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Histórico canje de prisioneros entre Israel y Hamás PDF Imprimir Correo electrónico
MEDIO ORIENTE
Escrito por Ronald León   
Jueves 20 de Octubre de 2011 01:12

Una conquista de la lucha palestina que expresa el aislamiento sionista

En medio del profundo y contradictorio proceso revolucionario que sacude al mundo árabe, un nuevo hecho cobró un importante destaque en estos días.

Nos referimos al histórico canje de prisioneros que se dio entre Israel y la organización palestina Hamás en donde, por un lado, los islamistas devolvieron al soldado -ahora sargento y cautivo desde junio de 2006- Gilad Shalid y, por otro, los sionistas liberaron de sus cárceles a un primer grupo de 477 luchadores palestinos presos de todas las corrientes políticas (Hamás, Al Fatah, independientes), a quienes deberían seguir otros 550 en unas semanas, totalizando así 1027 liberaciones. Entre los palestinos liberados se encuentran 280 que fueron condenados a una o varias cadenas perpetúas por causa de su participación en diversas acciones contra el Estado nazi-sionista de Israel.
El canje es, sin dudas, histórico. Para encontrar una referencia similar en las relaciones israelo-palestinas, debemos remitirnos al 26 de noviembre de 1983, cuando Israel dejó en libertad a 4.760 milicianos palestinos a cambio de ocho soldados capturados en septiembre de 1982 por Al Fatah, entonces principal grupo de la OLP, y por el Frente Popular de Liberación de Palestina-Comando General (FPLP-CG).

No faltan aquellos que, quejándose, hablan de lo desproporcionado del canje. Sin dudas, un soldado israelí a cambio 1027 presos palestinos es una proporción singular. Sin embargo, lo que siempre fue “desproporcionado”, para utilizar este término, fue la permanente agresión genocida y descarada usurpación de los sionistas de los derechos y territorios históricos palestinos. Si de “proporciones” hablamos, colocamos otro dato: sólo durante la  la Operación Plomo Fundido contra Gaza, realizada por Israel entre 2008-09, se estima que murieron 1.434 palestinos y 14 israelíes. Aun así, en las prisiones sionistas quedan más de 7000 presos, muchos de ellos desde hace 15 o 20 años

Sin embargo, la cantidad de presos palestinos liberados de alguna forma oculta el hecho de que los pesos pesados de Hamás seguirán en la cárcel como, por ejemplo, Abas Sayed o Marwan Barghouti de Al Fatah (que cumple 67 cadenas perpetuas) y Ahmad Sa'adat del FPLP, entre otras ausencias cualitativas.

El intercambio

Todo estaba listo. El alba indicaba el inicio del operativo de intercambio. Alrededor de las seis de la mañana un vehículo todoterreno se aproximó al paso fronterizo de Rafah, que separa Gaza de Egipto. Dentro iba el sargento Shalid y estaba escoltado por centenares de milicianos fuertemente armados. Una delegación egipcia recibió al rehén y, casi al mismo tiempo, comenzaron a salir de varias cárceles sionistas sendas comitivas de autobuses con los presos palestinos rumbo a Gaza y Cisjordania.

Poco tiempo después, Shalid fue recibido en Tel Nof, una base militar israelí, por el primer ministro Benjamín Netanyahu para luego ser entregado, con gran despliegue periodístico, a sus familiares. Según el Diario El País, el soldado sionista abogó por la paz y por la liberación de todos los presos palestinos...“si dejan de atacarnos”. Netanyahu defendió el acuerdo como el “más ventajoso” y prometió seguir “luchando contra el terrorismo”. Otra promesa que hizo fue la de “sangre”, si alguno de los liberados palestinos retomaba su lucha con aquel enclave imperialista.

Miles de palestinos celebraron la vuelta de los prisioneros

Mientras en Israel casi nadie festejaba, a no ser la familia de Shalid, en Gaza había explosión de júbilo. No es para menos. Son pocos los días que ahí se puede celebrar algo. La cuestión de los presos políticos palestinos en Israel es un tema muy sensible a las pasiones de ese pueblo y de cualquier organización palestina. Como no, si desde 1967 más de 700 mil palestinos han pasado por las mazmorras sionistas. Es así que, apenas comenzaron a llegar los liberados, apenas comenzaron a entrar en Gaza a través de Rafah, la euforia se apoderó de la ciudad. El pueblo comenzó a besar el suelo, a gritar y ondear las banderas palestinas y de Hamás. Ismail Haniya, jefe del Gobierno de Hamás en Gaza, era el ídolo del momento. Para el mediodía, en el Parque de las Brigadas, ya se habían reunido una 200 mil personas. Haniya, hábil, proclamó ante la ovación popular: “Hoy no hay presos de Hamás y presos de Fatah, hoy somos palestinos sin diferencias”.

La multitud gritaba: “Queremos otro Shalit”. Muchos ex reclusos reforzaban esta idea. El mensaje predominante fue continuar capturando soldados israelíes hasta lograr la libertad de todos los presos, que se cuentan por miles aún. El compromiso de proseguir con la lucha armada hasta la destrucción del Estado de Israel fue varias veces vitoreado por las masas palestinas que se entrelazaban entre risas y lágrimas.

En Ramala, sede de la Administración Nacional Palestina (ANP), dirigida por la otra organización palestina de peso, Al Fatah, también se desató la algarabía, aunque en menores proporciones. Las diferencias entre el Al Fatah de Abbas y Hamás son importantes. El primero apunta a la política de negociación en torno a la salida de los “dos estados” (uno judío y otro árabe) y el segundo, al menos de palabra, defiende la destrucción del Estado de Israel a través de la lucha armada. Tanto es así que, en 2007, se dio un golpe de estado de Al Fatah contra Hamas que terminó dejando a Gaza en manos de Hamás y a Cisjordania en manos de Al Fatah.

Sin embargo, el impacto del hecho hizo incontenible que, también en Ramala se congregaran miles de personas, muchas de ellas enarbolando la bandera de Hamás.

Sin dudas, de este episodio, es Hamás el que sale fortalecido políticamente. Se presenta como el más consecuente en la lucha por la causa palestina. La organización de Haniya arrebata así el protagonismo a Abbas, que semanas antes cobró renombre por su pedido de reconocimiento de un estado palestino en la ONU. Tanto las acciones que ahora toma Hamás como las que tomó Abbas tienen como objetivo el buscar reposicionarse de alguna manera, sobretodo porque estas direcciones estuvieron en contra de las revoluciones árabes y de sus reflejos en Palestina.  Tanto es así que Hamás, por ejemplo, llegó a reprimir en Gaza movilizaciones de apoyo a la revolución egipcia y tunecina.

Una victoria de la lucha palestina y la revolución árabe

Estamos delante de una victoria de la lucha del pueblo palestino. No se trata de una victoria de las negociaciones o de la buena voluntad de Hamás, mucho menos de Israel. Esta es una victoria que tiene que ver con el profundo impacto que las revoluciones en el mundo árabe están teniendo en Palestina y que, al mismo tiempo, está aislando cada vez más a Israel. La victoria es de las movilizaciones palestinas que se retomaron en Mayo durante el Nakba y que desde entonces han evolucionado, presionando a las direcciones oportunistas de Hamás y Al Fatah y generando una nueva ola de simpatía por la causa palestina. En este sentido, la liberación de estos más de mil prisioneros palestinos por parte de los sionistas categóricamente fortalece la lucha palestina, el sentimiento combativo de ese pueblo, y debilita a Israel.

Netanyahu no libera a los presos palestinos por alguna razón de tipo “humanitaria” o porque desee avanzar en “el camino de la paz”. Nada de eso. El gobierno sionista, aislado y cuestionado por todas partes, cercado de revoluciones, busca descomprimir la situación y reposicionarse de alguna forma para recuperar peso político. La situación de Israel, como venimos diciendo, no es fácil. La revolución árabe agravó una crisis que ya venía de antes, con la derrota del Líbano en 2006, con el desgaste internacional con la invasión de Gaza en 2008 y con el episodio de la Flotilla de la Libertad en 2010, hechos que llevaron al relanzamiento de la campaña internacional de Boicot. Los sionistas perdieron, con la primavera árabe, aliados claves en Egipto y Turquía.  Todo esto se agrava  con la crisis económica internacional y  el deterioro de la economía de los EUA, el gran sostén del Estado y la economía israelí. Si sumamos a estos elementos, además, las movilizaciones dentro del enclave, el cuadro gris se completa. El hecho incontestable es que, a pesar de su peso militar, Israel está muy debilitado políticamente.

Es preciso profundizar el proceso de movilizaciones y extender la solidaridad a las luchas palestinas, en el marco del apoyo a la revolución árabe de conjunto, un proceso que sigue en curso golpeando dictaduras en Siria, Yemen, en Libia y al cual la lucha palestina debe atar sus destinos. Sobre todo en un momento en que está colocada, al calor de las luchas, el cuestionamiento a las direcciones tradicionales de esa causa y la apertura de mejores condiciones para la construcción y fortalecimiento de una dirección revolucionaria, elemento clave para la apuntar con posibilidades reales de éxito hacia nuestro objetivo central  que es la destrucción del Estado de Israel y la construcción de un Estado Palestino laico, democrático y no racista, en todo el territorio histórico de Palestina.

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