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El desempleo llegó para quedarse PDF Imprimir Correo electrónico
OPINIÓN
Escrito por Alejandro Iturbe   
Miércoles 18 de Agosto de 2010 21:27
Los datos sobre la marcha de la economía mundial durante el segundo trimestre de 2010 son contradictorios, en especial en los principales países imperialistas.

Por un lado, según datos de Eurostat, el PIB (Producto Interno Bruto) de la eurozona (los 16 países que adoptaron el euro como moneda) registró un crecimiento del 1% con respecto al trimestre anterior. Una cifra claramente superior al 0,2% del trimestre anterior y por encima del 0,6% pronosticado por los analistas. La principal impulsora de esta mejora fue la economía alemana que creció un 2,2%.

Por el otro, parece frenarse la recuperación que habían evidenciado la economía estadounidense (creció 0,6% frente a 0,9 del trimestre anterior) y la japonesa (aumentó apenas el 0,1% frente a 1,1 registrado entre enero y marzo).

Considerados de conjunto, estos datos muestran la fragilidad de la “recuperación” que siguió a la fase más negativa de la crisis económica mundial (cuarto trimestre de 2008 y primero de 2009), y que esta frágil recuperación se basa mucho más en la acción de los gobiernos y en sus incentivos a bancos y empresas que en las inversiones privadas. Por eso, a pesar del pequeño aumento del ritmo de crecimiento en Europa, la producción industrial cayó 0,6% en la propia Alemania y en Francia 1,4%.

En el caso europeo, pesan mucho las batallas no resueltas contra sus clases trabajadoras en la aplicación de los durísimos planes de ajuste que realizan la mayoría de los gobiernos. 

En la medida que esas batallas no se definan en su favor, lo que se expresa en el aumento de las crisis políticas de muchos de esos gobiernos (como la reciente fractura que sufrió el de Berlusconi en Italia), la “confianza inversora” de esas burguesías sigue baja. Por ejemplo, un estudio publicado por el diario italiano Il Sole 24 (1/07/2010) muestra que la inversión privado en el país tuvo una caída de 12,1%, en 2009 y que la caída de la inversión industrial fue aún mayor: 14,9%. Pero incluso en EEUU. se discute la posibilidad de una nueva recesión. Lo que indica claramente que el efecto de la crisis económica internacional está lejos de cerrarse.

La rigidez de la desocupación

Junto a estos datos de la dinámica de los PIBs, hay otro que muestra una tendencia más clara: los altos índices de desocupación se mantiene estables e incluso crecen en algunos países imperialistas.

En EEUU, luego de una levísima baja en el primer trimestre de 2010, la tasa de desempleo se mantiene clavada en 9,5%. En la Unión Europea, se estabilizó en 10%, con países como España, que alcanza casi 20%, y Letonia 22,8%. A nivel mundial, los más afectados son los jóvenes, cuya tasa de desempleo llegó, en 2009, al 13% (81 millones de personas, casi 8 millones más que en 2007).

Es decir, la frágil “recuperación” actual no genera nuevos empleos que reemplacen aquellos que fueron destruidos durante el primer período de la crisis ni, menos aún, que puedan absorber a los nuevos contingentes de jóvenes que entran al mercado laboral.
La explicación de esto es una lógica de hierro del capitalismo: en la base de sus crisis económicas está la caída de la tasa de ganancia (relación entre la ganancia obtenida y el capital invertido). Junto con la desinversión productiva que provoca esta caída, las crisis son aprovechadas por los capitalistas para intentar recuperar su tasa de ganancia. Un mecanismo básico es el aumento de la explotación de los trabajadores, reduciendo el número de puestos de trabajo y obligando a los que mantienen el empleo a producir más y aumentar la plusvalía extraída. Es decir, la desocupación es, por un lado, producto de la propia crisis, pero, a la vez, es un requisito para que los capitalistas salgan de ella, a costa del hambre y la miseria de los trabajadores.

No es casual que el FMI señale, en un informe de finales del año pasado, cuando ya se había iniciado una frágil recuperación, que serían necesarios no menos de cinco años a ese ritmo de crecimiento para recuperar el mismo nivel de empleo de 2007.

En otras palabras, sujeta a la dinámica pura de la economía capitalista, los altos  índices de desocupación llegaron para quedarse y serán un rasgo presente de la realidad económica mundial durante los próximos años, incluso si se mantiene una dinámica de recuperación.

La conclusión es que la batalla por empleo no puede esperar soluciones, como dicen los capitalistas y sus gobiernos, de que “las cosas mejoren para todos”. Ella deberá ser enfrentada con la durísima lucha de los trabajadores contra los patrones y sus gobiernos, exigiendo medidas como la reducción de la jornada laboral sin reducción de salarios o la inversión en grandes planes de obras públicas. Y sólo podrá ser resuelta como problema de fondo a través de un cambio socioeconómico estructural de la raíz de la economía capitalista (la búsqueda de la ganancia empresarial) y su reemplazo por una sociedad socialista.

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