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“La existencia de una tendencia trotskista ortodoxa es un hecho” PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Nahuel Moreno   
Lunes 24 de Enero de 2011 14:33

Intervención de Nahuel Moreno en la Conferencia de Fundación de la LIT-CI (1982)

Entre los que hemos trabajado estos dos proyectos, el balance y las tesis, resolvimos que era mejor abrir esta discusión con una rápida presenta­ción. En realidad, se trata de dos resolucio­nes íntimamente ligadas. Queremos saber qué objeciones hay, qué polémicas, qué experiencias sobre el CORCI y la crisis de la CI (CI). Queremos escuchar a los com­pañeros Napurí, Alberto o a los compañeros que vienen del healismo. Que todos aporten sus experiencias y sus críticas. Nosotros nos reservaremos el derecho de responderles con un poco más de tiempo.

Ahora sólo quiero señalar algunas pocas cuestiones. Lo primero son dos hechos que se pueden sintetizar en una sola frase. Hace años –muchos-‑, logramos que la Lógica de Lefebvre, que había sido prohibida por el PC, nos llegara de París, a través de copias. Al leerla nos sorprendió una frase: el conoci­miento es un hecho. Infinidad de corrientes filosóficas discuten si el conocimiento existe o no, y Lefebvre comenzaba diciendo que no sólo existe sino que es un hecho. Así de sencillo. Comenzaba no admitiendo siquiera que se cuestionara su existencia.

Equivocados o no, nosotros arrancamos en forma parecida: La existencia de una sola corriente o tendencia mundial ortodoxa, enemiga frontal del revisionismo del SU y de la OCI(u), es un hecho. Y ese hecho, que esa corriente existe y es única, se ve corroborado por otro: esta Conferencia, que es la de esa tendencia única. Ese es el trasfondo, a mi modo de ver, de lo que hemos planteado en esta Conferencia, y específicamente en los dos documentos que pusimos a consideración de ustedes. Dicho de otro modo, esta Conferencia es un hecho político que refleja la existencia de una sola corriente trotskista conse­cuente a escala mundial, formada por la ex FB, enriquecida y fortificada por la pre­sencia de compañeros de otras vertientes, principalmente del ex CORCI. Como todo nuevo hecho, es producto de una combina­ción.

De modo que la primera pregunta que de­bemos respondemos es si estamos reunidos los únicos trotskistas organizados (débiles o fuertes, llenos de errores o aciertos en su pasado) que están por la defensa intransi­gente del trotskismo. Es decir, debemos comenzar por definir el carácter y el signi­ficado de esta reunión. Parafraseando a Lefebvre decimos: el trotskismo consecuen­te es un hecho expresado en esta reunión.
Lo segundo es algo que hemos dicho antes de esta conferencia: no queremos retroceder de la CI (CI) a la Fracción Bol­chevique. Era un deseo. Hoy esa aspiración se ha concretado. Estamos ante algo cualitativamente superior a nivel de direc­ción, y de organización, a la Fracción Bol­chevique. No hemos regresado a la FB, de ninguna manera. ¿Por qué? Primero, por los compañeros norteamericanos, que a pesar de ser un pequeño grupo debemos reivindicarlos, porque son parte de la rica experiencia histórica de construcción del trotskismo en ese país. Es un grupo de compañeros muy capaces y experimenta­dos, que han recorrido ya un largo y acci­dentado camino. No casualmente están aquí.

Más sintomática aún es la presencia de los compañeros Napurí y Franceschi. ¡Cuidado con engañarse! Reflejan de lejos lo mejor del fenómeno altamente contradictorio que es el CORCI y la OCI (u). Son la punta de un iceberg. La contradicción del CORCI era entre su ritual como trotskistas y su política. Estaban llenos de trotskistas que odiaban, al revisionismo y lo com­batían.

De esa corriente tenemos aquí a dos de sus dirigentes más representativos. Eso hace que sea cualitativo. Una dirección y una organización con Napurí y Alberto ya no es lo mismo que la FB.

Cuando días atrás me encontré con ellos y les afirmé lo mismo que estoy haciendo ahora ante ustedes, Alberto dijo: “¿Viste Napurí? Lo que estábamos hablando”. Los dos compañeros habían llegado a la misma conclusión. La Conferencia es cuali­tativamente superior a la ex FB. Si no fuera así mi informe tendría que comenzar dicien­do que estamos ante una situación desgra­ciada: hemos tenido que retroceder a la vieja FB. Pero ésta no es la conferencia de la FB, ya que está conformada por la amplia mayo­ría de la ex CI (CI) y por los militantes, di­rigentes y organizaciones que no aceptan el revisionismo de la OCI(u).

El tercer problema: si debemos o no cons­tituir una organización internacional, con estatutos, dirección y con las normas del centralismo democrático. Como todo infor­me oral, el mío es esquemático. La forma escrita, si es política o teórica, permite otra sutileza y nivel de abstracción. El informe oral, en cambio, tiene que ser esquemático. Lo importante es si ese esquematismo pone en negro y en blanco lo que de verdad tiene que estar en negro y en blanco. En forma tajante afirmamos que, de acuerdo al trotskismo, cuando hay un programa debe haber una organización y una dirección. Y cuando no hay programa no debe haber organización sino frente, movimiento o grupo de amigos.

Queremos discutir este axioma. Nosotros creemos que tenemos un programa: las tesis de la CI(CI) actualizadas en relación a los gobiernos frentepopulistas. Debemos dotamos entonces de la organización bolchevique Internacional que defienda y aplique ese programa.

Que Lambert y Mandel puedan hacer lo que están haciendo en Francia se debe a que nuestra corriente internacional no es muy fuerte, pero no a que no sea necesaria. Al contrario, es indispensable. No se puede aplicar una política trotskista conse­cuente en Francia o en Perú por la debilidad de la Internacional y de su dirección y por el revisionismo de Lambert y Mandel Para responder a estos desafíos es necesaria más que nunca una organización y una direc­ción internacional.

Y ahora pasemos al problema de los errores. Muchos dicen: “Se equivocaron mucho, ¿quién nos garantiza que no se van a equivocar nuevamente”? Miremos los hechos porque, como todo marxista, arran­camos de ellos. Nos equivocamos mucho, es, un hecho, y nos vamos a equivocar mucho, lo cual también es otro hecho, no una hipó­tesis o futurología. Garantizo que como dirección internacional y como direccio­nes nacionales nos vamos a seguir equivo­cando. Si alguien cree que no será así lo lamentamos por él. Nosotros no hacemos demagogia: nos vamos a equivocar. Menos que antes, pero nos equivocaremos. De eso estoy seguro. Creemos tener una dirección superior a la que teníamos antes, pero no se nos pida la garantía de no equivocarnos bastante. Esa garantía la podrían dar direc­ciones trotskistas que tomen el poder al frente de grandes partidos, pero no noso­tros, productos de la crisis de la Cuarta. Nuestro mérito es haber resistido -mal o bien- la ofensiva revisionista. Somos marxis­tas y no creemos en brujas ni milagros. Tanto para tomar solamente dos lugares del Cono Sur, en Argentina tuvimos grandes posibilidades de hacer un fuerte partido y no pudimos, por los graves errores que cometi­mos; en Perú ocurrió lo mismo. No sé si el compañero Napurí comparte esta opinión. Justamente, el compañero insistió en la fuerza de Vanguardia Revolucionaria. Yo lo corroboro. Si Napurí, cuando dirigía Vanguardia, hubiera sido trotskista y si hubiera habido una verdadera Internacional, ya se habría tomado el poder en Perú. Algo pare­cido habría ocurrido en Argentina si hubié­ramos visto la importancia del partido labo­rista, en los años 45. En ese año hubo cuatro fenómenos sociopolíticos: la liquidación del sindicalismo stalinista y socialista y el surgimiento del sindicalismo peronista; el surgi­miento de un partido laborista, de una izquierda socialista y de una gran izquierda estudiantil. De estos cuatro fenómenos decisivos, solo vimos el del sindicalismo peronista y ninguno de los otros tres. Yo estuve contra el partido laborista porque consideraba que se trataba de un partido conservador. Es decir, soy el responsable de no haber visto tres procesos fundamentales, perdiendo así oportunidades decisivas.

Debemos reconocer los errores que cometemos para que los jóvenes trotskistas aprendan a pensar y a criticarnos con su ca­beza, sin dejar por ello de respetarnos. Y, en ese sentido, nos reivindicamos, porque desde jovencitos hicimos una propaganda “subliminal” respecto a esto. Entonces no veíamos los nuevos problemas, salvo excepciones. De hecho, la IV Internacional no existía para apoyarnos y orientarnos. Felizmente nos dimos cuenta de nuestra orfandad e incapacidad para dar respuestas correctas y rápidas. Por eso, a nuestra for­mación y a nuestro trotskismo los hemos llamado “bárbaros”. Nos hicimos en un país semicolonial ubicado en un costado del mun­do, que no era centro revolucionario ni cul­tural, como China y Europa. Pocos libros marxistas en castellano existían cuando co­menzamos. Sea por lo que fuere tuvimos un cierto sentido de las proporciones. Nos veíamos como lo que éramos: una insignificancia en el movimiento trotskista. Quizá lo que más nos asustó fue leer y oír a Posa­das. Este era un ignorante y mediocre mucho más grande que cualquiera de nosotros, y se daba el lujo de hablar sobre todo, sobre los valores y flamencos o sobre la ley de la relatividad, convencido que tenía una razón absoluta. Nos asustamos y dijimos: debemos tratar por todos los medios de no transformamos jamás en idiotas como Posadas, que no sabe nada y se cree perfecto.

Después fuimos conociendo a los grandes dirigentes trotskistas. Los del SWP, que admirábamos tanto, nunca mencionaban sus errores. Su historia era la de unos genios, llenos de aciertos, Mandel actuaba en forma similar. Los dirigentes del movimiento trotskista mundial se consideraban colosos que no erraban nunca. Sin embargo, el trotskismo, dirigido por ellos, era lasti­moso.

Resolvimos, entonces, invertir el proble­ma: trataríamos de preparar la mentalidad de los que vienen, enseñándoles nuestros errores, nuestras colosales limitaciones. Cam­biamos por eso la forma de hacer la historia de nuestro partido, para así obligarlos a pen­sar por su cuenta. Los partidos y las direc­ciones hacían su historia para demostrar que siempre acertaban. Nosotros la hicimos mostrando la enorme cantidad de errores cometidos. Por eso los cursos sobre el PST (A) se dividen por errores y no por aciertos: la etapa, centrista pequeño‑burguesa (en el 48); 2ª etapa, propagandista, sindicalista y sectaria en el terreno nacional. Y así sucesivamente. Definiciones todas negativas, porque creemos que hemos progresado a través de superaciones y negaciones.

Esta aburrida experiencia de andar siem­pre entre genios nos llevó a hacer propagan­da indirecta sobre nuestra base para conven­cerla por todos los medios que nos equivocamos mucho, que deben pensar y pensar por su propia cuenta ya que nuestra direc­ción no es garantía de genialidades. Quere­mos, por todos los medios, inculcarles espíritu autocrítico, marxista y no unción religiosa hacia una modesta dirección, provinciana por su formación y bárbara por su cultura. Por eso creemos en la democracia interna y la vemos como una necesidad tremenda. Hemos vivido y aprendido mucho golpeándonos contra las paredes. Un proce­so muy parecido al de Napurí, pero dentro del trotskismo. Avanzamos a través de errores y de golpes. No tenernos vergüenza de decirlo. Pero por lo mismo, no se nos pida, a la nueva organización ni a su direc­ción, que acertemos siempre, porque nos vamos a equivocar y mucho.

El problema es, cualitativa y cuantita­tivamente, de qué manera se cometen menos errores. A mi modo de ver, la marcha es a cada vez menos errores si se hace dentro de una organización internacional, con una dirección y sobre la base del centralismo democrático. Eso sí para mí es un hecho. Afirmo categóricamente que todo partido nacional que no esté en una organización internacional bolchevique, con una direc­ción internacional, comete cada vez más erro­res y uno cualitativo: por ser trotskista na­cional termina inevitablemente renegando de la IV Internacional y pasándose a posiciones oportunistas o sectarias, para luego desapare­cer. Se es trotskista y se vive entonces en una internacional o se desaparece.

Nin se creía un marxista revolucionario pero, por ser marxista nacional, llevó al POUM a la liquidación. Sus 30 o 40 mil militantes, hoy día, ¿dónde están? En cam­bio, los diez trotskistas españoles afiliados a la Internacional a fines de los 30 se han multiplicado, existen. El trotskismo inter­nacional es una realidad. Débil, con infinidad de errores, pero existe gracias al método, al programa y a la organización. Porque no puede haber programa en abstracto, como no puede haber un ser humano con cerebro y sin cuerpo.

Resumiendo: no puede haber programa internacional sin partido del mismo tipo. La fundación de la LIT (CI) es la más urgente e imperiosa de nuestras necesidades. Si no la fundáramos, eso significaría que el revisionismo internacional está organizado, estructurado en el SU o alrededor de Pablo y Lambert, mientras nosotros, los trotskistas orto­doxos, no lo estamos. Sería una forma de facilitar el triunfo del revisionismo y de ase­gurar nuestra derrota, ya que sin organiza­ción centralizada no hay ninguna posibilidad de derrotar a nuestros enemigos revisionistas y mucho menos a los grandes aparatos buro­cráticos.

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