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La cuestión de la mujer en la II Internacional

Escrito por Cecília Toledo *. Posted in MUJERES

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Continuación de: La LIT-CI y la cuestión de la mujer

"La emancipación de la mujer, su igualdad de condición con el hombre es y continua siendo imposible mientras la mujer permanezca excluida del trabajo social productivo y debe limitarse al trabajo privado doméstico... La liberación de la mujer tiene como condición primera la incorporación de todo el sexo femenino en la actividad pública". (Engels, La origen de la familia, la propiedad privada y el estado)

No obstante, hasta mediados del siglo XIX, esa concepción de que la mujer tiene que quedarse en casa, permaneció casi inalterada, pero la realidad, otra vez, se mostró más fuerte: pese a toda ideología, la mujer trabajaba porque necesitaba sobrevivir.

Si la I Internacional significó la conquista de la vanguardia proletaria para el marxismo, la II Internacional llevó a millones de trabajadores a sus concepciones. Fue la Internacional más característica de la era reformista, pues fue el período en que más se arrancaron concesiones, como vacaciones, aumentos salariales, legislación social y laboral y otras. En relación a la cuestión de la mujer, la lucha por derechos democráticos -como igualdad política, derecho de afiliación a partidos y derecho al voto- fue la que más agitó la II Internacional.

Iniciada en Estados Unidos, la lucha sufragista fue la primera lucha feminista internacionalista, pues comprometió a mujeres de varios países del mundo e incorporó los métodos tradicionales de lucha de la clase trabajadora, como movilizaciones masivas, asambleas, huelgas de hambre y enfrentamientos brutales con la policía, en los cuales muchas activistas fueron apresadas y asesinadas.

En el campo socialista, la lucha sufragista fue dirigida por la II Internacional, dividida entre reformistas, que defendían el derecho al voto sólo para los hombres (ellos pensaban que las mujeres votarían en los partidos católicos reaccionarios) y marxistas, defensores del voto para todos. La dirigente política feminista marxista más importante de la II Internacional y también de la III, fue Clara Zetkin, miembro del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania). En el Congreso de Stuttgart, en 1907, ella defendió la posición de los marxistas, que salió vencedora. Y la IC se lanzó a una campaña internacional por el sufragio femenino, con movilizaciones de masa en diversos países.

El partido más importante de la II Internacional era el SPD. En 1891, año en que el ala izquierda consiguió aprobar un programa básicamente marxista, el partido pasó a exigir derechos políticos para todos, independientemente del sexo, y la abolición de todas las leyes que discriminaban a la mujer.

En la década de 1890, el SPD se concentró, en primer lugar, en la organización sindical de las mujeres, e logró algunas conquistas importantes. En 1896, a propuesta de Clara Zetkin, el partido aprobó una moción para iniciar el desarrollo de organizaciones especiales para una actividad política más amplia entre las mujeres. Además de trabajar por los objetivos generales del partido, se concentraron en banderas feministas, como igualdad política, licencia de maternidad, legislación de protección para la mujer trabajadora, educación y protección para los hijos y educación política para las mujeres.

Hasta 1908, en la mayor parte de Alemania, las mujeres estaban prohibidas de afiliarse a cualquier grupo político. Para burlar eso, el SPD organizó decenas de “sociedades para la autoeducación de las trabajadoras”, organizaciones libres que estaban parcialmente fuera de los límites del partido, pero estrechamente ligadas a él. Del 1900 en adelante se organizaron conferencias bianuales de mujeres socialistas para unificar esos grupos y darles una dirección.

Después de 1908, las mujeres pasaron a afiliarse legalmente al SPD, y lo hicieron dentro de los organismos del partido. Pero continuaron manteniendo su propio periódico, Igualdad, dirigido por Clara Zetkin, que llegó a tener una circulación de más de 100 mil ejemplares hasta 1912. Pasaron a tener una representación proporcional en todos los organismos permanentes del partido y, aquellas que eran miembros de los organismos, eran electas en reuniones de mujeres. No es que ese sea un modelo organizativo definitivo, pero demuestra un esfuerzo del SPD por superar los problemas puestos por la exigencia de organizaciones independientes de mujeres y de un único partido revolucionario de la clase obrera, en cuyo seno existen ciudadanos de segunda clase y donde todos los miembros tienen los mismos derechos y obligaciones.

Continúa en: La revolución rusa y la III Internacional: conquistas prácticas y teóricas

* Cecília Toledo es miembro de la Secretaría Internacional de Mujeres de la LIT-CI