir empleando la violencia más sistemática. Esto implica que el trabajo preparatorio y organizativo más o menos legal será imposible para el movimiento obrero y campesino. Y, en el actual contexto, esto también excluye cualquier perspectiva de que la lucha tome la forma de insurrección urbana en su comienzo. Las contradicciones explosivas aún se dan en el campo y todavía hay posibilidades de que se den dramáticos conflictos armados”.[1]

Para que no quedaran dudas, Maitán, en otra parte del mismo artículo, aclaraba:

Esto significa, más concretamente, que el método de la guerrilla, comenzando en zonas rurales, sigue siendo el método correcto.”[2]

Para sorpresa de los compañeros de la mayoría, vino primero el gobierno de Ovando y luego el de Torres, un gobierno burgués que permitió amplios márgenes democráticos al movimiento de masas y a los partidos de izquierda. El desconcierto que provocó entre ellos este acontecimiento inesperado se evidenció en dos pronósticos, aparentemente contrapuestos, de los compañeros Germain y Frank.

El laboratorio Frank-Germain

El compañero Frank, fiel a una parte del razonamiento guevarista (gobiernos democráticos = no hay perspectivas de lucha armada), vaticinó lo siguiente:

Por el momento, y nadie sabe por cuánto tiempo será, la lucha armada no está a la orden del día en Chile y Bolivia.”[3]

El compañero Germain también fue fiel a una parte —distinta de la que tomó el compañero Frank— del razonamiento guevarista (unidad monolítica entre el imperialismo y las burguesías nacionales y sus ejércitos = tendencia a regímenes totalitarios). De allí dedujo que:

Aquellos que piensan que, porque el general Torres subió al poder «con el apoyo de la izquierda», será más «tolerante», sufrirán unas cuantas sorpresas desagradables tan pronto como aquél logre restablecer la unidad del ejército, que es su objetivo primordial.”[4]

Como vemos, hubo entre Frank y Germain una verdadera división del trabajo y una apasionada competencia para aplicar lo mejor posible la concepción guevarista. Para uno, como el gobierno de Torres (y el de Allende) daban libertades democráticas, desaparecían las perspectivas de lucha armada en Bolivia (y en Chile). Para el otro, el “objetivo principal” de Torres era “restaurar la unidad el ejército” para después reprimir a las masas y a la izquierda, o sea que Torres era sólo una variante de esa unidad monolítica de los militares y burgueses nacionalistas con el imperialismo. Aparentemente contradictorios, ambos pronósticos se unían en un todo superior: el esquema guevarista de la lucha de clases en América Latina.

Los “aportes” del SU

Después de Torres vino Banzer. Seguro que los compañeros de la mayoría respiraron aliviados. ¡Por fin Bolivia volvía a la “normalidad” guevarista! Nuevamente estábamos frente a un régimen de unidad monolítica con el imperialismo. Nuevamente la represión volvía a abatirse sobre los trabajadores y la izquierda bolivianos, con lo que la lucha armada estaba nuevamente a la orden del día.

La victoria del golpe de estado pro-imperialista —teleguiado y coordinado por representantes directos del imperialismo americano y dirigida por sus principales agentes sobre el terreno— representa una derrota táctica de las masas trabajadoras de Bolivia. Pero no es el fin de la guerra civil, no es más que el comienzo abierto. De una guerra civil larvada e intermitente, Bolivia pasa ahora a la guerra civil abierta y permanente.”[5]

Mientras la mayoría hacía estos vaticinios, la minoría sacaba conclusiones totalmente opuestas, que veremos al final de este capítulo. Ha llegado el momento de hacer el balance echando un vistazo a lo que realmente ocurrió en la lucha de clases boliviana.

Un equipo coherente de elaboración: ninguno acertó

Todos los hechos se encargaron de desmentir los pronósticos de la mayoría. En vez de “sobrevivir a través de la violencia sistemática” como decía Maitán en la época de Barrientos, el régimen sobrevivió a través de las concesiones de Ovando y Torres a las masas. El trabajo legal, que según Maitán sería “imposible para el movimiento obrero y campesino”, se hizo cada vez más posible bajo Ovando y plenamente abierto bajo Torres. La lucha armada no se dio en el campo, como preveía Maitán, sino en la ciudad (perspectiva expresamente “excluida” por él), y no tomó la forma de guerrilla rural, sino la de insurrección urbana. Tampoco se dio bajo el régimen más reaccionario (Barrientos), sino bajo el más democrático (Torres).

A los compañeros Germain y Frank no les fue mejor que a Maitán con sus previsiones. Los primeros ejemplos de lucha armada después de los de Santo Domingo, no aparecieron en ningún país con régimen dictatorial, sino que se dieron en Bolivia y Chile, países donde, según el compañero Frank, “no estaba a la orden del día”. El gobierno de Torres no tuvo ninguna posibilidad de “restaurar la unidad del ejército” como preveía Germain, ni tampoco dio ninguna “sorpresa” represiva a las masas y a la izquierda. Por el contrario, el ejército boliviano nunca estuvo más dividido desde la revolución de 1952 hasta la fecha que bajo el gobierno de Torres; y fue necesario un golpe militar que liquidara a Torres para “restaurar la unidad del ejército” y lanzar la represión.

Finalmente, no hemos visto todavía el famoso “comienzo abierto” de una “guerra civil abierta y permanente” que según los compañeros de la mayoría iba a venir como resultado inmediato del golpe de Banzer.

Hemos visto, eso sí, que el movimiento obrero boliviano tardó relativamente poco en recuperarse de la derrota que significó la caída de Torres, y que está desarrollando importantes luchas defensivas. Hemos visto también cómo en una de esas batallas hubo grandes enfrentamientos callejeros en La Paz. Y, finalmente, podemos prever que, si el ascenso del movimiento obrero y de las masas bolivianas sigue haciendo crecer estas luchas defensivas, desembocará en un nuevo régimen “democrático”, que volverá a dar libertades y concesiones al movimiento de masas y volverá a poner a la lucha armada a la orden del día.

Las previsiones de los compañeros de la mayoría sólo sirven si las invertimos, es decir, si basamos nuestra política en que sucederá exactamente lo contrario de lo que ellos vaticinan. Con semejantes asesores, sería un gran error echar sobre las espaldas de la sección boliviana la responsabilidad de todas —o incluso de la mayoría— de las equivocaciones cometidas.